Wednesday, May 16, 2007

¡Qué maldita mala suerte!

Si a alguien le quedaba alguna duda de que hay un dios en los cielos que será omnipotente, omnipresente y omnipendiente, pero que tiene un pésimo sentido de la oportunidad, ésta se despejó total y dolorosamente este este 9 de diciembre. Y que conste que la ocasión fue anunciada con antelación para que no tomara a nadie, aún al más distraído, de sorpresa: esa noche, hora GMT, en la ciudad alemana de Leipzig, en transmisión en directo-vía satélite a unas doscientas cincuenta millones de personas, con la animación del colombiano Juanes y su "Camisa Negra", las manos inocentes de ídolos como Pelé, Cruyff, Beckenbauer y Milla sacarían las bolitas del el sorteo que definiría la agrupación de los equipos a enfrentarse por la Copa Mundial de Fútbol 2006. Desde temprano todo el archipiélago, o por lo menos el discreto porcentaje que representan sus fanáticos del fútbol, esperaba angustiado a que comenzara la función.

Hace apenas tres años que a Japón le tocó ser sede de esta misma Copa. Tras el shock inicial de saber que no sería Japón 2002, sino Corea-Japón 2002, inmediatamente la nación paso el suiche y se enfiestó. Hizo y remodeló estadiums a granel, preparó comités regionales de bienvenida, entrenó a guías y a voluntarios, imprimió folletos y avisos de tránsito en varios idiomas y designó a varias ciudades y pueblos como anfitriones oficiales de los equipos. Entre ellos, destacó el pueblito que sirvió de anfitrión a Camerún, país que, por razones financieras, tardó diez años luz en llegar a Japón. Todos los días el comité de bienvenida iba religiosamente hasta la estación y regresaba con las manos llenas de las flores, cintas y el bolso de piel marrón que había llevado para sus problemáticos huéspedes. Llegó el momento en el que el noticiero de la tarde comenzaba con el parte "Hoy tampoco llegó Camerún", y en retrospectiva agradecemos que nunca utilizaron ese novedoso recurso de la televisión venezolana consistente en acompañar las noticias con música de película de suspenso, pues la fanaticada se habría suicidado en masa o, peor aún, habría retirado a su equipo de la contienda para después impugnar los resultados del campeonato que de todas maneras no iban a ganar. Cuando ¡al fin! apareció Camerún, eso fue que ni Ulises.

Como este, abundan ejemplos de lo bien que se portó Japón como co-sede en el 2002. ¿Era mucho pedir, entonces, que en el sorteo le tocase algo un pelito más cómodo que el Grupo F con Brasil, Croacia y Australia? Nadie se queja de Croacia y Australia, ambos muy buenos equipos. Nadie dice que hubiese sido más fácil si la cabeza del equipo hubiese sido Inglaterra, Alemania, México, Italia, Francia o la misma Argentina, pero en estas cosas el factor psicológico es decisivo. Además de que Brasil es el actual campeón y que Japón nunca le ha ganado ni medio partido, el técnico de la selección japonesa es nada menos que "Zico", el llamado Pelé blanco, antiguo miembro de la selección brasileña y uno de los pioneros y pilares del fútbol local porque el fútbol japonés es lo que es gracias al fútbol brasileño y eso se agradece.

Pero ahora, por evidente desidia o descuido aquél que decide la suerte, los brasileños tendrán a unos cuantos millones de corazones rogando aquí y allá porque pierdan aunque sea uno de los juegos de la primera ronda, y, si no es abusar, que esta derrota sea contra la oncena de Zico quien "hoy tiene en el alma una pena y es por culpa de un sorteo". A ver si esta vez está pendiente.

M.C.

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