Telenovela a'la nipona
Al niño Jesús le voy a pedir… el libro “La Telenovela en Venezuela” de Carolina Espada (que si sabe de telenovelas porque es su especialidad) publicado por la Fundación Bigott en la colección EN VENEZUELA. ¡Al fin! un libro que nos da una esmeralda, digo una lucecita sobre lo que somos los venezolanos, criados y engordados a punta de dosis diarias, seis días a la semana, de un gran amor imposible pero lleno de predictibilidad.
En contraste, la televisión japonesa es mucho más espartana con el melodrama y el amelcochamiento. Como todo en esta tierra, se rige por el lema de hay un lugar para cada cosa y cada cosa tiene su lugar (seiriseiton, pa’ los panas). No hay un “teledrama único e identificable” sino que éstos cambian de acuerdo no sólo a la hora, sino, más importante aún, al día de la semana. Si a usted le gusta una novela protagonizada por los más cotizados artistas jóvenes, moviéndose en sofisticados escenarios del mundo de la moda o de las finanzas tokiotas y con el tema musical que dominará el hit-parade por los próximos tres meses, sintonice FujiTV el lunes a las nueve de la noche. De este grupo de lunes-a-las-9 es “Tokio Love Story” cuyos protagonistas ultra-chic y post-cubistas ni siquiera terminan juntos a pesar de que se amaban con locura y que ya nada se interponía entre ellos. Tan en el aire quedó el asunto que de vez en cuando le hacen un “seguimiento” y ahí andan los amantes (más maduritos pero igual de flacos) cosechando éxito y amores pero con un huequito chiquitico en el corazón. ¡Ah rigor!
Los martes y miércoles, vaya usted a saber por qué, no hay drama que cuaje. La acción recomienza el jueves por la noche, generalmente con un drama de misterio, donde el protagonista o su mamá tiene un pasado horrible que incluye un asesinato o una cirugía plástica con liposucción incluída y que se resolverá al final con un aflojamiento imprevisto del tejido adiposo. ¡Terrible! El viernes ofrece dos opciones consecutivas. A las 9 p.m. una comedia ligera (hace poco hicieron una versión de Hechizada con Alisa y Jyoji) y a las 10 p.m. un drama horrible en el que están las pasiones más bajas, los enredos más extraños, las escenas más desagradables y en la que el final más feliz y aliviado que uno puede esperar es la escena de un gran incendio que no deje ni para el cuento y unos pájaros negros observando el humo. El sábado por la noche generalmente dan un drama juvenil, tontísimo e inofensivo. A menos que sea juvenil, nada tonto y bastante controversial. Para finalizar, el domingo, a las 10 p.m. dan un drama muy serio y con mensaje aleccionador muy bien encaletao para que la familia recargue las pilas para el lunes.
Eso si, todas las telenovelas tienen un ciclo inapelable de 12 semanas, en las que todo conflicto debe ser resuelto con cierto grado de verosimilitud. Este ciclo está determinado por la estación del año, por lo que en junio hay mucho jueguito en la playa, en tanto que en diciembre no falta una escena de enamorados bajo la nieve (al fondo la canción S.O.S. de ABBA). Imagínense lo que sufren los actores filmando a la orilla del mar en febrero o enfundados en tremendos abrigos con cuello imitación zorro a comienzos de septiembre. Riesgos laborales.
Clase aparte son las telenovelas de la televisora nacional: una diaria a las 8 de la mañana (Oshin, por ejemplo) que no es acerca de un gran amor sino acerca de una heroína y otra superproducción histórica que dura todo el año y que pasan los domingos a las 8 p.m. Ambas con un rating que ya quisieran las televisoras comerciales y sin ir a master.
¿Por qué será que aquí no hay grandes historias de amor que conquistan todos los obstáculos, se enfrentan a los más terribles villanos y superan las más arduas pruebas para terminar en una muy celebrada boda con tequeños? ¿Será porque como dice Masako, no hay nada como una boda para acabar con la magia? ¿O será porque no hay tequeños?
M.C.Valecillos

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