Titán de terror
Titán de terror
Otro que ha estado de cumpleaños estos días es Godzilla el monstruo nacido de un accidente nuclear. Estaban adivinen quién jugando con otra bomba-H cerca de la isla Lagos cuando ocurrió el accidente que causó la mutación de un dinosaurio vivo. Desde chiquito y como casi todo lo que estos ¿amigos? crean, el único propósito de Godzilla era, es y seguirá siendo destruir y sembrar el caos. Cualquier parecido con la realidad siempre se atribuye convenientemente a la señora coincidencia y no será transmitido por televisión. Su fecha de nacimiento no es la madrugada sino el tres de noviembre de 1954, día de San Martín de Porres, año del caballo de madera. Ese mismísimo día los franceses comienzan a enviar tropas a Argelia pues los nativos estaban algo inquietos y pensando en loqueras tales como independecia y guerrilla. El mundo gira, gira, gira…
El nombre Godzilla (Gojira) es una combinación de dos palabras gorira (gorila) y kujira (ballena) y cuentan que era el sobrenombre de un tipo así de grande que trabajaba para los estudios Toho. Cualquiera pensaría que justamente en la época de los juegos de video, Pokemón, PlayStation2, Game Boy Advanced y otros despliegues de la tecnología al servicio de la diversión, el monstruo del difraz de plástico que tumba edificios de cera con su aliento de fuego estaría más que pasado de moda y fuera de circulación hace décadas. ¡Qué va! ahora es cuando hay Godzilla para rato. Ahora que los estudios Toho han anunciado que cuelga el traje y que no habrá más películas de este ícono cultural japonés, es cuando pareciese que Godzilla está más activo que nunca, sembrando caos y destrucción por donde pase y por donde respire.
Los más recientes reportes de prensa cuentan de la presencia de Godzilla en la ciudad de Faluya en Iraq. El ejército norteamericano empeñado en exportar e imponer su visión del mundo hasta el más recóndito rincón del ídem, ha decidido que si el pueblo iraquí no quiere comprar, aceptar, deglutir, absorber y/o digerir su “maravillosa” versión de democracia y libertad, entonces, en lugar del “yo tampoco quiero mando” de Emparan, han decretado “yo tampoco quiero iraquíes” y entraron con todo su peso a arrasar casa por casa, hospital por hospital, escuela por escuela, rolo a rolo, tolete a tolete, hasta que no quede nada ni nadie en pie. Hasta que no haya hombre, niña o anciano que haga resistencia. Hasta que sólo sobreviva el terror. Cuando ya Faluya sea un pasado, cuando su nombre quede sólo para ser escrito en los folletos turísticos de “ruinas que hay que visitar”, para ese entonces, dios mediante, ya los estadounidenses, y con ellos sus amigos, que los tienen, no crea (nada atrae más amigos que el poder de destrucción), estarán reunidos celebrando el día de Acción de Gracias. Darán gracias porque son ellos los que pueden destruir, son ellos los que pueden imponer, son ellos los que tienen la sartén agarrada por el mango. Darán gracias y saldrán corriendo a hacer sus compritas de Navidad, tiempo de amor, gasto y reflexión.
Algo en el aire me hace recordar (a pedacitos) aquella canción de Bob Dylan:
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza pretendiendo no ver lo que vé?
¿Cuántas muertes tendrán lugar hasta que sepa que ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío, está en el viento… soplando en el viento.
M.C. Valecillos
Ilustracion de Rogelio Chovet

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