Acabaron con la navidad
Pasó la fiesta de las brujas y llegó el 15 de noviembre, fecha vernácula en la que los padres y abuelos, todos muy emperifollados y, si es posible, de kimono, visitan los templos para dar gracias por la salud de los chiquillos de 3, 5 y 7 años, y a pedir entereza y paciencia para criarlos, porque hasta aquí no ha sido llaga, sino peladura. Cumplida esta formalidad, nos invade el Meri Kurismasu y Rodolfo el reno: las calles, avenidas y grandes tiendas están decoradas hasta el exceso con pinos, luces y arbolitos, y la pizza la reparten unos muchachos flacos y desgarbados vestidos de rojo con un gorrito roji-blanco. Abrimos un pequeño paréntesis para recordar que el día del solsticio de invierno la tradición llama a comer (nada de adornar, escarbar o alumbrar) auyamas y a bañarse en agua de lima, familia del limón, no de Chabuca, vallito.html medidas ambas que nos ayudarán a llegar al nuevo año sin pasar por un resfriado. Cerramos paréntesis y seguimos con la navidad. Las pastelerías ofrecen suculentas tortas navideñas que no son más que la misma torta de toda la vida con un poquito más de crema blanca y una figurita del amigo Santa, que es como se conoce aquí al gordito. Los chamos y los comerciantes se confabulan para sacarle a los adultos reales en forma de regalos de navidad; los restaurantes y los hoteles apelan a la vieja historia de la Noche de Amor para venderle a las parejas establecidas, en ciernes o ad hoc un ventajoso paquete de cena romántica, habitación cálida y con buena vista, nutritivo desayuno en la cama y, por un módico recargo, un bello ramo de rosas rojas como la pasión que nos envuelve y arrastra.
Llega el 26 y venía una brisa que me la apagaba. Como por arte de magia (la magia de contratar mano de obra extra) estrellas, luces y pinos se transforman en mandarinas, bambú y pino. Todo mundo se faja a escribir las tarjetas de ¡Feliz Año!, que deben ser entregadas al correo a más tardar el 28 de diciembre para que sean repartidas el primero de enero; los volantes que ayer anunciaban tortas hoy ofrecen "osechi" la comida típica para el nuevo año compuesta de pescado, legumbres, vegetales, huevo y otros ingredientes, aderezados según el gusto y costumbre de cada región y que vienen muy ordenaditos en cajas rectangulares laqueadas. Hágase la idea de que es una hallaca pero sin revolver, aunque con la misma fuerza para despertar pasiones y propiciar desacuerdos gastronómicos, del tipo "el mejor osechi es el de la región de Tohoku" o "no hay osechi como el de mi mamá".
Un lugar y un tiempo para cada cosa, cada cosa en su tiempo y lugar: ¡Adiós Navidad! ¡Hola, Año Nuevo!… rapidito, eso si, porque tenemos en fila la celebración del fin del invierno.

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