Consumismo
“¡Fantásticas piernas! torneadas y con una piel impecable”. “Ha ganado unos kilos justo en el lugar adecuado”. “Un nuevo amor… ¿florecerá?” Con ustedes, duelo de titanes: Takanoumi contra Uminotaka.
Venezuela tiene a Alicia Machado y Bob Abreu, bellos y plebeyos. Inglaterra tiene a Carlos y Camilla, nobles pero más feos que vomitar mamón. Los EEmásUU tienen a Michael Jackson y a Paris Hilton, a cual más de los dos… ¿Japón? En Japón el público respeta demasiado a la familia imperial, la farándula no ofrece sobresaltos, y las dignas representantes de la mujer criolla no desfilan en traje de baño. Pero Japón tiene el Sumo. Arte, cofradía, negocio, alma nacional encarnada en un luchador mongol o hawaiano; misógino sin ser de machos; mente sana en un cuerpo que va en contra de todas las recomendaciones de sanidad; tradición llena de efímeras dinastías.
El sumo, al que sólo se entra se tiene la estatura adecuada y el talento, el espíritu y la capacidad de engordar 50, 70, 100 kilos para mostrarlos sin tapujos en interminables sesiones de entrenamiento físico, comidas desbordantes y siestas a deshora.
Dicen que los japoneses nunca hablan de política, de religión o del servicio doméstico. La primera es aburrida, la segunda es demasiado privada, y el último no existe. Como tema de conversación, con el sumo basta y sobra. Ejemplo más reciente es la sentida desaparición, hace pocos días del gran Futagoyama, cabeza de la familia Hanada, de donde han salido cuatro de los grandes rikishi de la última mitad del siglo pasado. Un funeral solemne, lleno de crisantemos, kimonos, carrozas e incienso y transmitido en cadena en los shows matiné para señoras desocupadas. Las susodichas no habían terminadode guardar los pañuelos cuando oían asombradas que los hermanos Hanada no se pueden ver el uno al otro, que están peleando por las cenizas de su amado padre y que hay un misterio con unas acciones a nombre del difunto que no aparecen por ningún lado. Ya la cosa desbordó los shows de farándula y pasó al noticiero de las 5:00 p.m, el que se ve antes de cenar. Ya en los foros virtuales se han definido bandos que se odian a muerte. Ya las revistas tienen ediciones especiales en la calle. Ya los tribunales se aprestan a bloquear acceso a la prensa. Como ustedes pueden ver, hay tema de conversación y razón de vivir hasta el Gran Torneo de julio, cuando la preocupación nacional será la última malacrianza de Asashoryu.

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