Junio
Junio es mes de lluvia por los vientos monzones. Y yo-ví-a, yo-ví-a. Después que nos hemos empapado hasta los huesos y cuando no queda clavito donde colgar una toalla o una franela para que medio se seque, la Agencia Metereológica Nacional anuncia, como si nadie se hubiese dado cuenta y como quien anuncia la apertura de la temporada oficial de pesca de truchas, el comienzo oficial de la temporada de lluvia, la cual dura, sé que no me lo va a creer, hasta que deja de llover. Cuando todos estamos sequitos, la antes nombrada agencia sale muy oronda viene y declara el cese oficial de la temporada de lluvia, lo que da paso a una terrible duda de carácter existencial: ¿seré yo la única persona que no sabe utilizar esta información?
Junio también trae el día del padre. Si, el día del señor ese que hace unas semanas dijo que él no tenía nada que ver con el día de la madre, que esa no era más que una de las tantas estrategias de mercado jugando con los nobles sentimientos del amor filial y que, al fin y al cabo, madre es una sola y esa esposa no es su mamá, aunque sea ella la que le escoja las medias, lo acompañe al urólogo y lo mande para la barbería. Ese señor pasa las tres primeras semanas de junio con los nervios de punta: ¿habrá tomado la familia en serio sus apresuradas declaraciones hechas bajo la presión de saberse incapaz de comprar un regalo decente y de buen gusto sin llegar a los gastados e innecesarios extremos de un diamante o una esmeralda ? ¿Habrá lugar, bajo las gruesas capas de comercialización e interés económico, para un granito de sentimiento de ese que dice “gracias, papá” acompañado de una taza de té del de las visitas, recién preparado, o de un vaso de cerveza bien fría? Diga lo que diga la Agencia, el cielo no se le despeja a ese señor sino hasta la mañana del tercer domingo, cuando le llega una tarjeta de la hija ausente y la santa que tiene por esposa se levanta tempranito a preparar termos y sandwichs para celebrar el día del padre en contacto con la naturaleza escalando los mil quinientos metros del monte Tsukuba. Pero como está lloviendo, quedémonos en casa, comámonos los sanguchitos y disfrutemos las cervezas. Desde la ventana podemos disfrutar del espectaculo natural más hermoso: la lluvia de junio embelleciendo las hortensias.
mc

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