Monday, April 04, 2005

En envase pequeño

A pesar de lo que dicen los partidarios de la miniaturización, todo tiene su límite y cada cosa su justa medida. Los teléfonos celulares, por ejemplo, han alcanzado un grado de levedad y pequeñez inimaginable para aquellos a los que nos asombraba tanto el zapatófono del Superagente 86 como el checo aquel. Modelos de 10 centímetros de longitud y 63 gramos de peso son el último ¡ring! de la tecnología nipona en su bolsillo. Lo del peso está muy bien, pero ¿el tamaño? A ver, ¿cuánto mide usted entre el pabellón de la oreja y el pandiazúcar? A menos que tenga cuatro años, seguro que excede los 10 cm. Oseaves, que muy chiquito el perolito, pero no se oooyEEE.

Sale al ruedo la contrainventiva nipona, corta rabo y oreja, y lanza al mercado unos auriculares para adaptar al molecular. Ahora usted deja el adminículo sobre la mesa, en la cartera, en el bolsillo de la chaqueta y toma cómodamente el auricular adaptable, que viene justo del tamaño que le permite hacer lo que siempre ha soñado desde que renunció a la idea de acabar con el hambre y la injusticia en el mundo: oír bien y ser bien oído. Los fulanos aparatos vienen en diferentes modelos y colores, desde el sobrio y tradicional modelo que imita en forma, color y tamaño al auricular de los teléfonos regulares y que le hace a uno preguntarse para qué, entonces, inventaron el celular compacto, hasta el novedoso modelo amarillo encendido, con forma de cambur con piquito verde y una que otra manchita negra, y cuya posesión y racional uso indudablemente harán más llevaderos aquellos solitarios momentos en los que nadie, ni siquera Avon, llama.

mc

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