Monday, April 04, 2005

Profundidades

¿Cuál será el parámetro por el que debe medirse la belleza femenina? Una mente masculina, simple y directa, se confundiría con la redundancia pues sólo después de aceptar que toda belleza es femenina es que los hombres, feos por default y resignados por nobleza innata, pueden dedicarse a cultivar la mente y el espíritu, sin tener que estar pendientes del escote, las medias panty, los zapatos de tacón y el rimel que tanta energía y tiempo le quitan a sus mejor dotadas contrapartes, quienes no pueden dedicarse a dar una conferencia sin primero comprobar si de verdad el azul marino las hace ver delgadas, duda que les puede impedir toda concentración y dar al traste con la más clara presentación. O por lo menos así era antes del Señorito Venezuela, gran igualador de las cargas y masas. Amigo ejecutivo: ¡meta esa barriga!.

Apartando las sutilezas de la lógica, el 76% de las mujeres censadas responde que ellas piensan, creen, juran y perjuran que lo que las definiría como bonitas es la perfección dimensional y el acabado superficial de ese pequeño triángulo, de esa profunda (ha de ser profunda para ser hermosa) hendidura que Dios les dio y el Diablo, disfrazado de kilos y mala postura, se empeña en allanar, cual comando policial sin orden firmada por la jueza quinta de instrucción.

Tres cuartas partes de las entrevistadas piensan que la suya propia no es nada bonita y, por ende, no está nada presentable... que si llegase algún día a mostrarla no es porque esté satisfecha u orgullosa de ella, sino porque condiciones totalmente fuera de su control así lo exigen. Por eso es tan temido el verano que impone a la población la obligación de despojarse de ropa. Hace calor. Con un poco de suerte, un caballero bien posicionado podrá darse un banquete visual cuando una chica decida ponerse una franelita de cuello bien descotado que exponga a la luz del sol un par de clavículas completamente limpias de todo vestigio de grasa, arrugas y similares. Dice un fotógrafo con una larga experiencia en retratar cuellos y afines que para que una clavícula sea perfecta debe albergar, por lo menos, 15 ml de cualquier líquido... Pero, advierte, la belleza de cualquier clavícula se ve dramáticamente desmejorada si el esternón de la dueña delata los huesos de la idem. Es extraño que Renoir, que tanto sabía del asunto, no llegara a dibujar esa zona y se empeñara en cubrirla de redondeces tan invitadoras a un buen arrecuéstese aquí para que vea al nene.

mc

0 Comments:

Post a Comment

<< Home