Monday, April 04, 2005

Manual de bicicleta

El correcto manejo de la bicicleta es uno de los pilares de la buena educación de toda mujer que aspire a cumplir su rol en la sociedad nipona. Lamentablemente, el deterioro social ha llevado a la madre tradicional a descuidar esta transmisión de conocimiento sin darse cuenta de que está condenando a la mitad de una generación a andar por esos caminos sin tener la más remota idea (NPI, pa’los panas) de cómo expresar su feminidad subidas al inestable vehículo tracción sangre.

Pero no todo está perdido mientras exista la televisión de los sábados en la mañana, esa que entre la espada de la transmisión de refritos y la pared de un presupuesto mínimo, asume la mística labor de orientar el publico hacia la auto superación y el avance espiritual. El sábado pasado teníamos a una señora de kimono elegante y sobrio, de hablar pausado y de gestos comedidos resumiendo en tres fáciles puntos, el secreto de una buena montada. Acoto: si una señora de kimono dice que HAY una forma correcta de montar bicicleta, es porque en algún lado hay un Manual de la Perfecta Conductora de Bicicleta, publicado por la Asociación Nacional del Manejo de la Bicicleta, cuyo Comité Ejecutivo otorga una Licencia Nacional de Manejo Correcto de Bicicleta en grados del I hasta el IV.

Resumiendo, para que la población criolla también aprenda:

Lección Uno. De la vestimenta: Una fémina que exceda los veinte años de edad no debe cometer la impudencia de montar bicicleta en minifalda. Tampoco debe, y esto es extensivo a la vida en general, manejar bicicleta sin medias. Nama-ashi (literalmente: pies crudos) es la expresión, algo negativa y algo erótica, con la que se nombran las piernas al aire y debe guardarse solo para la intimidad más íntima o para la orilla de la piscina.

Lección Dos. Del ascenso y descenso: una mujer sólo se sube a la bicicleta poniendo un pie en el pedal y pasando la otra pierna por delante del asiento. Por eso en las bicicletas de las niñas el tubo que va del manubrio al asiento es inclinado, mientras que en las bicicletas para varones este tubo va paralelo al pavimento.

Lección Tres. Del ruido: Sabido es que las bicicletas tienen sobre el manubrio un misterioso perolito con una palanquita que produce un sonido agudo: charín-charín. Para qué sirve tal sistema es un misterio que no nos concierne ahora. Sepa, simplemente, que no debe accionar la palanquita. Póngale que usted va en bicicleta y delante va caminando una señora cargada de paquetes; no vaya a ser tan irresponsable y maleducada como para hacer sonar el timbre para que la señora se aparte. Lo más probable es que la señora, sorprendida ante el ruido tan pocas veces escuchado, pegue un salto exactamente hacia el mismo lado por el que usted está circulando, suelte los paquetes y se le malogre la degoyo. Y aquel reguero. Tosa, carraspee, cante, tírese un peito blanco pero sonoro, pero no cometa la grosería de hacer sonar el timbre. Si todo falla, y no quiere llevarse por delante al peatón, apéese usted de la bicicleta y pase a pie, incline la cabeza y de las gracias o pida disculpas.

La semana que viene el programa estará dedicado a desentrañar los misterios de el pelado y desgaje de una mandarina, fruta típica de la estación y que se ha convertido en el parámetro con el que se mide la finura de una verdadera dama de esas que ponen en alto el nombre de la tierra que las vio crecer.

mc

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