Monday, April 04, 2005

Tejón y karma

Si usted es de esos seres que después de las dos semanas de “home stay” que pasó con una típica familia gringacatira no soporta ni octubre ni la vida sin celebrar Halloween. Si no puede resolver la adivinanza “auya y no es perro, llama y no es gente” porque la única cucurbita moschata que conoce es la calabaza, medio anaranjada y fácil de esculpir. Si llama vacaciones de verano a las de agosto, aunque en primaria le enseñaron que en Venezuela hay dos estaciones: el verano o estación seca, de diciembre a mayo, y el invierno o estación lluviosa, que abarca el resto del año. Si usted no tiene nacimiento pero sale todos los diciembres a comprar un pino traído de Canadá y, además de decorarlo con luces y bolitas, le pone un viejito europeo al que llama el Espíritu de la Navidad. Si usted no come cochino sino pavo… usted, si, usted, debe andar de lo más desubicado tratando de celebrar el día de la marmota sin marmota, sin hibernación, sin nieve y sin primavera que no sea la eterna primavera de Boconó, jardín de Venezuela.

Ubiquémonos. El dos de febrero, día de la marmota o del tejón, queda justo a mitad de camino entre el primer día de invierno y el primer día de primavera del hemisferio norte. Dice la tradición que llevaron los alemanes a Pensilvania (Pennsylvania pa’los panas) que ese día el tejón sale de su hibernación y si ve su sombra se asusta y vuelve a su hueco, anunciando así que el invierno durará unas seis semanas más. Si, por el contrario, el animalito no ve su sombra, intuye que llegó la primavera con sus mil armonías y marca tarjeta. Pero ya esto usted lo sabe, lo que no sabe es qué hacer con esta información que se hace inútil cuando la naturaleza tropical se resiste a obedecernos.

¡Albricias! Haga de tripas corazón y aproveche que Japón también está en el hemisferio norte, y que tiene, como toda nación que se respete, cuatro estaciones y, mejor aún, una tradición que no sólo es ABSOLUTAMENTE imitable sino que combina, en rara conjunción astral, la belleza de una costumbre añeja que ni nos va ni nos viene, con el plato preferido de toda Miss Falcón: el sushi. Oseaves que Japón también celebra que ya dentro de poquito se va Pacheco, se va, se va. El tres de febrero (¿qué es un día más o un día menos si de tradiciones se trata?) usted va y se hace un “futomaki sushi” que, como ya sabe de sus clases de cocina japonesa en tres fáciles lecciones, no es más que un brazo gitano de arroz, relleno con huevo (amarillo), pepino (azul) y alguna otra cosita rosa y que en lugar de ir recubierto de crema, va arropado con una hoja de alga. Si, ese, saque sus apuntes. Un futomaki bien hecho mide 4.5 cm de diámetro y 18.5 cm de longitud y dicen que este día hay que comérselo entero, sin partirlo, sin emitir ni un sonido y mirando ¡¡crucial!!! en la dirección de buena suerte, que este año viene a ser la este-sudeste, unos 255º en una circunferencia que tiene como cero el norte.

Así que ándele, celebre con todo el mundo civilizado la llegada de la primavera a ver si se le pega algo y se desentiende del karma que lo hizo nacer en tierras con tan poco glamour que todas las fiestas del año son excusa para pasar unos días en la playa. Así no hay quién.

M.C.

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