Monday, April 04, 2005

Un mes más tarde…

Se cumple un mes desde el día de la repartición oficial de chocolates en este su archipiélago favorito. Si, el 14 de marzo es el White Day oseaves el día de la retribución, importantísima en grado sumo, que si hay algo que no es perdonable en este país, además de sonarse la nariz en público, es ser malagradecido. Aqui todo se retribuye y uno se cuida mucho de no andar por la vida dejando deudas sin pagar.

Digamos que usted, hombre aunque sin mucho pelo en el pecho, recibio su chocolatico de san valentín. No viene mucho al caso que el chocolate haya sido grande o chiquito. Que haya venido en una bella cajita envuelta en papel dorado con un lazo azul o que lo haya recibido recién salido de una bolsa peso neto 500 gr. No importa si Dulcinea espero a que usted estuviese a solas para extender el regalo bajando ruborosa la mirada, o si se lo pusieron sobre el escritorio, junto con otros cinco con instrucciones precisas de “agarra uno y pasa el resto”. No, no es cuestion de exigencias ni orgullos, a usted le dieron lo suyo y no hay forma de escurrir el bulto. A retratarse.

Dice una linda leyenda que el origen de este tradición se encuentra en la mitología de la industria de los dulces y chucherías, cuyos dioses se pusieron muy envidiosos al constatar las extraordinarias ganancias que obtenía la industria chocolatera a costa de san valentin y decidieron que aquí alcanzaba para todos. En el “día blanco” las chicas esperan recibir, en especies, el pago por los chocolatines que con tanta diligencia repartieron el 14 de febrero. Parecería simple, pero no lo es. No es el “día blanco” un día que pueda ser tomado a la ligera. Por más que usted haya recibido un toronto de esos que se estan poniendo blancos y con la avellana medio pasada, la cortesía y las buenas costumbres determinan que usted va y compra unas galleticas bien bonitas, en una cajita de lo mas cuchi, envueltas en finísimo papel y termina pagando por un paquetico de galletas de soda el equivalente a unos chocolates belga exclusivos para exportación. Entre novios y afines se permite (y se sugiere enfáticamente) regalar, junto con las galleticas o chucherías porque no hay que olvidarse de que primero el estómago, una prenda más intima e imperecedera, que puede ser una pantaleta bien sexy, un pañuelo muy fino, un perfume exquisito, una joya carisima. A niveles menos emotivos, se ha determinado que son las mamás y las esposas, pilares sobre los que descansa la economía japonesa las que terminan comprando los “regalitos blancos” que dejaran a sus hijos y esposos como galantes caballeros ante la sociedad.

mc

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