Monday, April 04, 2005

Igualando por abajo

La poceta inteligente es un bello ejemplo de la tecnología al servicio de la comodidad y la higiene. Originalmente pensada para instalar en hospitales. clínicas, ancianatos y casas de luchadores de Sumo, y hoy en día cada vez más impelable en el hogar nipón, la versión más simple de esta poceta es la que tiene un pequeño calentador bajo el aro para que las posaderas del usuario no sean sometidas a un choque térmico a tempranas horas de las madrugadas invernales. Abro paréntesis para informar que las viviendas japonesas no tienen calefacción central, por lo que usted puede estar muy calientito en su habitación y si la naturaleza llama, llama a exilio en Siberia, exilio del que según estadísticas del fabricante, varios abuelitos terminan no regresando cada año. Cierro parentesis.

Una vez que se logró que nalgas y muslos estuviesen a una temperatura agradable durante los breves instantes del desahogo y, como siempre, pensando primero en los débiles, se inventó un dispositivo que hace las veces de bidet en una nación donde limitaciones de espacio imposibilitan la instalación del aparato original. Un pequeño chorro de agua que sale de debajo del aro le limpia donde usted quiera y/o requiera.

El tablero de mando, porque la poceta tiene un tablero de mando con instrucciones escritas, con dibujitos y con una version Braille, obligatoria por mandato legal en edificios públicos, le permite graduar la fuerza con la que se dispara el chorro, apuntar a justamente la zona donde se necesita el líquido limpiador y graduar la temperatura a la que quiere que se produzca el lavado. Hasta aquí llega el paralelismo con el bidet que todavía se consigue en honorables casas venezolanas y en contados hoteles españoles. Pero, ¿quién no ha sufrido alguna vez la triste experiencia de ver cómo la comodidad del lavado es vilmente empañada por la ausencia de un buen secado? Yanomami. Nuestra poceta inteligente también tiene un botoncito para aire, regulable a la temperatura deseada y apuntable hacia el objetivo preciso. Basados en el principio del Castro-Cristianismo de "cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad", la operación puede prolongarse de acuerdo a las condiciones, preferencias y características específicas del afortunado usuario.

La zeta del zorro la constituye un pequeño sensor que hace que toda operación se suspenda al no ser detectado ningún peso sobre la estructura, evitando así que los niños hagan un reguero a punta de jurungar el chorrito, o que a los usuarios apurados se nos moje el pantalón.

mc

0 Comments:

Post a Comment

<< Home