Monday, April 04, 2005

Heroísmo decolorado

La noticia más increíble en lo que va de siglo. La noticia que nos hará reflexionar antes de tratar de evaluar el coeficiente intelectual aparente (CIA, pa’los panas) de nuestros semejantes. Un grupo de científicos de un prestigioso laboratorio de un no menos prestigioso Royal College, ha publicado un impactante artículo en el que se presentan los resultados de un concienzudo y bien documentado trabajo de investigación. Con pruebas contundentes, datos fehacientes y estadísticas impenetrables, los investigadores han llegado a la conclusión de que los/las catires/as están a punto de desaparecer de la faz de la tierra. ¿Nooo puedeee ser? Si toda evidencia empírica apunta en la dirección opuesta! Si las catiras no hacen más que proliferar como la yerbabuena! (O la mala, depende de la experiencia personal). Si parecen sujetas a un índice inflacionario de dos dígitos. Si uno anda por esas calles, tira una piedra, y segurito se la pega a una cabeza oro parece, plata no es. La catira popular esta a tres por cien bolívares, cinco por doscientos. Quinientos, mi doctor, y se lleva la docena.

No, dicen con majestad los serios investigadores de su ídem, el gen de la cabellera rubia es un gen recesivo y basta que uno de los padres no lo tenga para que las probabilidades de una prole catira sean tan, pero tan, bajas que en unas pocas generaciones nadie va a creer que a la abuelita le decían Melenita de Oro. Los catires son una proporción cada vez más pequeña de la población europea, fenómeno directamente atribuible a la creciente inmigración desde Asia amarilla, África negra y América morena, sin mencionar la nefasta influencia del Puma y su Pavo Real.

¿Gen recesivo? Yo juraba que el fulano gen era de acción retardada, activada por el reloj biológico. Tic-tac. Uno ve fotos viejas de Hillary, Madonna, Carmen Julia, Haydé y ahí están de pelo un ídem oscuro. Mírelas hoy en día, pletóricas de agua oxigenada. Nunca dejo de sorprenderme cuando me reencuentro con las mujeres con las que compartí salones de clase, patios de recreo, cenas familiares, y me percato de que, sin haberme dado cuenta, pasé mi infancia en Finlandia. Misterios del instancolor de Clairol.

Yo, ignorante, pensaba que había que ser to-que-to-que tonta para creer que un toque de rubio cenizo transforma una cara más o menos simpática en la mujer más glamorosa de la promoción de bachilleres Honor a mis Padres. De no ser por la concienzuda labor de los británicos, seguiría sosteniendo que la energía, el dinero y el empeño invertidos en la catirización a juro han podido ser empleados en causas, si no más nobles, por lo menos con más probabilidades de éxito. Pero sólo la información salva, acude a tu biblioteca. Estas abnegadas esclavas del tinte periódico e impostergable son desprevenidas heroínas que, ante la pronta desaparición de la catira natural se han dedicado, con un tesón que sólo tiene paralelo en la lucha contra la celulitis, a convertirse en testimonio gráfico, recurso visual, ejemplo en dos patas al que recurriremos para transmitirle a nuestros hijos, nietos, biznietos, el cuentico aquel de que cuando Catalina la Grande le pregunto a Miranda por la bandera que llevaría en su expedición, éste, galante y oportuno, le dijo: llevo tu cabellera, tus ojos, tus labios, mientras en la habitación contigua unos osos tomaban sopa con cuchara.

mc

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