Tuesday, January 23, 2007

Código de desinformación

Además de las terribles olas que causaron tantas muertes y tantos daños en las costas asiáticas, el terremoto de Sumatra generó ondas sísmicas que estuvieron dándole vueltas al mundo durante semanas y semanas, cada vez más y más débiles, hasta que sólo los instrumentos debidamente calibrados registraban estas ondas, secuelas de la onda mayor. No sabría decir cuánto tardaron en llegar estas ondas al otro lado del globo, ni cuántas vueltas dieron, ni cuánto tardaron en disiparse (¿será disiparse el término correcto?). Sólo sé que no sé nada y que la forma cómo viajaron estas ondas, la velocidad a la que se propagaban y la energía que perdían con cada vuelta es materia de estudio para los científicos especializados en sismografía.

Otro tema de interesante estudio es la forma cómo se propagan las des-noticias a través de los más modernos medios de incomunicación. Hace ya varios meses, recibí un haz de mensajes electrónicos en los que sus respectivos remitentes se horrorizaban ante lo que algunos llamaban el “penúltimo intento del régimen para acabar con las libertades de los venezolanos”, “la consagración en Gaceta Oficial de la Talibanización de la Patria” y otras delicatesses por el estilo. La causa de tal derroche de dramatismo era un artículo del Código Penal que establece que la mujer adúltera será penada con cárcel de tantos a cuantos meses, sin que se mencione la pena que se le dará al varón adúltero, lo cual hace suponer que éste sólo tiene que correr con los gastos de restaurante y hotel de carretera. Ni que fuera el Príncipe Carlos. Sunescándalo, súnabuso, escribían en letras mayúsculas, utilizando emoticones de vestiduras desgarradas y casi llamando a la desobediencia civil, consistente, supongo, en declararse adúltero o adúltera en rebeldía para retar a las autoridades respectivas a ejecutar el arresto previsto por la ley, sin aceptar defensa ni introducir un recurso de amparo. Una lástima que se haya dejado pasar esta oportunidad, con tanto adúltero declarado, el sistema legal venezolano habría colapsado un abrir y cerrar de piernas y al salir del túnel, ahí estaría: País de Nieve.

Las primeras ondas zaperoquianas fueron de magnitud mayor que nueve pero menor que diez en la escala Ritcher, seguidas por olas sucesivas de menor intensidad con pequeños repuntes los fines de semanas y puentes a guardar. Total que, entre tanta alarma, me llegó por carambola un mensaje de una ex-senadora criolla en el que dice que perdóname pero discúlpame pero que este artículo no lo pusieron, en cobarde madrugonazo, los lacayos de este oprobioso régimen, ni los del próximo pasado sino que, lamentablemente, está, no en el Código Penal sino en el Código de Procesamiento Penal aprobado en 1926. ¡No pegastéis ni uno! Continúa la ex – Senadora diciendo que ella y un grupo de juristas ha intentado en vano derogar del CPP el capítulo de los llamados “delitos contra las buenas costumbres y el buen orden de las familias” y que nadie nunca les ha parado medio. Ni les pararán, me atrevo a anunciar. Porque esto de reformar un artículo en un código debe ser un procedimiento muy fastidioso y que no recoge laureles. Esmás fácil formar alharaca, fruncir el ceño y gritar YOLOSABIA con suma indignación… y mandar el mensaje electrónico.

Las ondas sísmicas siguen las leyes de la física y por eso son estudiables y predecibles. Curioso que las ondas de la desinformación sean también predecibles y estudiables aunque no sigan una ley sino un mandato: Utiliza cualquier herramienta que te permita hablar mal…. que algo queda.

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