Sunday, April 24, 2005

Reseña deportiva

Con el otoño llega el Festival Anual del Deporte. Por eso, y por aberración estadística de la superposición sin topes, el sábado pasado nos despertó el sonido de fuegos artificiales desde las canchas de por lo menos un tercio de las treinta y nueve escuelas primarias públicas del área. PUM-PUM pum-pum-pum-pum a las seis de la mañana del sábado no son las mañanitas que cantaba el rey David, pero este toque de diana tiene su función: sacarnos del futón e invitarnos al festival. ¡Arriba todo el mundo!

El Festival es la culminación de un proceso que comienzó meses atrás, entretejiéndose en la rutina diaria escolar sin que nadie tomase mucha conciencia, hasta que caímos en cuenta en que todo estaba fríamente calculado. El uniforme de gimnasia, por ejemplo. Un short de color oscuro y una franela blanca, en un número finito de combinaciones correlacionadas: tono más claro o más oscuro, cuello redondo o cuello V, manga doblada o lisa. Con un elemento sospechosamente omnipresente en todo el archipiélago: una gorrita de tela, reversible, roja por un lado y blanca por el otro. Toda actividad deportiva en la escuela se plantea en términos de un enfrentamiento rojos vs. blancos. De esta manera el maestro de cada grado va conformando dos grupos con distribución equitativa de sexos y destreza física. Yo soy blanco, dijo el representante venezolano en Azuma. Y la señora de la casa dejó escapar un suspiro de alivio pues a los blancos les toca sentarse en la zona oeste y sombreada del campo, por lo que siempre es más fresco y cómodo, aunque completamente aleatorio, ser blanco que rojo.

Las dos semanas anteriores al festival se dedican al ensayo y a la preparación para las diversas eventualidades: lluvia, fallas eléctricas, falla en la transmisión de resultados, lesionados, excesos en las barras. Se confirmó la asistencia de observadores externos (miembros de la Asociación de Vecinos y/o maestros jubilados) y se les garantizó vista a todas las competencias, así como almuerzo y mucho té (y baños limpios). La cita era para las 9 de la mañana, pero desde las 7 se veía gente con esteras, sombrillas, cavas llenas de refresco, termos con café y cestas de picnic. La primeras irregularidades fueron la brevedad de la apertura y que las competencias comenzaron 10 minutos antes de lo que decía el programa. El argumento del Comité Nada Especial fue que si ya estabamos listos, por qué no comenzar de una buena vez. La cual aceptamos. En perfecta concordancia con las encuestas boca’e-salón que se hicieron el viernes y los datos estadísticos de años anteriores que mostraban una casi absoluta alternatividad del triunfo, los rojos comenzaron a ganar. Llegó la hora del almuerzo y los blancos iban cerrando la brecha de puntos, mientras los rojos, muertos de hambre y sed (maquiavélica manipulación posicional, ver inciso anterior) no pensaban sino en la papa y en re-llenar de agua muy fría sus respectivos termos. Se olvidaron los rojos de un punto muy importante: las competencias de la tarde eran las más gordas (Harvard argot). Una vez que almorzaron e hicieron pipí, los atletas reanudaron el programa y poco a poco presenciamos, horrorizados unos y extasiados otros, cómo la puntuación se igualaba y luego se invertían las posiciones relativas. Los resultados de las tres últimas competencias no se publicaron, pero todos vimos que en la carrera de relevos ganaron los blancos y que en la lucha por los globos, quedo aquel reguero colorao. Comenzamos a ver falsas sonrisas de negación activa en el campo rojo y, caras largas en el campo blanco justificada así por la señora Tanaka: “es que en casa, la mayor es roja y el chipilín es blanco. Por eso a mí no me gusta que nadie pierda”. A las 2 y 30 de la tarde, no quedando competencias pendientes se dió por finalizado el proceso y cerradas las actas. Los niños hicieron fila a ambos lados del toldo principal. El resultado final fue anunciado: rojos 575 puntos, blancos 620 puntos (48.1 vs. 51.9%). Alegría y gozo contenido en el grupo blanco, que lanza sus gorras al aire pero sin romper filas. Tristeza y desencanto en el grupo rojo, pero sin mucho aspaviento. Entrega del trofeo. Aplausos de todo el mundo. A los papás y mamás: muchas gracias y por favor no dejen basura. A los alumnos: vamos a recoger y limpiar todo. A los observadores: muchas gracias y perdonen lo poco. Por aclamación popular se abrieron las cajas y se le repartió una cuerda de saltar a cada uno de los 657 alumnos.

Olimpíadas románticas

Cuenta Herodoto que durante las guerras médicas, así llamadas porque los griegos llamaban, sin distinción, medos a los persas y a los medos (¿vendrá de ahí la expresión “el medo es libre”o la habrá inventado algún dirigente político nuestro?). Decía que según Herodoto, padre de la Historia, en plena guerra los persas interrogaron a unos arcadios que se habían escapado de Grecia y les preguntaron sobre lo que estaban haciendo los griegos. “Se celebran los juegos del Olimpo con competencias de atletismo y carreras de carrozas” respondieron los arcadios: “¿Y qué premio reciben los ganadores?” “El ganador recibe una rama de olivo”. Oyendo esto, Tritnataechmes, desde la asamblea, dijo: “Cónchale, Mardonio, ¡qué clase de hombres nos has traído a combatir! Hombres que compiten no por dinero, sino por honor”. Por supuesto que el rey Jerjes, más rápido que inmediatamente tildó a Tritnataechmes de cobarde, sufre tu deshonor, quién lo sabrá con certeza… ya que nadie lo vió.

No está solo el rey de los persas. Al igual que a Jerjes allá por los 484 A.C., a uno por aquí en el 2004 le cuesta creer que alguien pueda hacer un esfuerzo, de cualquier tipo, sólo por una rama de olivo, por el honor, por la gloria de saberse el mejor. Para que le hagan estatuas y le canten versos. Sin posibilidades de billullo. Imposible. Improbable. Cuéntame ahora una de vaqueros.

Pero, ¿quién sabe? a lo mejor todavía hay quien haga las cosas por amor al deporte, quien todo lo que pida es que digan que él es el nadador más rápido o el que llega más arriba con la garrocha; que ella es la corredora más veloz o la que lanza más lejos el martillo y para ello entrene más de 8 horas al día, siete días a la semana, renuncie a vacaciones y a fiestas, se someta a regímenes dietéticos extremos, postponga matrimonios y maternidad, se olvide de comodidades y lujos y se las juegue todas por un ratito de gloria y por la increíble sensación de ganar, de ser el mejor en lo que hace, en lo que se ha entrenado, a lo que se ha dedicado. A lo mejor todavía hay gente así y estas dos semanas de juegos olímpicos son una oportunidad que se nos da cada cuatro años para retomar esta fe. Un respirito en el que nos invade el romanticismo y lo bello y emulable ya no es Brad Pitt y Britney sino Kitajima el nadador con dos medallas de oro o la judoka Yawara-chan, chiquita y reacia a mostrar el ombligo pero reina indiscutible en la categoría de los 48 kilos. Ya no interesan los escándalos de la farándula, sino la felicidad de la familia del gimnasta Tsukahara, donde a la medalla del Tsukahara padre se une la de Tsukahara hijo, primera de oro en gimnasia para Japón en 28 años.

Un judoka, Izumi, se ha convertido en el héroe de esta jornada olímpica. Octavo entre nueve hermanos, de padre pescador, al entrar a la escuela básica hace 10 años le dijo a su papá: “Papá, dame 10 años. Si en diez años yo no obtengo ningún resultado en judo, me vengo otra vez a casa y me dedico a la pesca de atún”. Diez años más tarde las cámaras enfocaban al señor y a la señora Izumi sentados en las gradas en Atenas, viendo a su hijo recibir su corona de laureles. “Ahora lo que nos queda es Beijing 2008” dice el orgulloso padre. Y el mundo entero cae rendido ante estos hombres y mujeres que compiten sólo por honor y gloria. Lo que nunca alcanzo Jerjes.

HIroshima otra vez

“Otra vez, el calor de verano nos hace recordar el infierno que cubrió esta ciudad hace 58 años. Esa idea de mundo sin armas nucleares ni guerras que los sobrevivientes de las bombas atómicas reclaman desde hace mucho tiempo, parece ir perdiéndose bajo una espesa capa de nubes oscuras que amenaza con transformarse de un momento a otro en un hongo atómico del que caerá lluvia negra”. Así va, más o menos, el primer párrafo de la Declaración de Paz hecha por el Alcalde de Hiroshima, con motivo de la conmemoración del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre esa ciudad un 5 de Agosto de 1945, seguido tres días después por el lanzamiento de una segunda bomba sobre Nagasaki, dejando aproximadamente 135.000 y 64.000 muertos (de una población de 255,000 en Hiroshima y 195,000 en Nagasaki). Una semana más tarde, la guerra termina con la rendición de Japón.

Sólo un pueblo que haya sufrido heridas tan profundas en una guerra puede ser lo suficientemente valiente como para consagrar en su Constitución y cumplir durante más de medio siglo, el llamado “artículo de renuncia a la guerra”, que dice así:

“Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo Japonés renuncia para siempre a la guerra como un soberano derecho de la nación y a la amenaza o uso de fuerza como medios de resolver disputas internacionales. A fin de lograr el objetivo del párrafo precedente, nunca serán mantenidas fuerzas de tierra, mar, y aire, ni otro potencial de guerra. No se reconoce el derecho de beligerancia del Estado.”

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos. Todo, a la larga, se hace incómodo y difícil. Después de casi 60 años desde el fin de la guerra, quedan pocos sobrevivientes y los que quedan están viejitos y débiles. Tienen poco poder y hablan pasito. Cada vez son menos aquellos que pueden dar testimonio de primera mano acerca de los horrores de la guerra. Cada vez es más fácil irlos haciendo a un lado, ignorarlos. Japón, nación aliada de los EEmasUU, en la invasión de Iraq, mantiene un contingente de tropas en esa nación, en funciones de “reconstrucción”. Los políticos y otras fuerzas tanto o más vivas claman por una enmienda Constitucional que derogue el artículo 9 y lo sustituya por uno “más acorde” con estos tiempos que vuelan y que le permitan a la nación japonesa defenderse, como lo hace su aliado del otro lado del Pacífico, de ataques ciertos o imaginarios aún antes de que éstos ocurran o antes de que sean imaginados. La Fedecámaras Japonesa, por ejemplo y cuándo no, anda en campaña para que el gobierno deje a un lado tontos escrúpulos y levante la prohibición de exportación de armas. Dicen que el no poder exportar armas a otros países incide negativamente en el desarrollo tecnológico de la industria nipona y merma su capacidad de competición. Parece que la cosa no es como antes, que bastaba con exportar automóviles, Walkman, Hello Kitty, Astroboy y Dragon Ball. Los mercaderes de la muerte no comen cuento y saben que no hay ganacia más rápida y jugosa que la que obtienen los pescadores en un río revuelto. Prontamente veremos publicado en algún comunicado lo que poco a poco se ha ido convirtiendo en verdad económica global: que cualquier iniciativa de paz en cualquier conflicto bélico es un atentado contra el libre comercio y el derecho sagrado a llenarnos de billullo. Misiles “made in Japan” matando gente en cualquier país del orbe, ¿es posible imaginar mayor ironía?

Día de la pantaleta

Revisando mi calendario de escritorio, lleno de frases célebres a cual más de todas digna de ser encasquetada por el pecho a cualquier miembro de la Venezuela pensante (a mí me encanta la frase “Venezuela pensante”, siempre y cuando me incluya) o de ser puesta elegantemente en la firma de mis correos electrónicos para que los destinatarios se den cuenta de que yo coincido plenamente con el pensamiento de algún famoso. Reviso el calendario y ¡Oh, monja con auto de detención y sin recurso de amparo!, resulta que el dos de agosto celebramos en el archipiélago el día, nada más y, cuidado ahí, nada menos que de la ropa interior inferior, que es como decir un Ni-Ni al revés. Oseaves, el día de las pantaletas y los interiores. No dice el calendario, sin embargo, cómo celebrar este sacrosanto día, aunque no cuesta mucho imaginar que el tema musical será el “Quítate tú, pa’poneme yo. Quítatetu!” que tanta gente anda tarareando bien pasito. ¿Qué se hará en un día así? ¿Declararlo día de asueto y dejar estas prendas en la gaveta descansando? ¿o será más recomendable sacarlas todas a lavar? ¿ameritará estrenar como si fuera 31 de diciembre? ¿o se estilará ponerse unas viejitas para rendir homenaje a las gomas vencidas y a los entrepiernas gastados? ¿bastará con sacar aquellas que tenemos siiiiiiiiglos sin orear? diosmío, diosmío tú que te ocupas tanto de nosotros y nos proteges y amparas mientras dejas solitos a los niñitos de Iraq y Afganistan, ¡¡¡dame luces!!!!

En el automercado plus tienda de emergencia del vecindario tenían hoy en oferta unos modelos de ropa In-In horrorosos de color rojo escarlata, 100% algodón de mi corazón. Masculinos para el rey papá y muy poco femeninos para la reina madre hay una sola. La filosofía tras tan ardiente oferta es que supuestamente, no lo he comprobado ni me hace falta (ique!, ique!), el rojo en la ropa interior sirve para la repotenciación de la armada submarina. Lástima que con esos colores en este calor a lo más que puede aspirar uno es que se le ensarte algun misil de esos que trabajan buscando la fuente de calor.

Totalmente, que si a algún alma creativa se le ocurre alguna forma refrescante y estimulante (en el orden que venga) de celebrar el día de la pantaleta de faralao y el interior ovejita, no tiene más que llamar a la ANALPAIN cuyo presidente honorario y vitalicio es, por derecho propio, aquel tristemente célebre abogado que para llamar cobardes a un grupo de Generales no se le ocurrió más brillante idea que decir que usaban pantaletas. Y pensar en aquel gentío que salió de alcamonero a reírle la gracia.

Misión Cumplida

Rendimos homenaje a un grupo de desprendidos compatriotas que fueron, con visa de turista (válida por 60 días, no renovable), a observar y auditar el recién finalizado proceso electoral en la patria de Washington. Los observadores de PUJO (procesos universales, justos y observables) pasaron dos meses en los EEmasUU gracias a un atractivo paquete de auditoría turística que incluía disfrute ilimitado de los parques de atracciones en Orlando, visita guiada a tres grandes malls en Miami y chequeo médico completo en un conocido hospital de la Flórida (acento en la o, SVP. Hablamos español).

Satisfechos por haber alcanzado todos los objetivos planteados, los vasallos de la libertad están listos para regresar a la patria con el corazón henchido de emoción y las maletas rebosantes de ropa de saldo con la que matarán un tigre porque ¡ya es Navidad!

Los observadores/auditores, inquietos guardianes de la democracia del primer y del tercer mundo, siguieron estrechamente el polémico proceso electoral norteamericano gracias a una televisión Hitachi High Vision 30 pulgadas estratégicamente ubicada en el lobby del hotel donde fueron hospedados. Trataron de hacer el seguimiento en las respectivas habitaciones, pero era muy difícil vencer la tentación de observar y auditar tanto canal porno que ofrece la televisión por cable. Siguiendo cuidadosamente las transmisiones de CNN y algunos noticieros locales, los observadores dan fe, y así se lo hacen saber al mundo y a calquier otro periódico que los entreviste, que el proceso electoral fue transparentemente injusto, y advierten que una sombra empaña la legitimidad del nuevo gobierno ya que el nuevo presidente fue electo con 40 y pico de millones de votos en contra y con una abstención de más de 50 por ciento.

Una anécdota sirve como botón de muestra de la delicada misión que se autoimpusieron nuestros compatriotas de PUJO. Una aguda observadora, dejándose llevar por esa mezcla timoto-caribe de espontaneidad y sentido critico que caracteriza a la mujer venezolana, la más bella del país, cometió un imperdonable gaffe que puso en entredicho, por cortos e interminables instantes, la imparcialidad del grupo: a raíz de uno de los debates televisados, la observadora señaló la sospechosa coincidencia de que ambos candidatos llevasen corbatas del mismo color. El comentario no fue bien recibido por un turista que se encontraba en el mismo hotel, el cual le reclamó a la observadora su entremetimiento en los asuntos internos de una nación amiga, conminándola a exponer la verdadera intención tras tan malasangre comentario. El impasse fue artísticamente remendado, pero otro miembro de la comisión indicó que tanta intransigencia no era buena señal y que se avecinan tiempos difíciles en el continente. Aseguró que si la sociedad civil descuida estos detalles, pronto desaparecerán las corbatas de discretos estampados, las corbatas azul marino, las corbatas de lacito y hasta la cómoda alternativa del cuello Mao en camisas de vestir para el hombre casual pero elegante. La consecuencia obvia sería la extinción del liqui-liqui, prenda nacional que nadie usa pero que nos saca del paso a la hora de hablar del traje típico en tierra extraña. En vista de la gravedad del asunto, este pujante observador decidió quedarse en Key West unos meses mas, ayudando a una prima que tiene un servicio de entrega especial y hace hallacas por encargo.

Estos y muchos otros detalles de la trascendental misión será discutidos en un cabildo abierto que se realizará en un conocido hotel capitalino (el Hotel Obelisco, en la capital musical de Venezuela) y al cual se invita a la sociedad civil y militar. Ventas estrictamente de contado. No se aceptan devoluciones.

Estrategia estival

El verano japonés, además de caluroso, es extremadamente húmedo. Temperaturas de 30 y tantos grados se combinan con una alta humedad y por primera vez comprendemos cómo se siente un grano de arroz ablandándose en la olla.

Siendo éste un país pobre, como una vez lo definió un alto ejecutivo de la industria automotriz, ha tenido que ingeniárselas para sobrevivir el verano sin excesivo consumo de energía, necesaria ésta para otras labores más productivas. Todos los años, a golpe de junio, las campañas de la Electricidad de Tokio, de Nagoya, de Osaka llaman a la población para que tome conciencia y, en lugar de aire acondicionado combata el calor a punta sonido, color, olor, sabor y sentido común. Obedientemente, guardamos todo lo que es rojo y amarillo y nos vestimos de azul y blanco. Los muebles se llenan de cojines de color claro, en el piso se ponen esteras, hay abanicos siempre a mano en los hogares y no faltan en el bolso o en el maletín. Se cuelgan campanitas de viento que avisarán que hay una leve corriente de aire que nos refrescará en cualquier momento. Engavetamos el incienso con olor a musk y a sándalo y ponemos el ambiente a oler a menta, lavanda y cítricos; se hacen comidas ligeras, con mucho vinagre. El té y el café se sirven con bastante hielo. La cerveza bien fría, gracias.

Cuando todo falla, como en todos lados, se apela al último recurso: el miedo. Si, con el objetivo directo de que se nos ponga la piel de gallina y nos invada un aire frío que nos congele hasta el alma, se declara éste el tiempo propicio para los encuentros con el más allá, para espantos, almas en pena y relatos de terror en general. Las películas de este género son estrenadas en verano, los fiestas patronales de esta estación siempre tienen una casa de terrror completamente pórtatil llena de fantasmas, zombies, aparecidos tanto autóctonos como importados: Sadako y su televisor, Drácula y su urna, Jason y su serradora eléctrica.

Dicen que en la patria de Maria Lionza, un grupo de jóvenes empresarios a sueldo y doctoras de pre-grado, ha contratado asesores nipones para implementar en suelo patrio estas medidas de ahorro de energía. Con el calor de agosto y el petróleo tan caro, el venezolano debe tomar conciencia de la importancia del uso racional de los recursos naturales y para ello quieren usar técnicas conservacionistas sensoriales niponas. Lo de los abanicos todavía no, porque hay mucho hombre que prefiere morir sudado que abanicado. Lo de los colores y los olores ha tenido una mejor acogida y las primeras campanitas japonesas “made in China” pasarán pronto por aduana. Pero donde la campaña criolla parece querer superar el original japonés, es el entusiasmo con el que se ha instituido agosto como el mes de los aparecidos y fantasmas. Tanto así, que los asesores japoneses han advertido que bueno el culantro man non tropo. Una cosa es un sustico que nos ponga la piel de gallina y otra cosa es ocasionarle a cualquiera un soponcio hipotérmico al venirle con el cuento de aparecidos del calibre del doctor que es como tú y la doctora que es como Ariel con su corte de Paulinas y Cecilias. O hablarle de los fantasmas de Tinajeros y Ahumadas, sin olvidar del regreso a este mundo de Miquelenas, Ortegas, Carmonas y Olavarrías, por nombrar unos pocos, y todo esto antes de las ocho de la mañana. El sudor frío que recorre al ciudadano al pensar en estos personajes “re-apareciendo” allá en el Camino Real es digno de la película“El día después de mañana”. Brrrrrrrrr.

PUJO y elecciones

El 11 de julio se realizaron en Japón elecciones para elegir a los miembros de la cámara de Consejeros (Senado), comicios que se realizan cada tres años para elegir por un período de seis años a la mitad de la cámara alta: 121 legisladores. Para estas elecciones había 103 millones de electores, de los cuales 7 millones votan “en ausencia”, son los votantes hospitalizados, que estarán fuera de su distrito electoral durante la fecha de la elecció . El sistema electoral japonés es extremadamente amable para con el elector: al cumplir 20 años el ciudadano queda automáticamente inscrito en el registro electoral de la zona donde vive y la oficina pertinente le envía a la dirección que tenga registrada en la alcaldía la información referente a las elecciones que se realicen. Este domingo, el liceo que queda a seis cuadras de mi casa era mesa electoral. Siguiendo al pie de la letra el manual del PUJO (Procesos Universales Justos y Organizados) decidí dedicarme a la miraduría voluntaria y espontánea, llevando a cabo funciones de monitoreo como contribución generosa y noble, como el pueblo venezolana, que servirán para avalar ante el mundo la transparencia del proceso electoral japonés.

La primera crítica destructiva al sistema japonés es la ausencia de un plan de defensa armada de los votos. Nada de soldados en traje y con cara de fatiga, ni siquiera unos guardias nacionales como los que tanto se usaban para cuidar quintas de los amigos del Comandante del destacamento aquel, mucho menos unos policías con pistola al cinto. Nada. Las fuerzas del órden brillaban por su ausencia. Aprovechando esta situación, me posicioné cerca del portón del liceo, seleccioné entre los votantes a los que por su vestimenta más vistosa sobresalían del montón y les tomé el tiempo transcurrido entre que atravesaban el portón de ida pa’llá y lo volvían a atravesar de vuelta pa’cá. Cuatro minutos, segundos más, segundos menos.Se me disculpará el escepticismo pero ¿cuatro minutos no es como muy poquito? No había por ningún sitio un letrero que dijera “sólo para votantes¨, así que aunque técnicamente no tenía derecho a estar ahí, decidí llevar mi miraduría hasta sus últimas consecuencias y, aprovechando que entraba un grupo de votantes al liceo me les uní, a pesar de que como ciudadano extranjero no tengo derecho al sufragio en este país.

Un poco antes de la entrada estaban dos señoras con sospechosa cara de ser funcionarias de la alcaldía. Cargaban una carpeta y un perolito de esos que hacen chaqui-chaqui para contar gente, o carros, o caballos que van pasando. Tales señoras no decían ni pio. Sólo contaban. Y he aquí otra gran crítica. Nada como un “cédula, ciudadano” seguido por un cacheo bien aplicado para ponerlo a uno en la onda del cumplimiento del deber y el derecho al sufragio. Totalmente anticlimático eso de andar rueda libre.

La mesa electoral estaba constituida en el gimnasio cubierto del liceo. Allí uno entra, se quita los zapatos y se pone unas pantuflas, talla única, de plástico verde. Los votantes traían en la mano una tarjetica, me imagino que es la que les llega por correo desde la oficina regional del CNE y viene a ser como su tickecito para votar. Cada votante llega a la mesa, entrega su tarjetica y a cambio le dan una papeleta. Papeleta en mano se dirige a uno de los cubículos (había unos 12) para escribir el nombre del candidato o candidatos de su preferencia. Dobla la tarjetica y la mete en la urna electoral y no le ensucian el dedito para que no venga a votar dos veces. Oseaves que uno va y vota y después no tiene ni el dedito sucio como prueba de ciudadanía. Pura pérdida con estos japoneses. Con razón uno está afuera en menos de cinco minutos. Así no da tiempo para entrar en calor electoral.

Motivos de la Ciencia

Comentaba hace pocas noches un locutor de Radio Nacional de Venezuela que la fantasía es la base de todo adelanto científico. La fantasía y el romanticismo, me atrevería yo a completar. Que no ha de ser lo mismo inventar una leyenda acerca de las estrellas Altair y Vega , tomando la Vía Láctea como el río que separa a dos amantes condenados a vivir separados, que fantasear acerca de la eficiente combinación de virus a ser utilizados en la exterminación del supuesto enemigo. Si la fantasía le permite al ser humano pensar más allá de lo que tiene en frente, el romanticismo sería el elemento que orienta ese sueño.

Suntory, corporación japonesa dedicada a la producción y distribución de bebidas alcohólicas y no-alcohólicas, acaba hacer público el último fruto del trabajo de investigación de sus laboratorios. Lo que los científicos habían dado por imposible, esa locura inventada por Italo Pizzolante, cantada por la Rondalla Venezolana e impunemente perpetrada por miles de serenateros y trasnochadores criollos ha visto por fin la luz del día: la rosa azul es un motivo…de investigación científica.

Hasta ahora, las rosas pintadas de azul que andaban por allí eran una mera combinación de colores lograda a través de manipulación de tallitos y semillas pues estas flores no tienen el gene que les permitiría producir la enzima del color azul, de la misma manera que muchas que yo conozco no tienen el de la enzima del pelo amarillo. Pero nadie se resigna a lo que dispone la naturaleza. Los de Suntory, le robaron este gene a las humildes petunias y los desposeídos pensamientos, lo implantaron en las aristocráticas rosas y ¡voila! produjeron la primera rosa de comprobada sangre azul, oseaves, pura nobleza deigna del prado más alto. Se espera que en tres años este producto llegue al mercado con ventas en el orden de los 30 mil millones de yenes (1 yen equivale a 18 Bs). Por supuesto que el precio de la rosa no estará dado sólo por su nombre, que una rosa con otro color siempre es más cara. Con decirles que ya esta misma compañía vende un clavel azul, el “Moondust” al módico precio de 7.200 bolívares la unidad, con ventas de unos 10 millones de claveles en 2003. Todo lleno de rocío, como te cogiera yo.

La verdad es que a estas alturas, uno no sabe si alegrarse o entristecerse. Si, aparte de las reservas que pueda tener uno hacia la manipulación genética y tal, es de verdad la rosa azul un logro de la ciencia o si, por el contrario nos va a complicar más la vida. Dígame usted, por ejemplo, ¿cómo se interpretará según el libro del lenguaje de las flores, el envío de una rosa azul? La rosas, ya sabemos, están muy bien definidas: rojas representan la pasión; blancas, la inociencia; amarillas son símbolo de la inseguridad y los celos, que son dos formas de llamar a lo mismo. ¿Qué significado se le asignará a la rosa azul? ¿Frialdad por el color? ¿Exclusividad por la escasez? ¿Inaccesibilidad por lo cara? Otro dolor de cabeza. Pero más importante aún, y muestra palpable de que en este mundo globalizado nada nos puede ser indiferente, es la pregunta que ya debe haber nacido en el corazón de todo venezolano mayor de edad e inscrito en el REP. ¿Qué va a pasar con la canción? Si los serenateros ya no tienen que pintar la rosa de azul porque esta ya viene así de la mata, ¿que vendrá después? Estrellitas de mar con con lucecitas en las puntas? O quízas, simplemente, nos regale el maestro Pizzolante una nueva versión que comienza: una rosa pintada de azul… cuesta muy caro

Tela digo en Atenas

La delegación japonesa a los Juegos Olímpicos Atenas 2004 está en el centro de un proceso de renovación. ¿La causa?: el fantástico diseñador Kenzo Takada, (Hyogo 1940), a quien el comité olímpico ha encomendado el diseño de los uniformes que lucirá la delegación el próximo agosto. No es la primera vez que tan delicado trabajo es encargado a una gloria del corte y costura nacional. En otras épocas fue Madama Hanae (Butterfly) Mori, la portadora de tal antorcha, aunque parece que ni el público ni los deportistas estuvieron nunca muy contentos con esta señora. No señor.

Nadie dice o ha dicho que esta señora sea mala. Por el contrario, Hanae Mori, con sus exclusivas boutiques en Omotesando, Nueva York y Paris, es una de las tijeras más brillantes de la alta costura mundial. Es una lástima que no haya podido interpretar el sentir de los atletas y haya desperdiciado los recursos del blanco y rojo, patrimonio cromático nipón, sin lograr alegrar la vista a los espectadores y el corazón a los competidores. Esta señora, muy capaz y eficiente, desperdició no una, sino varias oportunidades y no logró levantarle el ánimo a los deportistas, ni motivar a los camarógrafos internacionales. No volverá.

Por otra parte, hace pocos días fue presentado a la prensa nacional el resultado del ingenio y trabajo de Kenzo, como le dicen sus fieles seguidoras en Tokio y París. Los nuevos modelos vienen en varias versiones: el modelo sobrio pero fresco para el desfile de apertura, modelos más casuales e igualmente cómodos para otros desfiles y modelos más aguantadores e inarrugables para usar durante los traslados. El detalle que terminó de ganar a las chicas es que ahora no tendrán que usar falda ni medias de nylon y zapato de tacón bajo. Todos recordamos con gran dolor aquellas olimpíadas en las que a Hashimoto, una querida ciclista/patinadora, los zapatos de tacón que se puso para el desfile le hicieron tremenda ampolla en el pie. Nunca más.

Claro, es difícil complacer a sirios y trujillanos y este cambio de guardia no carece de detractores. Están los eternos pesimistas, deportistas de sofá y críticos de la cerveza bien fría, que dicen que los atletas se ven poco serios y pierden glamour desfilando en trajes con los estampados de flores que le gustan tanto a Kenzo. Dicen además que si bien el traje anterior no ayudaba, no hay garantía alguna de que el nuevo si va a ayudar y prefieren malo conocido que bueno por conocer. Otra sección de los opositores es más simple y reconoce que su única crítica se basa en preferencias muy personales y en un deseo muy egoísta de admirar las piernas torneadas y tonificadas de las atletas. No falta el avispado que, aprovechando la sampablera, pida no una vuelta a la falda, sino, reaccionario al fin, la implementacion de la ultra-mini-falda con apertura lateral profunda. A defender las conquistas.

Afortunadamente, el grueso del público y, más importante aún, la propia delegación, parecen estar muy contentos con los nuevos uniformes, factor al que ha contribuido grandemente dos medidas populistas pero simpáticas de la casa que hará los uniformes: los va a hacer de gratis y va a lanzar al mercado una línea de ropa basada en estos modelos olímpicos. Dicen los analistas de mercado que esa será la propia consulta popular. Si el pueblo compra y usa es porque aprueba el diseño. Si no, esperarán otros cuatro años, hasta Beijing 2008 y buscarán otro diseñador entre esos nuevos talentos que se están formando hoy en las academias de corte y confección. Uno de puntada bonita.

Pantalones amigo

Un joven que piensa venir a estudiar a Japón me ha pedido que lo oriente en el cómo conquistar a las chicas japonesas. Brillante como siempre se me ocurrió preguntarle a ellas mismitas y, aprovechando que estaban varias universitarias reunidas, les pregunté a quemarropa: ¿qué es que no perdonas en un hombre? El mal aliento, eco. El pie de atleta, fo. Los pelos en el pecho, siento como si en cualquier momento va a saltar un bicho. Una cadena o un brazalete de oro (accesorios siempre asociados con los miembros de la mafia local). Que no sostenga la puerta mientras yo paso… que no sepa escoger un vino… que no lea el periódico… que no lea. Cuando la cosa ya iba por la pendiente del “que sea gordito” o “que se jurungue la nariz”, una chica de ojos húmedos y labios temblorosos dijo con voz que era más bien un susurro: “pantalones de pana… en mayo”. Un viento helado se coló por entre las sillas y un escalofrío estremeció a cada una de las chicas. Las más sensibles palidecieron, mientras las más fuertes solo atinaban a apretar los labios, quizás para evitar que saliera el grito de terror que subía por la garganta. Lo que comenzó como una trivial encuesta, terminó en una sesión cruenta y traumática. Por un fugaz y doloroso instante, la misma imagen se formó en la mente de todas y cada una de ellas: el hombre de sus sueños presentándose a una cita en pleno mayo vistiendo portentoso par de pantalones de pana, acanalada o lisa. Es igual.

Miento, después ya nada será igual. Ponerse pantalones de pana después de finalizado el invierno y a más de un mes desde el equinoccio de primavera es una metida de pata que acaba con el noviazgo más solido y borra de un vistazo las posibilidades románticas hasta de un Tom Cruise o un Ken Watanabe. Lanas, panas, terciopelos, pieles y cueros son solo para los meses comprendidos entre noviembre y marzo. Fuera de este período se convierten en una sinestesia. Uno ve estas texturas y siente calor. A 25 grados ambientales hasta sudor y piquiña pueden ocasionar en el observador. ¿Quién va a querer acercarse, contrimenos abrazar, a alguien asi? Por eso aprovecho para informarle a usted, compatriota amigo, que aspira cursar estudios en Japón y viene dispuesto a cortar rabo y oreja. No se arriesgue. Deje los pantalones de pana en casa. O, mejor, regáleselos a un amigo maracucho de esos que cuando pasan por Valera, camino a Jajó, ya van de pantalón de pana, sweater de lana, gorrito tejido y botas de cuero altas… en agosto.

Acto de Graduacion

La patria de Simón y Andrés, ha sido dignamente representada en la promoción 25 aniversario de Azuma, en la que culminó sus exitosos estudios una digna heredera a partes iguales de Luisa Cáceres, la negra Matea, la mamá de José Gregorio y otras cocaínas de la patria. Cuenta la joven aspirante a estudiante de bachillerato con un CV que parece haber sido preparado por el caballero Ajax: no ha repetido ningun año, ha eximido todos los grados y ha crecido 30 centímetros en media docena de años. Pura excelencia, mitad heredada y mitad labrada a punta de tesón y esfuerzo. Claro, a menos que nos detengamos en pequeños detalles tales como que en Japón, durante los 9 años de la educación obligatoria no se repiten los cursos, no se presentan exámenes finales y el promedio de los niños con un régimen de alimentación normal y una cantidad regular de ejercicios, se estira por lo menos unos 20 centímetros desde que entra al primer grado hasta que lo sacan del sexto. Pero no vamos a ser estrictos con lo propio: la autocrítica no se cuenta entre nuestros tesoros culturales. Oseavez, ubiquémonos.

Debería mencionar, pero no lo hago por pura humildad, que Azuma tiene fama de ser la mejor escuela primaria del área en la que vivimos, título indiscutible e inapelable gracias al esfuerzo de la comunidad, al presupuesto del ministerio de educación y ciencia, y al detalle, incidental y fácilmente omitible, de ser la única escuela primaria del área en la que vivimos. Que además sea pública y gratuita y les preparen almuerzo, son apenas accesorios al hecho principal y en nada disminuye el orgullo que hoy sentimos. ¡Guepa!

El solemne acto de graduación de los 130 chiquillos que cumplieron todos los requisitos que establece la ley para pasar al bachillerato, a saber: haber nacido entre el primero de abril de 1991 y el 31 de marzo de 1992, y estar inscritos en la escuela. El acto de graduación se llevo a cabo en el gimnasio cubierto de la escuela, el cual tiene una tarima muy apropiada que lo convierte en paraninfo ad-hoc. Los graduandos se sentaron en la tarima, mientras los orgullosos padres y los envidiosos compañeritos del 1ro. al 5to. grado ocupaban el área de la cancha de basketball. Los papás de paltó y corbata y las mamás de traje formal con corsage cerca del hombro izquierdo perdían toda elegancia cuando cambiaban sus zapatos de tacón, de piel de cocodrilo o de patente por las pantuflas de plástico verde esmeralda con un sellito que identifica a la escuela y en democratísima talla única (un 36 apretado). El propio "igualando por abajo" al que tanto tememos todos los que hemos alcanzado el éxito y logrado la realización de nuestros sueños debidamente reducidos en escala. O sea, cuando somos grandes y llegamos.

Los chamines entraron y salieron del salón pasando por debajo de unos arcos de flores de papel rojo y blanco (los colores de todo lo que es celebración). Fueron aplaudidos con vehemencia cuando recibieron su diploma e hicieron publicos sus sueños. La ceremonia fue completada por sentidas y, agradecidamente cortas, palabras del director, del subdirector y del presidente de la sociedad de Padres y Representantes, presentación de los invitados y del regalo de la municipalidad: un diccionario ingles-japonés. Después de la ceremonia, los chiquillos no graduandos hicieron una doble fila desde la puerta del edificio hasta el portón de afuera; por entre esta doble fila pasaron los graduandos en su despedida. La lluvia, anunciada desde el día anterior, aguantó hasta casi el final, y cuando el último chipilin de más de uno cincuenta de estatura llego al portón, aquello fue salir espitaos a buscar resguardo y/o a abrir paraguas. Dentro de dos semanas tendremos la gran ceremonia de ingreso al liceo Azuma, el cual, huelga decir, es el mejor de la zona escolar que nos cubre y queda a exactamente mil metros, contados desde la puerta de la casa. No crean que la distancia la contamos por no dejar: el reglamento del liceo dice que sólo los alumnos que viven a más de dos kilométros de distancia pueden usar la bicicleta como medio de transporte, los demás a patear esas aceras. Tengo que analizar si este es otro triste ejemplo de ese fastidioso afán de "igualar por abajo" al que no me atrevo a seguir nombrando pero con el cual me tropiezo a cada instante por estos lares.

Relativamente dulce

a variada y surtida dulcería japonesa (criolla-J, pa'los panas) se resume en dos palabras: arroz y caraotas. La flexibilidad culinaria permite que unas veces el arroz sea cambiado por alguna harina y, otras, que las caraotas sean sustituidas por cualquier barbaridad como, por ejemplo, una fresa. Se advierte que este último cambio sólo puede ser llevado a cabo por un profesional altamente experimentado, bajo condiciones estrictamente controladas.

Pero, diría Celia Cruz, ¿y el azúcar? ¿no nos estamos olvidando del ingrediente que justamente distinguiría a un dulce japonés de un pabellón criollo-V sin baranda y, como debe ser, sin azúcar? El azúcar, y corro el riesgo de empalagar, sigue una regla de oro: cuanta menos, mejor. El más caro elogio al que usted puede aspirar cuando brinda un postre es que la gente le diga "¡no está nada dulce!". Permítome acotar, sólo como referencia, que en realidad el non-plus-ultra de los elogios es “¡qué maravilla!, si esto no sabe a nada” pero este es un nivel de superación, en la antesala del nirvana, al que sólo se llega con duros ejercicios de meditación y ayuno fuera del aguante del mortal común. A lo que iba es que a usted le dicen que el dulce no está nada ídem y usted se siente como que recibió el sello norven de la anfitrionería.

El dulce es para los niños y, como en todos lados, los hombres-más-hombres no comen dulce, aunque las maravillas del mercadeo haya producido un "chocolate para hombres", de sabor recio y caja sobria y elegante, un pelín más amargo que el de las chicas y, teóricamente, incomible para los querubines (nadie les ha contado que los querubines y los aztecas devoran cualquier cosa que tenga un por allá de chocolate, dígalo ahí Montezuma).

Un no-no en Japón sería ofrecerle a alguien un platico de arroz con leche me quiero casar. Es peor, aunque más fácil, que sacarle la madre a un japonés (linguisticamente casi imposible). A NADIE en Japón se le ocurriría preparar cosa tan extremadamente desagradable (y menos aún ponerle un palito o espolvorearle canela, guehhhh). Y eso que no me atrevo a mencionar, considerando que usted pueda estar comiendo mientras lee, la chicha de arroz, ¡que asco!

Yo, en tierra nipona y en cumplimiento de mis responsabilidades en pro de la diseminación de la cultura criolla-V he preparado quesillo y torta de pan. En las dos ocasiones los comensales expresaron un discreto "qué dulce está esto!" Boté tierrita.

M.C.Valecillos

Estafa abrileña

Mes de abril. La primavera se había apoderado de los campos que tenía ocioso el invierno, ablandando corazones y cerebros. Momento ideal para cursar una invitación con la perfecta combinación de sorpresa, exclusividad, somos los elegidos, ¿vendrá fulanito? y ¿qué me pongo? No traía la tarjeta un RSVP porque entre gente tan extremadamente distinguida nadie necesita esas formalidades y, argumento más poderoso aún, ¿quién osaría no asistir? Los preparativos, aunque múltiples y muy elaborados, no trascendieron más allá de los medios de información pues cada uno y cada cual tenía sus muy válidas razones para añadir otro velo de misterio al asunto. La promesa de una primicia exclusiva y entretelónica, así como la garantía de acceso libre y expedito a futuros actos de la misma naturaleza aseguraron el silencio temporal que protegió a los protagonistas durante un pequeño lapso de tiempo. Suficiente para asegurar la infalibilidad del plan.

Crónicas inexactas hablan de 400 asistentes. Lo más alto y granado de la sociedad capitalina, lo más aplaudido de la farándula local y lo más prometedor de los empresarios a sueldo. Nunca se sabrá la cifra exacta porque hasta ahora sólo se han identificado ciento cincuenta participantes. Algunos de ellos, los menos notables, se han presentado voluntariamente ante las autoridades. Asumiendo su arribismo tratan de minimizar sus pérdidas y aspiran a recuperar algo de lo invertido en lo que ahora descubren fue un tremendo paquete chileno, Hecho en Japón.

Las elaboradas tarjetas invitaban cordial y respetuosamente a la boda del Príncipe Arisugawa, supuesto descendiente de una oscura rama de la actual familia imperial, a celebrarse en los salones de un exclusivo club muy cerca del palacio de Akasaka, hogar de la propia familia real. A los invitados se les sugería retratarse con la solidaria suma de cien mil yenes (unos dos millones de bolívares) que es nada si se compara con el honor de ser protagonistas, co-protagonista, actor de reparto, de relleno, extra o simple utilería de la historia contemporánea. Los más alcamoneros podían, previo pago de otros diez mil yenes, tener el tremendo honor de fotrografiarse con los recién casados y dejar testimonio imprimible y publicable en próximas memorias a ser refutadas. Todos y cada uno dejó estampada su firma, con pincel de brocha fina, en los numerosos cuadernos de asistencia dispersos por la sala de recepción.

El novio lució elegantes túnicas reales, que luego cambió por un uniforme de general del ejército con espada y todo, para delicia de los asistentes que aplaudían a rabiar. La novia, por su parte, escogió un traje muy elaborado que la hacia lucir más joven y llena de felicidad.

La ausencia de otros miembros de la casa del crisantemo fue atribuida a una apretada agenda de actividades, en tanto que la austeridad del banquete se atribuyó a lo difícil que está el servicio hoy en día. Los invitados se enteraron que los habían utilizado vilmente como adorno y fuente de fondos cuando la policía arrestó a los novios y al dueño de la agencia de festejos. Entre los tres se embolsillaron 13 millones de yenes.

A estas alturas dos cosas dificultan la expedita administración de la justicia: que a los engañados les da pena decir que por el síndrome de la comparsa y las ganas de figurar mordieron el anzuelo, y que la opinión pública no le tiene ni una ñinguita así de simpatía a los abajo firmantes.

La rama de los Arisugawa se extinguió hace 80 años. La de los tontos que se la dan de avispados sigue fuerte, vigorosa y, sobre todo, fecunda.


M.C.Valecillos

Tuesday, April 05, 2005

Delantal de Anime

Una de las grandes contribuciones de Japón a la cultura mundial la constituye el “anime”, palabra que ayuda a definir, en un santiamén, las características etarias del señor que acaba de entrar al chat bajo el sugestivo nombre de “slipless in Valera” (sic). No pierda tiempo y después del “hola” péguele por el pecho la pregunta “¿tú sabes de anime?” Si el contrincante le dice que es una espuma termoplástica rígida, formada por la fusión de numerosas celdillas de poliestireno y que en Venezuela se le denomina “anime” por su similitud con la madera del arbusto del mismo nombre… si ya sé que usted en lo que vio termoplástica ya bloqueó a slipless y no lo vuelve a desbloquear ni a palos, pero por lo menos consuélese en saber que nuestro desvelado tiene por lo menos 40 años, es ingeniero USB, venezolano y no es que no logra conciliar el sueño sino que lo despierta su propio ronquido. Pura pérdida. Si, por el contrario, el sonámbulo le habla de manga, dragon ball, pokemon, otaku y hentai, ya sabemos que del otro lado de la pantalla hay una promesa y está en usted utilizar el chat para lo que se inventó.

Hablando de anime, es hora de comentar sobre las claves culturales niponas en este género artístico. El delantal de la mamá de Meteoro, (meteoro.mp3) por ejemplo. ¿Se ha puesto usted alguna vez a pensar por qué la señora Mifune siempre anda de delantal? Simple: el delantal es el símbolo por antonomasia de la buena ama de casa. No se concibe dentro de la cultura japonesa una mujer que cumpla a cabalidad sus funciones de atención al hogar y a la familia sin el uso de un delantal. El delantal es al ama de casa lo que la espada es al samurai, el micrófono al locutor, el hábito al monje, el escudo al príncipe Valiente, los zapatos Nike a Mikel de Viana. Tanto así que si, por una de esas vueltas que da la vida, al honorable señor de un no menos honorable hogar le toca realizar tareas domésticas, nunca lo veremos tomar el plumero o acercarse al lavaplatos sin antes pornerse su escudo de algodón con bolsillos profundos y longitud media pierna, atado o abotonado en la parte posterior.

Pero no es esta prenda exclusiva de la intimidad del hogar, dulce hogar. El delantal es lo que distingue a la señora casada de la amante casual que sirve un te, a la dama que atiende un pequeño restaurant de comida casera de la mujer del bar, y, más importante aún, también permite distinguir entre la mujer que viene de visita para pasar un rato de distracción y relax y la amiga solidaria que ayudará, por lo menos, a recoger los platos y vaciar los ceniceros. Esta joya traerá en una bolsa su propio delantal, recién lavado y planchadito, y se lo pondrá ahí mismito que se hayan intercambiado los saludos y reverencias de rigor, se lo quitará discretamente a la hora de sentarse a la mesa y lo guardará un poco manchado y algo ajado en la misma bolsa en la que lo trajo pocos segundos antes de despedirse diciendo que pasó una velada maravillosa.

Párrafo aparte merece el delantal convertido en fuerte símbolo erótico en el chat nipón. ¿qué llevas puesto? no se contesta con el usual “tanga negra”, sino, y es aquí cuando uno se da cuenta de la distancia cultural, con un “un delantal blanco con encaje en el borde”… “Dwkatelo puseto” pretende ordenar el otro, con los dedos temblando sobre el tablero y la adrenalina circulando a la velocidad del Mach 5, go-go-go.

M.C.Valecillos

Etiqueta de a pie

Mi amiga Noriko-san me recomendó un odontólogo: Inoue-sensei. ¿Es bueno? pregunté. “Es un consultorio con vista, como la película”. Cierto, al paciente lo sientan frente a un ventanal que da a unos campos de arroz y, tras los campos está una vieja casa japonesa de techos de teja color gris plomo, paredes blancas y vigas de madera. Toda una postal. No se olvide de las medias, agregó, siempre desconfiando de mi tropicalidad. La visita al odontólogo ocupa todo un capítulo en el extenso manual de Etiqueta de la Visita en Japón. Tome nota. Antes de ir odontólogo, pida cita por teléfono. Habiendo asegurado su cita, llegue con diez o quince minutos de anticipación, tiempo suficiente para escribir sus datos en una planilla y para que la recepcionista le chequee su tarjeta de seguro médico nacional. Todos estamos abonados al sistema nacional de atención médica y el que no tiene esta tarjeta tiene que pagar el 100% de los gastos incurridos. Pero póngale que, por la premura, usted dejó la tarjeta en casa. Solución: pague ahora, pida reembolso después. Funciona.

Olvídese de la tarjeta pero jamás de los jamases se olvide de las medias. Pocos fó pá son tan bochornosos como el de entrar a un consultorio y, al quitarse los zapatos para ponerse las pantuflas, darse cuenta de que ¡horror de horrores, andamos sin medias! Pasa en muchísimos otros sitios, ya sé: vacilantes nos ponemos unas pantuflas que quién sabe cuántos otros habrán usado y que de arranque sentimos pegajosas del sudor propio y ajeno. Hacemos de tripas corazón y rogamos que nadie se haya percatado de que estamos mezclando el sudor propio con el ajeno en la promiscuidad de una pantufla pública y, peor aún, talla única. Sucede y pasa en otros espacios, pero en el odontólogo no hay remisión, ni forma de disimular o esconder el pecado, no hay pantalón largo bota ancha que esconda la desnudez porque para subirse a la silla reclinable hay que quitarse las pantuflas. Entonces ya no es cuestión de higiene o sabañones. No. Ahora el asunto es pura y simple falta de respeto hacia el Sensei. El tiene su máscara para protegerse del mal aliento, tiene su protector de ojos para resguardarlo de cualquier cosa que salte al taladrar, pero ¿Cómo hace él para huir del desagradable espectáculo de unos pies desnudos a tan corta distancia, en afrenta y ofensa? Tiene razón Noriko-san, aunque la paciente sea la de los ojazos negros, la de boca tan bonita, la de tan chiquito pie… sin medias, sólo si es por tratamiento podológico.

M.C.Valecillos

Mediciones y meditaciones

Es misión de la Ciencia (en mayúsculas) despejar mitos (en minúsculas), esclarecer incógnitas y poner en manos de la población lega herramientas irrefutables y de simple uso que le permitan tomar decisiones acertadas en todos los aspectos de su vida diaria, quincenal y mensual. Debe la Ciencia dar al traste con las supersticiones y los cuentos de camino y para ello cuenta con los dedos y con unos urológos británicos. Estos investigadores lograron, quién sabe con qué artimañas, que unos 100 hombres sanos, mayores de edad y en su juicio, aceptaran someterse a un estudio de medición. El objetivo era obtener un número suficiente de datos que no sólo corroboraran, sino que permitieran poner en fórmula tipo y= 1.8x + z, la hasta ahora empírica, abusada y temida regla de la L.

La regla L, que tanta lágrima y desencanto le ha causado a tanta mujer creyente y observadora y tan injustamente le ha negado la más pequeña de las oportunidades a inocentes hombres, otorgándoselas a otros menos merecedores pero más aparentadores. La regla de la L, secretamente adorada por unos, mientras es ferviente y públicamente negada por otros, dice que la relación entre el tamaño en posición ¡Firrr! del señor aquel y la talla de zapato del portahabiente es inversamente proporcional. Si el zapato es chiquito, el PP pro"mete". Si el zapato es grande... de entrada es mejor no hacerse muchas ilusiones.

¡Aténgase a huevos y no compre carne! dicen los urólogos, quienes después de medir con cinta métrica pues la medición en pulgadas no admite exactitudes y crea el peligro de la aproximación, decía, después de medir "la distancia linear entre el "symphiys pubis" hasta la puntica del glande (o del chiquito, según corresponda) a lo largo del eje dorsal en condiciones de máxima extensión del palo, digo, del phalus, concluyeron (en medio de reguero que ni les cuento) ¡que habia que repetir el experimento!. Mentira, concluyeron que no hay la menor relación, por ahora y que se sepa, entre las dos medidas. Conclusión que sólo será posible refutar si se consigue nueva evidencia basada en la medición de otro centenar de hombres de buena volundad y fácil manipulación, para cuya selección serán abiertas inscripciones a la brevedad posible. Acude te estamos esperando.

Mientras tanto, y sin usar la falta de pan como excusa para poner la torta, está visto que, en este preciso y particular problema que hoy nos concierne menos que ayer y más que mañana, la única conducta razonable y relativamente éxitosa está condensada en aquella sola palabra del viejo chiste del cura maracucho: Hija, medítelo

M.C.Valecillos

Festival de es(cobas)

Mentiras dicen tus ojos cuando me miran... Mentiras dicen tus labios cuando me besan...

Mentira, como recordarán de una de sus vidas anteriores, se dice "uso" en japonés. También en japonés estas dos sílabas forman la palabra que nombra unos artísticos toquitos de madera labrada. Haciendo uso de esa afortunada coincidencia, un templo en el archipiélago celebra a principios de año, cuando las resoluciones están frescas y la agenda todavía no tiene tachaduras y/o borrones, el festival del Intercambio de Mentiras.

En los alrededores del templo se pueden adquirir unos bonitos toquitos de madera labrada que vienen, como sus tocayas, en diferentes tamaños y precios pero, a diferencia de èstas, en un solo modelo y color. Entre las muchas mentiras que salieron por esa boquita durante el año próximo pasado, uno escoge la más grande, la más fea, la más gorda, la más peligrosa, la más dañina, la más trascendente, la que más le preocupe, la más lo que sea. En su corazoncito usted la resume en una críptica palabra, escribe esta palabra sobre el toco y ¡voila! listo para incorporarse al festival.

A la señal de "vamos a cambiar mentiras, tralalá", y con el grito de guerra de "cámbieme usted esta mentira" uno intercambia sus mentiras con el primer portador de toco/mentira que se le cruce en el camino. Y sigue cambiando y cambiando... y aquella mentira, al pasar de mano en mano, se va haciendo cada vez más y más lejana hasta que, cual candidato electo, ya no la reconocemos entre la multitud. Al final de la jornada nos queda en la mano una mentira ajena y, libres, libres al fin, como una paloma, estamos listos para comenzar, ahora si, el nuevo año con una carga menos sobre nuestros frágiles hombros.

¿No sería éste un festival muy bonito, refrescante, fácil de imitar y muy apropiado para abrir el año en la patria de Guzmán Blanco?. La tropicalización sería muy sencilla: bienvenidos al Primer Festival Nacional de Intercambio de Cobas, a celebrarse en la plaza Bolívar de cada pueblo y ciudad. La junta pro-festejos pondría miles de escobas de producción local (no hay que olvidar el estímulo a la industria nacional) a la disposición del público asistente para que cada quien escriba sobre ellas, la correspondiente clave secreta. Al primer ¡gueeepa!, todo mundo se fajará a bailar con su respectiva (es)coba. Se detiene la música y, a la contraseña de ¡es-coba!, ¡es-coba!, uno intercambia el artefacto de barrer con el del vecino mas próximo, y con el de al lado, y con el de mas allá, hasta que vuelve a sonar la música.

Al finalizar el Alma Llanera los bailarines estarán agotados, la plaza limpiecita y nadie sabrá a dónde fue a parar aquella mentira. Todo estará olvidado y/o perdonado y muy felices comenzaremos de verdad un nuevo año...a menos, claro está, que por una de esas cosas del destino y de las probabilidades termine uno llevándose a casa la mismita mera (es)coba con la que empezó.

M.C. Valecillos

Alma Insondable

El prestigioso portal Anal(ym)ítico, acaba de publicar los resultados de una encuesta dirigida a 150 personas (75 de cada género identificable) con una tasa de respuesta del 85%. La pregunta, única y simple: ¿qué haría usted si se convirtiese en el hombre/mujer invisible?

El 91 por ciento de los hombres adultos dijo: me metería en el baño de mujeres. Las respuestas dadas por el universo femenino fueron más diversas: le haría travesuras a mi jefe, espiaría a mi novio (marido), me metería en una joyería y me llevaría un diamante, una esmeralda, un rubí; le haría la vida imposible a fulanita, dejaría la dieta, robaría un banco, robaría las preguntas de un exámen, me le metería en la cama a Bruce Wills, le halaría el pelo a Yoko Ono. En fin, que casi que tantas respuestas como féminas. Lo cual demuestra que la pregunta de Freud: ¿qué quiere una mujer? sigue sin respuesta y, al mismo tiempo, arroja cierta luz sobre la causa de las dificultades con las que se ha topado un grupo de científicos en busca de voluntarias para probar el “orgasmatron”, pequeño aparato que, mediante applicación de pequeños impulsos eléctricos a la médula espinal, supuestamente produciría éxtasis inmediato en la paciente.

El padre del “orgasmatron”, doctor Stuart Meloy, tiene permiso de la Food and Drug Administration (FDA) de los EEmasUU para llevar a cabo pruebas en pacientes voluntarias. En una primera etapa del experimento, unos cables son conectados a una batería e introducidos, a través de la piel, en la médula espinal. En la segunda etapa, el orgasmatron (costo estimado $US13,000) sería implantado sub-cutáneamente para ser accionado (ON/OFF) por control remoto. Hasta el sol de hoy, sólo una mujer ha completado la primera etapa de prueba y otra acaba de inscribirse en el programa aunque se asegura que lo hizo bajo cédula falsa, lo cual, y no es para menos, tiene a Meloy y a su combo a punta de infarto: “Yo juraba que la gente (léase, las mujeres) iba a tumbarme la puerta para pedirme que las incluyera en el experimento”. No es para tanto, midoctol, y es aquí donde la susodicha encuesta nos ilumina: las mujeres, aparentemente, no están tan interesadas en el orgasmo eléctronico como lo estaría un hombre. La donna e mobile, qual piuma al vento, tiene otras mil y una cosas que quiere resolver antes de meterse un aparatico, por chiquitico que sea, en la médula espinal. Aunque, quizás, otro gallo cantaría si el fulano orgasmatron, también, quitara la celulitis.

M.C.Valecillos

Monday, April 04, 2005

Manual de bicicleta

El correcto manejo de la bicicleta es uno de los pilares de la buena educación de toda mujer que aspire a cumplir su rol en la sociedad nipona. Lamentablemente, el deterioro social ha llevado a la madre tradicional a descuidar esta transmisión de conocimiento sin darse cuenta de que está condenando a la mitad de una generación a andar por esos caminos sin tener la más remota idea (NPI, pa’los panas) de cómo expresar su feminidad subidas al inestable vehículo tracción sangre.

Pero no todo está perdido mientras exista la televisión de los sábados en la mañana, esa que entre la espada de la transmisión de refritos y la pared de un presupuesto mínimo, asume la mística labor de orientar el publico hacia la auto superación y el avance espiritual. El sábado pasado teníamos a una señora de kimono elegante y sobrio, de hablar pausado y de gestos comedidos resumiendo en tres fáciles puntos, el secreto de una buena montada. Acoto: si una señora de kimono dice que HAY una forma correcta de montar bicicleta, es porque en algún lado hay un Manual de la Perfecta Conductora de Bicicleta, publicado por la Asociación Nacional del Manejo de la Bicicleta, cuyo Comité Ejecutivo otorga una Licencia Nacional de Manejo Correcto de Bicicleta en grados del I hasta el IV.

Resumiendo, para que la población criolla también aprenda:

Lección Uno. De la vestimenta: Una fémina que exceda los veinte años de edad no debe cometer la impudencia de montar bicicleta en minifalda. Tampoco debe, y esto es extensivo a la vida en general, manejar bicicleta sin medias. Nama-ashi (literalmente: pies crudos) es la expresión, algo negativa y algo erótica, con la que se nombran las piernas al aire y debe guardarse solo para la intimidad más íntima o para la orilla de la piscina.

Lección Dos. Del ascenso y descenso: una mujer sólo se sube a la bicicleta poniendo un pie en el pedal y pasando la otra pierna por delante del asiento. Por eso en las bicicletas de las niñas el tubo que va del manubrio al asiento es inclinado, mientras que en las bicicletas para varones este tubo va paralelo al pavimento.

Lección Tres. Del ruido: Sabido es que las bicicletas tienen sobre el manubrio un misterioso perolito con una palanquita que produce un sonido agudo: charín-charín. Para qué sirve tal sistema es un misterio que no nos concierne ahora. Sepa, simplemente, que no debe accionar la palanquita. Póngale que usted va en bicicleta y delante va caminando una señora cargada de paquetes; no vaya a ser tan irresponsable y maleducada como para hacer sonar el timbre para que la señora se aparte. Lo más probable es que la señora, sorprendida ante el ruido tan pocas veces escuchado, pegue un salto exactamente hacia el mismo lado por el que usted está circulando, suelte los paquetes y se le malogre la degoyo. Y aquel reguero. Tosa, carraspee, cante, tírese un peito blanco pero sonoro, pero no cometa la grosería de hacer sonar el timbre. Si todo falla, y no quiere llevarse por delante al peatón, apéese usted de la bicicleta y pase a pie, incline la cabeza y de las gracias o pida disculpas.

La semana que viene el programa estará dedicado a desentrañar los misterios de el pelado y desgaje de una mandarina, fruta típica de la estación y que se ha convertido en el parámetro con el que se mide la finura de una verdadera dama de esas que ponen en alto el nombre de la tierra que las vio crecer.

mc

Confirmación Estadística

Universalmente aceptada (y si no lo sabía, espabílese y haga como si lo supiese) es la pasión que consume al pueblo japonés por todo lo estadísticamente cuantificable, medible, dibujable. Con decir que la tarea de vacaciones de verano para los chipilines del segundo grado de primaria fue hacer un estudio estadístico utilizando gráficos de barras sobre cualquier tema que se les ocurriese, desde cuántos granos blancos trae una tusa de maíz amarillo (sucede hasta en las mejores tusas) hasta cuántos libros rojos por estante hay en la biblioteca pública. Menos mal que la tarea era opcional y que uno no es fanático.

Entre este flujo continuo de estadísticas, el diario trae hoy una cuyo autor colectivo es el departamento de policía de Hokkaido y que ha levantado un tsunami de “ahhhhhhhh” y “lo supe desde un principio” a lo largo y estrecho del archipiélago. Compilando las cifras de accidentes de tránsito con saldo mortal del año que está terminando, a un abnegado guardián del orden público se le asignó la tarea de agrupar a los ex-conductores por fecha de nacimiento, con la idea, seguramente, de venir después a salir con alguna barbaridad acerca de los viejos al volante y de que agarrara un poco de práctica con el Excel y la computadora. Pero el policía, que además de avispado quiere mucho a su abuelita, se dió cuenta de que hay una realidad más importante que la etaria: la astrológica. Resulta que, probado por los numeritos que no mienten si se les mira a los ojos, los individuos más propensos a producir accidentes fatales son (¿eran?), ¡¡¡¡¡¡¡TATATATA!!!!!!!!! los nacidos bajo el signo de Piscis. Si, los piscianos, esos que viven distraídos y en un mundo de sueños, son los conductores más propensos a, ¡que casualidad! quedarse dormidos al volante y distraerse mientras están conduciendo, y que para completar, sus peores meses son Septiembre y Octubre, de dos a seis de la tarde. Aunque el mismo departamento de policía (aries todos ellos) se apresura a hacer énfasis en lo poco científico del estudio y trata de restarle importancia (¿serán virgo todos ellos?) atribuyendo los resultados a algún travieso efecto de la luna en conjunción con Júpiter, yo me imagino que de ahí a sacar un cartelito auto-adhesivo que diga “Cuidado: Piscis al volante”, que arranque una campaña con el slogan “fuera los piscis del asfalto”, y a oir en una cola en una Avenida Bolívar, “aaay, este además de guebón, es piscis”, no hay más que un segundo maracucho. Mientras tanto, en las incomprensibles tablas que utilizan las compañías de seguro para hacer un estimado de las cuotas a pagar, habrá un pequeño aparte a chequear: ¿nacido entre el 22 de febrero y el 21 de marzo? ¡Ay panela!… una marca en la ventanita multiplicará por un factor de 1,8 la cantidad a cancelar y no tardaremos en tener las estadísticas bien arregladitas que nos dirán cuál ha sido el efecto sobre la economía nacional de este importante hallazgo astral pues bien dice el dicho: un dato torturado en la medida precisa terminará confesando cualquier cosa. Cualquier cosa.

mc

Ladrón de ???letas

No, no. No voy a comentar la famosa película. Porque no la he visto, porque no conozco de cine, porque casi no voy al cine, porque no me gusta mucho el cine. Aclarado el punto, confieso que el título de este clásico del neorrealismo italiano, con magistral dirección de Vittorio de Sica y excelente guión de Cesare Zabattini, no deja de darme vueltas en la cabeza desde que leí cómo un caso de carácter netamente policial pero con claras raíces demográfico-sociológicas, deviene en fenómeno económico con contribución neta y cuantificable al producto territorial bruto nipón en menos de lo que se degasifica un cura loco meciéndose en un chinchorro a la orilla de una playa.

Una ola, ¿qué digo? un tsunami de robos ha sorprendido y escandalizado hasta al más curtido miembro de la yakuza de Kobe. A riesgo de producir un estado de pánico en la población, la policía ha abierto la caja de Pandora y ha confirmado como ciertos los terribles rumores que venían circulando en diferentes círculos urbanos; el pueblo que hasta hace poco asumía que el agua y la seguridad eran bienes públicos, ha sido forzado a abrir los ojos y aceptar la inaceptable realidad: aunque usted no lo crea y le cueste imaginarlo, existe y anda suelto: con ustedes El Ladrón de Pantaletas. Lo peor de lo peor es que no es un individuo, un caso aislado que pudiese ser atribuido a una extraña e irrepetible combinacion de genética con alineamiento astral, el Ladrón no es tal sino Los Ladrones, las pantaletas siguen siendo plural aunque sea una sola.

Decíamos que más que de un individuo, hablamos de una sub-especie de ese oscuro sub-mundo al que preferiríamos no tener nunca que pegarle la super-linterna.

Dícese que el modus operandi consiste en vigilar los tendederos de apartamentos donde viven mujeres solas y cuando estas cuelgan su ropa íntima al sol, ZUASSS y se lo agarraba. De más está decir que las pantaletas deben ser de talla M para abajo y de sugestivos modelos y atractivos colores. Dícese también que entre los muchos robos de los que puede ser víctima una mujer, pocos son tan traumáticos como el robo de sus pantaletas. Desagradable en extremo. Al rescate la inventiva japonesa y el afán de miniturización que caracteriza a la tecnología nipona. El primer impulso, como es tradición cuando se trata de delitos contra un sector específico de la sociedad, sería culpar a la propietaria del (a veces) oscuro objeto del deseo por la falta de precaución y carencia de recato al estar colgando a la luz pública tan íntimo adminículo. A esta tonta acusación las agraviadas contraponen su adquirido derecho a poder lavar y secar la ropa interior inmediatamente después de su uso, en contraposición al resto de la ropa, que puede esperar hasta el sábado. El problema de “prender esta lavadora para lavar ese trapito” se soluciona con una rápida lavada a mano, pero el secado sigue siendo un nudo gordiano. Ya-no-mami, pues varios fabricantes han lanzado al mercado la mini lavadora eléctrica y la no menos mini secadora idem, al módico precio de 9800 yenes cada una. Con capacidad para tres pantaletas y tres sostenes talla normal, con o sin almohadillas, más dos pares de medias panty, este práctico e indispensable electrodoméstico puede ser colocado en cualquier lugar del pequeño apartamento y viene en tenues colores pasteles para combinar fácilmente con el resto del mobiliario. Otra tradición que, al igual que el vendedor ambulante de tofu, agoniza en las grandes ciudades: ropa interior secándose impúdicamente al sol. Otra sencilla historia con inmensa y conmovedora capacidad poética humedecida en severo verismo dramático, obra maestra del séptimo arte y joya testimonial.

mc

Quítate la máscara

Hay gente muy malagradecida que siempre se ha quejado, se está quejando y habrá de quejarse hasta el día del juicio de la actuación de sus representantes en los poderes públicos. El poder legislativo, por ser un saco de gatos, es el blanco más facil para todas las críticas habidas y por haber. Cada región tiene su nombre y en todas se cuecen habas. Mientras que en otras localidades menos favorecidas por los dioses, los miembros de la asamblea legislativa pierden valiosisimo tiempo estudiando ordenanzas para la remodelación de viejos edificios públicos, sostienen interminables discusiones sobre la conveniencia de nombrar un bibliotecario para cada escuela primaria, o debaten acaloradamente si asignar la partida de mantenimiento vial al cierre de baches en la vía o al cuidado de las islas en las avenidas, en nuestro estado la Asamblea tuvo una sesión extraordinaria y urgentísima, con quorum hasta para regalar, para debatir un punto de crucial importancia y de impostergable urgencia relacionado con la defensa del decoro y la preservación de la dignidad del poder legislativo estatal. Punto único de agenda, presentado con gran solemnidad y que desemboca en ordenanza aprobada en tiempo récord después que los abnegados asambleístas leyeron sus sentidos discursos: Uso de máscaras de lucha libre por los asambleístas durante las solemnes sesiones de la honorable asamblea. Les cuento el resultado antes de entrar en antecedentes: la Asamblea Legislativa de Ibaraki acaba de aprobar una ordenanza que prohíbe a sus miembros el presentarse a las sesiones usando máscara de luchador de lucha libre. Catch-as-catch-can.

Resulta que en el estado de Iwate, un poco más al norte, un luchador, el Great Sasuke, de los buenos pero con máscara, se lanzó al ring de las elecciones del poder legislativo estatal y aplicando una doble-nelson a los políticos rudos pero sín máscara, logró un puesto en la Asamblea. Sus nuevos colegas juraban que el tipo iba a colgar la máscara y de flux, corbata y botoncito, iba a presentarse a su nuevo trabajo. El Great Sasuke dice que no tan rápido, que a él sus electores lo eligieron con máscara y él con máscara se queda, lo cual lo hizo héroe instantáneo tanto en Iwate como en todo el país. Muérdelo, muérdelo. La Asamblea de Iwate trato de aprobar una ley que le prohibiese al Great Sasuke asistir a las sesiones con rimmel, digo con máscara, pero la moción fue derrotada porque el soberano no se iba a dejar meter ese conteo. Los avispaos de Ibaraki decidieron curarse en salud y prohibir el uso de las fulanas máscaras en el Palacio Legislativo. Cuando veas las barbas de tu vecino arder… pégate de las sogas.

mc

Junio

Junio es mes de lluvia por los vientos monzones. Y yo-ví-a, yo-ví-a. Después que nos hemos empapado hasta los huesos y cuando no queda clavito donde colgar una toalla o una franela para que medio se seque, la Agencia Metereológica Nacional anuncia, como si nadie se hubiese dado cuenta y como quien anuncia la apertura de la temporada oficial de pesca de truchas, el comienzo oficial de la temporada de lluvia, la cual dura, sé que no me lo va a creer, hasta que deja de llover. Cuando todos estamos sequitos, la antes nombrada agencia sale muy oronda viene y declara el cese oficial de la temporada de lluvia, lo que da paso a una terrible duda de carácter existencial: ¿seré yo la única persona que no sabe utilizar esta información?

Junio también trae el día del padre. Si, el día del señor ese que hace unas semanas dijo que él no tenía nada que ver con el día de la madre, que esa no era más que una de las tantas estrategias de mercado jugando con los nobles sentimientos del amor filial y que, al fin y al cabo, madre es una sola y esa esposa no es su mamá, aunque sea ella la que le escoja las medias, lo acompañe al urólogo y lo mande para la barbería. Ese señor pasa las tres primeras semanas de junio con los nervios de punta: ¿habrá tomado la familia en serio sus apresuradas declaraciones hechas bajo la presión de saberse incapaz de comprar un regalo decente y de buen gusto sin llegar a los gastados e innecesarios extremos de un diamante o una esmeralda ? ¿Habrá lugar, bajo las gruesas capas de comercialización e interés económico, para un granito de sentimiento de ese que dice “gracias, papá” acompañado de una taza de té del de las visitas, recién preparado, o de un vaso de cerveza bien fría? Diga lo que diga la Agencia, el cielo no se le despeja a ese señor sino hasta la mañana del tercer domingo, cuando le llega una tarjeta de la hija ausente y la santa que tiene por esposa se levanta tempranito a preparar termos y sandwichs para celebrar el día del padre en contacto con la naturaleza escalando los mil quinientos metros del monte Tsukuba. Pero como está lloviendo, quedémonos en casa, comámonos los sanguchitos y disfrutemos las cervezas. Desde la ventana podemos disfrutar del espectaculo natural más hermoso: la lluvia de junio embelleciendo las hortensias.

mc

Crónica policial

Además de garantizar la seguridad ciudadana, apresar delincuentes, investigar sospechosos y mantenerse insobornable, la policía japonesa tiene la ardua tarea de velar porque el tránsito automotor fluya con la menor cantidad de accidentes posible. No, aquí no hay fiscales de tránsito. No es de extrañar entonces que a veces, bajo condiciones altamente explosivas, estas celosas nodrizas con rolo se excedan en el cumplimiento de sus funciones. Sucedió en una avenida amplia y despejada, con limpias aceras y cuidadas jardineras; una avenida de esas que conectan la urbe con sus suburbios y que, justamente por ello tienen escaso tráfico de peatones y de carros, estos últimos circulando, obviamente, fullchola. ¿Tú conoces el Camaro? Era una noche de esas en las que el policía de guardia, a falta de hechos más violentos, se las ve tintas para regresar a casa con la frente en alto, el arma descargada y la satisfacción del deber cumplido. Fue precisamente una de esas noches cuando, al darse cuenta de que una de las intersecciones de la avenida arriba descrita está que ni mandada a hacer para la autosatisfacción pre-calculada, un par de paladines justicieros sucumbió a la tentación.

Estacionaron la patrulla sobre la amplia acera, ahí justo donde termina la curva; completamente invisible para el desprevenido conductor hasta que ya es demasiado tarde..... Píii-Poo, Píii-Poo: deténgase, ciudadano. Licencia y papeles del carro, si es tan amable. ¿No vio la señal de 60 k.p.h.? ¡Cónchale! ¡Qué lastima!!!. Un peligro andar distraído a esta velocidad. Imagínese que alguien tratase de cruzar la calle. ¿A las dos de la mañana?. Multa por ese pecho. Y el ciudadano, respetuoso y cumplidor, agarra su papelito y chao,oficial... hasta mañana. Vaya despacito, ¿eh? Si, despacito.

A la mañana siguiente, bien temprano, Aló, ¿la comisaría?. Buenos días, ¿en qué puedo servirle?. Quiero denunciar un delito cometido por un policía. Dígame. La noche de anoche, pero que noche la de anoche, una patrulla estaba estacionada sobre la acera de la avenida Tal.... ¿Es eso correcto? No, de ninguna manera. Investigaremos. Dicho y hecho. Oficial de guardia anoche: le sale multa por estacionarse obstruyendo el libre tráfico de peatones.... ¿Peatones? ¿a las dos de la mañana? Lo siento, Enelalma, déjeme anotar el número de su licencia y tome este papelito celeste... Diez mil yenes.

Que no vuelva a suceder.

mc

El enemigo está adentro

Lo que para la sociedad civil es un problema que cuando mucho afecta a sindicalistas, a políticos encamburados, curas complacidos y a uno que otro reverendo glotón, se convierte en serio problema de Estado cuando infiltra las filas militares. Según reporta un prestigioso diario norteño, el ejército de los EEmasUU, además de ser el más poderoso de la tierra, es, no me lo van a creer, el más gordo. Los oficiales, porque es un problema de la oficialidad, son capaces de luchar contra los enemigos más temibles, enfrentarse a los elementos naturales más hostiles, vencer los obstaculos más arduos, llevar a cabo las misiones más dificiles pero, lamentablemente, no son capaces, de, literalmente, meter en cintura esa tendencia a engordar que acompaña al hombre desde que Adán dejó la caza, la pesca y la farra y se dedicó a sembrar arroz y trigo, fuentes primarias de los temibles carbohidratos.

BMI (body mass index), es el índice de masa del cuerpo. En términos más crueles: es el índice de gordura. Si, es con usted. El BMI se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre el cuadrado de la estatura en metros. Ejemplo: dicen que Marilyn Monroe medía 1.65 y pesaba 55 kilos (también dicen que usaba talla 12); calculamos y nos da que el BMI de la hoy difunta era 20, un índice buenísimo, segun atestiguan las fotografias y daban fe los hermanitos Kennedy. Hoy en día las modelos de pasarela no pueden tener un índice mayor de quince, prueba irrefutable de que todo tiempo pasado fue mejor. En términos más normales y terrenos, hasta 25 se considera un índice aceptable en función, ya no de la estética, sino de la salud y el bienestar. De ahí en adelante todo es cuesta abajo. El riesgo de contraer todas y cada una de las enfermedades modernas, clásicas y barrocas se incrementa en novecientos noventa y tres veces por cada punto por sobre los temidos veinticinco. A los treinta puntos el individuo, obeso estandarizado según normas ISO, está con un pie en la tumba. Mortajas talla XXXL.

Los estrategas gringos se rascan la cabeza tratando conseguir un remedio para este deterioro volumétrico-exponencial, pero por los momentos lo único pueden hacer es dar de baja, por no dar la talla (o por darla demasiado), a aquellos irresponsables traidores, quinto columnistas, que permitan que su BMI pase de los 30 puntos. Si no son capaces de decirle NO a una ración doble de papitas fritas, menos aún seran capaces de defender la patria... sin que se le corte el aliento y se le salten los botones.

mc

Un mes más tarde…

Se cumple un mes desde el día de la repartición oficial de chocolates en este su archipiélago favorito. Si, el 14 de marzo es el White Day oseaves el día de la retribución, importantísima en grado sumo, que si hay algo que no es perdonable en este país, además de sonarse la nariz en público, es ser malagradecido. Aqui todo se retribuye y uno se cuida mucho de no andar por la vida dejando deudas sin pagar.

Digamos que usted, hombre aunque sin mucho pelo en el pecho, recibio su chocolatico de san valentín. No viene mucho al caso que el chocolate haya sido grande o chiquito. Que haya venido en una bella cajita envuelta en papel dorado con un lazo azul o que lo haya recibido recién salido de una bolsa peso neto 500 gr. No importa si Dulcinea espero a que usted estuviese a solas para extender el regalo bajando ruborosa la mirada, o si se lo pusieron sobre el escritorio, junto con otros cinco con instrucciones precisas de “agarra uno y pasa el resto”. No, no es cuestion de exigencias ni orgullos, a usted le dieron lo suyo y no hay forma de escurrir el bulto. A retratarse.

Dice una linda leyenda que el origen de este tradición se encuentra en la mitología de la industria de los dulces y chucherías, cuyos dioses se pusieron muy envidiosos al constatar las extraordinarias ganancias que obtenía la industria chocolatera a costa de san valentin y decidieron que aquí alcanzaba para todos. En el “día blanco” las chicas esperan recibir, en especies, el pago por los chocolatines que con tanta diligencia repartieron el 14 de febrero. Parecería simple, pero no lo es. No es el “día blanco” un día que pueda ser tomado a la ligera. Por más que usted haya recibido un toronto de esos que se estan poniendo blancos y con la avellana medio pasada, la cortesía y las buenas costumbres determinan que usted va y compra unas galleticas bien bonitas, en una cajita de lo mas cuchi, envueltas en finísimo papel y termina pagando por un paquetico de galletas de soda el equivalente a unos chocolates belga exclusivos para exportación. Entre novios y afines se permite (y se sugiere enfáticamente) regalar, junto con las galleticas o chucherías porque no hay que olvidarse de que primero el estómago, una prenda más intima e imperecedera, que puede ser una pantaleta bien sexy, un pañuelo muy fino, un perfume exquisito, una joya carisima. A niveles menos emotivos, se ha determinado que son las mamás y las esposas, pilares sobre los que descansa la economía japonesa las que terminan comprando los “regalitos blancos” que dejaran a sus hijos y esposos como galantes caballeros ante la sociedad.

mc

Igualando por abajo

La poceta inteligente es un bello ejemplo de la tecnología al servicio de la comodidad y la higiene. Originalmente pensada para instalar en hospitales. clínicas, ancianatos y casas de luchadores de Sumo, y hoy en día cada vez más impelable en el hogar nipón, la versión más simple de esta poceta es la que tiene un pequeño calentador bajo el aro para que las posaderas del usuario no sean sometidas a un choque térmico a tempranas horas de las madrugadas invernales. Abro paréntesis para informar que las viviendas japonesas no tienen calefacción central, por lo que usted puede estar muy calientito en su habitación y si la naturaleza llama, llama a exilio en Siberia, exilio del que según estadísticas del fabricante, varios abuelitos terminan no regresando cada año. Cierro parentesis.

Una vez que se logró que nalgas y muslos estuviesen a una temperatura agradable durante los breves instantes del desahogo y, como siempre, pensando primero en los débiles, se inventó un dispositivo que hace las veces de bidet en una nación donde limitaciones de espacio imposibilitan la instalación del aparato original. Un pequeño chorro de agua que sale de debajo del aro le limpia donde usted quiera y/o requiera.

El tablero de mando, porque la poceta tiene un tablero de mando con instrucciones escritas, con dibujitos y con una version Braille, obligatoria por mandato legal en edificios públicos, le permite graduar la fuerza con la que se dispara el chorro, apuntar a justamente la zona donde se necesita el líquido limpiador y graduar la temperatura a la que quiere que se produzca el lavado. Hasta aquí llega el paralelismo con el bidet que todavía se consigue en honorables casas venezolanas y en contados hoteles españoles. Pero, ¿quién no ha sufrido alguna vez la triste experiencia de ver cómo la comodidad del lavado es vilmente empañada por la ausencia de un buen secado? Yanomami. Nuestra poceta inteligente también tiene un botoncito para aire, regulable a la temperatura deseada y apuntable hacia el objetivo preciso. Basados en el principio del Castro-Cristianismo de "cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad", la operación puede prolongarse de acuerdo a las condiciones, preferencias y características específicas del afortunado usuario.

La zeta del zorro la constituye un pequeño sensor que hace que toda operación se suspenda al no ser detectado ningún peso sobre la estructura, evitando así que los niños hagan un reguero a punta de jurungar el chorrito, o que a los usuarios apurados se nos moje el pantalón.

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En envase pequeño

A pesar de lo que dicen los partidarios de la miniaturización, todo tiene su límite y cada cosa su justa medida. Los teléfonos celulares, por ejemplo, han alcanzado un grado de levedad y pequeñez inimaginable para aquellos a los que nos asombraba tanto el zapatófono del Superagente 86 como el checo aquel. Modelos de 10 centímetros de longitud y 63 gramos de peso son el último ¡ring! de la tecnología nipona en su bolsillo. Lo del peso está muy bien, pero ¿el tamaño? A ver, ¿cuánto mide usted entre el pabellón de la oreja y el pandiazúcar? A menos que tenga cuatro años, seguro que excede los 10 cm. Oseaves, que muy chiquito el perolito, pero no se oooyEEE.

Sale al ruedo la contrainventiva nipona, corta rabo y oreja, y lanza al mercado unos auriculares para adaptar al molecular. Ahora usted deja el adminículo sobre la mesa, en la cartera, en el bolsillo de la chaqueta y toma cómodamente el auricular adaptable, que viene justo del tamaño que le permite hacer lo que siempre ha soñado desde que renunció a la idea de acabar con el hambre y la injusticia en el mundo: oír bien y ser bien oído. Los fulanos aparatos vienen en diferentes modelos y colores, desde el sobrio y tradicional modelo que imita en forma, color y tamaño al auricular de los teléfonos regulares y que le hace a uno preguntarse para qué, entonces, inventaron el celular compacto, hasta el novedoso modelo amarillo encendido, con forma de cambur con piquito verde y una que otra manchita negra, y cuya posesión y racional uso indudablemente harán más llevaderos aquellos solitarios momentos en los que nadie, ni siquera Avon, llama.

mc

Profundidades

¿Cuál será el parámetro por el que debe medirse la belleza femenina? Una mente masculina, simple y directa, se confundiría con la redundancia pues sólo después de aceptar que toda belleza es femenina es que los hombres, feos por default y resignados por nobleza innata, pueden dedicarse a cultivar la mente y el espíritu, sin tener que estar pendientes del escote, las medias panty, los zapatos de tacón y el rimel que tanta energía y tiempo le quitan a sus mejor dotadas contrapartes, quienes no pueden dedicarse a dar una conferencia sin primero comprobar si de verdad el azul marino las hace ver delgadas, duda que les puede impedir toda concentración y dar al traste con la más clara presentación. O por lo menos así era antes del Señorito Venezuela, gran igualador de las cargas y masas. Amigo ejecutivo: ¡meta esa barriga!.

Apartando las sutilezas de la lógica, el 76% de las mujeres censadas responde que ellas piensan, creen, juran y perjuran que lo que las definiría como bonitas es la perfección dimensional y el acabado superficial de ese pequeño triángulo, de esa profunda (ha de ser profunda para ser hermosa) hendidura que Dios les dio y el Diablo, disfrazado de kilos y mala postura, se empeña en allanar, cual comando policial sin orden firmada por la jueza quinta de instrucción.

Tres cuartas partes de las entrevistadas piensan que la suya propia no es nada bonita y, por ende, no está nada presentable... que si llegase algún día a mostrarla no es porque esté satisfecha u orgullosa de ella, sino porque condiciones totalmente fuera de su control así lo exigen. Por eso es tan temido el verano que impone a la población la obligación de despojarse de ropa. Hace calor. Con un poco de suerte, un caballero bien posicionado podrá darse un banquete visual cuando una chica decida ponerse una franelita de cuello bien descotado que exponga a la luz del sol un par de clavículas completamente limpias de todo vestigio de grasa, arrugas y similares. Dice un fotógrafo con una larga experiencia en retratar cuellos y afines que para que una clavícula sea perfecta debe albergar, por lo menos, 15 ml de cualquier líquido... Pero, advierte, la belleza de cualquier clavícula se ve dramáticamente desmejorada si el esternón de la dueña delata los huesos de la idem. Es extraño que Renoir, que tanto sabía del asunto, no llegara a dibujar esa zona y se empeñara en cubrirla de redondeces tan invitadoras a un buen arrecuéstese aquí para que vea al nene.

mc

Heroísmo decolorado

La noticia más increíble en lo que va de siglo. La noticia que nos hará reflexionar antes de tratar de evaluar el coeficiente intelectual aparente (CIA, pa’los panas) de nuestros semejantes. Un grupo de científicos de un prestigioso laboratorio de un no menos prestigioso Royal College, ha publicado un impactante artículo en el que se presentan los resultados de un concienzudo y bien documentado trabajo de investigación. Con pruebas contundentes, datos fehacientes y estadísticas impenetrables, los investigadores han llegado a la conclusión de que los/las catires/as están a punto de desaparecer de la faz de la tierra. ¿Nooo puedeee ser? Si toda evidencia empírica apunta en la dirección opuesta! Si las catiras no hacen más que proliferar como la yerbabuena! (O la mala, depende de la experiencia personal). Si parecen sujetas a un índice inflacionario de dos dígitos. Si uno anda por esas calles, tira una piedra, y segurito se la pega a una cabeza oro parece, plata no es. La catira popular esta a tres por cien bolívares, cinco por doscientos. Quinientos, mi doctor, y se lleva la docena.

No, dicen con majestad los serios investigadores de su ídem, el gen de la cabellera rubia es un gen recesivo y basta que uno de los padres no lo tenga para que las probabilidades de una prole catira sean tan, pero tan, bajas que en unas pocas generaciones nadie va a creer que a la abuelita le decían Melenita de Oro. Los catires son una proporción cada vez más pequeña de la población europea, fenómeno directamente atribuible a la creciente inmigración desde Asia amarilla, África negra y América morena, sin mencionar la nefasta influencia del Puma y su Pavo Real.

¿Gen recesivo? Yo juraba que el fulano gen era de acción retardada, activada por el reloj biológico. Tic-tac. Uno ve fotos viejas de Hillary, Madonna, Carmen Julia, Haydé y ahí están de pelo un ídem oscuro. Mírelas hoy en día, pletóricas de agua oxigenada. Nunca dejo de sorprenderme cuando me reencuentro con las mujeres con las que compartí salones de clase, patios de recreo, cenas familiares, y me percato de que, sin haberme dado cuenta, pasé mi infancia en Finlandia. Misterios del instancolor de Clairol.

Yo, ignorante, pensaba que había que ser to-que-to-que tonta para creer que un toque de rubio cenizo transforma una cara más o menos simpática en la mujer más glamorosa de la promoción de bachilleres Honor a mis Padres. De no ser por la concienzuda labor de los británicos, seguiría sosteniendo que la energía, el dinero y el empeño invertidos en la catirización a juro han podido ser empleados en causas, si no más nobles, por lo menos con más probabilidades de éxito. Pero sólo la información salva, acude a tu biblioteca. Estas abnegadas esclavas del tinte periódico e impostergable son desprevenidas heroínas que, ante la pronta desaparición de la catira natural se han dedicado, con un tesón que sólo tiene paralelo en la lucha contra la celulitis, a convertirse en testimonio gráfico, recurso visual, ejemplo en dos patas al que recurriremos para transmitirle a nuestros hijos, nietos, biznietos, el cuentico aquel de que cuando Catalina la Grande le pregunto a Miranda por la bandera que llevaría en su expedición, éste, galante y oportuno, le dijo: llevo tu cabellera, tus ojos, tus labios, mientras en la habitación contigua unos osos tomaban sopa con cuchara.

mc

Que me entierren (entielen) jondo

Todavía quedan unas horas para pedir perdón. Si, perdón, todos tenemos que pedir perdón porque todos alguna vez hemos hecho daño... a una o con una aguja, alfileres y similares. Señores, hoy ocho de febrero es el día de pedirle perdón y darle descanso eterno a las agujas et al.

Todas las agujas y alfileres que usted partió durante este año próximo pasado, aquellas que se oxidaron, y las que por cualquier percance hayan quedado inservibles se insertan a un trozo de tofu preparado para tal efecto. Imagínese que usted sea aguja y que sus días acaben clavado a un trozo de tofu, ¡qué felicidad!

Clavada o clavado a un pedazo de tofu pasa todo el día hasta que lo vienen a buscar para incinerarlo en alguna pira por ahí. En nuestra amada Venezuela, en lieu del tofu se podría tomar un pedazo de gelatina de leche o, más sabroso aún, un buen pedazo de majarete.

mc

Valentín-san

Feliz día de los enamoraos (olvidense, lo de día de la amistad es una estrategia de autoengaño). Ustedes también estarán siendo bombardeados por las propaganda para que le compre un regalote a la jeva o al jevo, o un regalito a la jevota o al jevote. Que estrés. Never en Japón, tierra de orden y del método de producción Toyota. Al verse los japoneses ante el terrible peligro de ser arrastrados por el tsunami de san Valentín, a algún cabeza de mamila se le ocurrió hacer lo que se hace en las escuelas niponas: una fila para las niñas y otra para los varones. El tipo decidió llamar a la mitad más bella de la población a tomar la batuta y, en lugar de esperar a que el caballero de sus sueños le declarara su amor, adelantarse y decirlo TODO con un chocolate.

Efectivamente, san Valentín en Japón es exclusivamente un asunto femenino, calle de una sola vía: Las chicas regalan, preferiblemente chocolate, a los chicos. NEVER a la visconversa. Pero como dice el dicho, hay chocolates y chocolates. Guiri (como en guindar) es "obligación", guiri-choco es el chocolate que las chicas regalan por deber patrio (a sus jefes o a su papá, por ejemplo) o por caridad (a sus compañeros de clase/trabajo para que nadie en el archipiélago se acueste ese día sin haber recibido su chocolatico). Mizutani-san me contó ayer que, junto con Okuyama-san, había comprado un cargamento de chocos para satisfacer al regimiento de 60 palomas que trabajan en el instituto. Estricto guiri-choco.

Jonmei (tex. el "verdadero") es el chocolate del "flirteo" incipiente o avanzado. Mizutani-san jura y perjura que entre los sesenta no hay ni un pedacito asi de my true love... y le creo.

Siendo los ingredientes los mismos, a veces es difícil, excepto para el ojo entrenado, identificar un jon-mei escondido entre un bojote de guiri, o, peor aun, un guiri disfrazado de jonmei. Lo que parece impelable prueba de amor sólo superable con la entrega total es el chocolate hecho en casa.

Desde hace más de una semana los automercados tienen un espacio dedicado exclusivamente a los chocolates, con tres dependientas envolviendo a millón. Sin Valentín, la industria chocolatera nipona sería un desastre.

Los tiempos cambian y no todo es chocolate. Medias, corbatas, interiores y otras ridiculeces por el estilo ocupaban un rinconcito chirriquitico en el kiosco del amor... como decia el cartelón del CADA que me queda más cerca.

Para completar la informacion, y equilibrar las cargas, los chicos corresponden el 14 de marzo (white day) regalándole a las chicas chocolate blanco o caramelos, dulces, etc. Los que recibieron (y se dieron por aludidos) jonmei tendrán que retratarse con perfumes, joyas, pantaletas, pañuelos...

Los guiriados compraran una docena de chupetas y las repartiran a diestra y siniestra.

De lo que nadie parece haberse dado cuenta es de que los hombres más hombres no comen choco.

mc

Tejón y karma

Si usted es de esos seres que después de las dos semanas de “home stay” que pasó con una típica familia gringacatira no soporta ni octubre ni la vida sin celebrar Halloween. Si no puede resolver la adivinanza “auya y no es perro, llama y no es gente” porque la única cucurbita moschata que conoce es la calabaza, medio anaranjada y fácil de esculpir. Si llama vacaciones de verano a las de agosto, aunque en primaria le enseñaron que en Venezuela hay dos estaciones: el verano o estación seca, de diciembre a mayo, y el invierno o estación lluviosa, que abarca el resto del año. Si usted no tiene nacimiento pero sale todos los diciembres a comprar un pino traído de Canadá y, además de decorarlo con luces y bolitas, le pone un viejito europeo al que llama el Espíritu de la Navidad. Si usted no come cochino sino pavo… usted, si, usted, debe andar de lo más desubicado tratando de celebrar el día de la marmota sin marmota, sin hibernación, sin nieve y sin primavera que no sea la eterna primavera de Boconó, jardín de Venezuela.

Ubiquémonos. El dos de febrero, día de la marmota o del tejón, queda justo a mitad de camino entre el primer día de invierno y el primer día de primavera del hemisferio norte. Dice la tradición que llevaron los alemanes a Pensilvania (Pennsylvania pa’los panas) que ese día el tejón sale de su hibernación y si ve su sombra se asusta y vuelve a su hueco, anunciando así que el invierno durará unas seis semanas más. Si, por el contrario, el animalito no ve su sombra, intuye que llegó la primavera con sus mil armonías y marca tarjeta. Pero ya esto usted lo sabe, lo que no sabe es qué hacer con esta información que se hace inútil cuando la naturaleza tropical se resiste a obedecernos.

¡Albricias! Haga de tripas corazón y aproveche que Japón también está en el hemisferio norte, y que tiene, como toda nación que se respete, cuatro estaciones y, mejor aún, una tradición que no sólo es ABSOLUTAMENTE imitable sino que combina, en rara conjunción astral, la belleza de una costumbre añeja que ni nos va ni nos viene, con el plato preferido de toda Miss Falcón: el sushi. Oseaves que Japón también celebra que ya dentro de poquito se va Pacheco, se va, se va. El tres de febrero (¿qué es un día más o un día menos si de tradiciones se trata?) usted va y se hace un “futomaki sushi” que, como ya sabe de sus clases de cocina japonesa en tres fáciles lecciones, no es más que un brazo gitano de arroz, relleno con huevo (amarillo), pepino (azul) y alguna otra cosita rosa y que en lugar de ir recubierto de crema, va arropado con una hoja de alga. Si, ese, saque sus apuntes. Un futomaki bien hecho mide 4.5 cm de diámetro y 18.5 cm de longitud y dicen que este día hay que comérselo entero, sin partirlo, sin emitir ni un sonido y mirando ¡¡crucial!!! en la dirección de buena suerte, que este año viene a ser la este-sudeste, unos 255º en una circunferencia que tiene como cero el norte.

Así que ándele, celebre con todo el mundo civilizado la llegada de la primavera a ver si se le pega algo y se desentiende del karma que lo hizo nacer en tierras con tan poco glamour que todas las fiestas del año son excusa para pasar unos días en la playa. Así no hay quién.

M.C.

Contradicciones criollas

Se llama etimología a la historia de una palabra; del griego etos (verdad) + logos (palabra), sería la verdad tras la palabra. Contradicción, por ejemplo, viene de contra + dicere y viene a ser así como “decir lo contrario”. Para estudiar japonés también hay que hacer uso de la etimología, aunque ya no podremos apelar al griego o al latín sino a otras raíces. Recordaba hace poco una de mis primeras lecciones de kanji (caracteres chinos con los que, en unión de otros dos sistemas de escritura, se escribe el idioma japonés), el profesor nos explicaba que la palabra carta se representa con los caracteres de mano y papel en elegante y directa relación. Más difìcil es contradicción, que se dice “muyun” y se representa con dos kanji que, separados, muestran una espada y un escudo. Cuando un estudiante preguntó cómo es que esta combinación de palabras da nacimiento a un vocablo que no tiene nada que ver con los significados originales, el profesor sonrió y comienzó una historia que viene así: dicen que en su rama se encontraba encaramado un indiecito guraraní y que debajo del árbol estaba un forjador de metales. Nuestro forjador se ufanaba de haber conseguido un metal tan, pero tan fuerte que con él podría construirse una espada capaz de atravesar cualquier material y un escudo (en coqueta combinación de diseño y color) capaz de resitir la embestida de cualquier arma de naturaleza punzo-penetrante. El atento público le gritó ¡ique¡, ¡ique! y el maestro forjador por extraño sortilegio en choguí se convirtió.

Cuando el destino nos alcance y la globalización, junto a los nuevos tratados de cooperación económica y cultural, determine que el pensum de educacion básica criolla incluya un paseo por los caracteres chinos, los maestros de la república tendrán que tropicalizar estas historias para ayudar a sus pupilos con trucos para que no me olvides. Como los muchachos no sabrán mucho de escudos y espadas ¿tú sabes Príncipe Valiente y Aleta? dirán que contradicción se escribe dirigente + partido en sutil alusión a la expulsión de Claudio Fermín de una agrupación “democrática” porque sus declaraciones están “fuera de los esquemas que definen las declaraciones que los dirigentes (del partido) pueden emitir”. O sea la institución democrática que lucha contra la dictadura, que alerta acerca de los peligros del pensamiento único y que no distingue entre el fascismo y la receta del pan de jamón, expulsa a un miembro que se atreve a disentir. Me gusta cuando ventea.

Maestros más sofisticados podrán escribir contradicción con los caracteres correspondientes a coleóptero -de koleon (caparazón) + pteron (alas)- y bombillo, y tratar de que los pacientes alumnos entiendan la constante llamada que hace un boletín electrónico, en todas y cada una de sus idénticas editoriales, para que la dirigencia opositora dé instrucciones de levantamiento a un pueblo que, cansado de una dirigencia que no sabe ni puede dar instrucciones, la va a castigar ignorando estas instrucciones y se mantendrá, bravo y listo, en espera de las instrucciones de una dirigencia con sus repetidos fracasos ha decepcionado al pueblo que la castigará con el látigo de la indiferencia… ocomo así.

Otro día les contaré que verguenza se escribe con los caracteres de corazón y oreja, y la regla mnemotécnica es que al que se ruboriza “se le sube el corazón a las orejas”.

M.C.Valecillos