Tuesday, May 23, 2006

Al final es el verbo

El mejor programa de la radio venezolana que se escucha en Japón es, por unanimidad entre los radioescuchas, “Como Ustedes Pueden Ver”, por Radio Nacional de Venezuela. Por diferencias de horario, causadas sin lugar a dudas por desidia del gobierno nacional de una de las dos naciones, yo lo oigo a las ocho de la mañana oseaves que eso es despachando a los muchachos para la escuela y sintonizando a los Robertos, con una taza de café negro como mi alma para que las neuronas cojan mínimo y no se dejen apabullar por el proceso de deconstrucción paradigmática con cuchillo de palo (DEPACUPA, según Derrida) al que se dedica con fruición este dúo. Fue uno de esos días en los que era temprano pero no llovía cuando Roberto, no ese Roberto, sino el otro Roberto, el de al lado, sorprendió al público diciéndole que en el idioma japonés los verbos no tienen tiempo futuro. A partir de ese infausto momento no han cesado de llegarme mensajes de compatriotas preocupados por esta falta estructural del idioma que, según estos amigos, seguramente traerá consecuencias impredecibles en la mente de cualquier mortal. ¿No vuelven, entonces, las golondrinas de Gustavo Adolfo? ¿Se equivocó Quilapayun con las probabilidades de victoria del pueblo? ¿Fue un error de conjugación temporal lo que selló el destino de la Guerra Civil cuando España enfrentó al fascismo?

No, no es para tanto. Lo que pasa es que los japoneses, para dedicarse a otras cosas igualmente improductivas, como el aprendizaje de los ideogramas en los que escriben (kanji pa’los panas) como que decidieron armar la gramática de manera que usted agarra el verbo comer y lo conjuga en pasado y en presente los modos activo (como), pasivo (me comen), condicional (si comiera), posibilitivo (puedo comer), condicional posibilitivo (si pudiese comer) y condicional posibilitivo pasivo (si puediera ser comido) en los tiempos presente y pasado, en sus formas negativa y positiva, con las inflexiones apropiadas al habla femenina o a la masculina, con las variaciones del caso según el conjugante esté frente a una persona mayor o menor en jerarquía y/o edad, con todas las variaciones posibles (mayor en jerarquía y edad, menor en jerarquía y edad, mayor en jerarquía pero menor en edad, menor en jerarquía pero mayor en edad), y teniendo en cuenta la ausencia o presencia de lazos de consanguinidad entre los dialogantes que como ya sabemos la sangre es más espesa que el agua y enturbia todas las reglas gramaticales. Como usted podrá ver, a esas alturas de la conjugación a cualquiera le sabe a soda el futuro, se le declara una anorexia crónica y desde ese mismo instante decide declararse en ayuno absoluto, jurando por este puñado de signos de adición (+) que de ahora en adelante lo suyo es suministro de suero por vía intravenosa.

Así que la próxima vez que Roberto, no este Roberto, sino el otro, el que se le sienta al lado, el de lentes y bigote, se atreva a tratar ligeramente el tema de la conjugación de verbos en el idioma japonés, aquel que Francisco Xavier dijo que había sido inventado por el diablo para dificultarle a los jesuítas toda tarea de evangelización a puño y espada y salvarlos del destino de las islas Filipinas, ya usted sabe como hacerle frente: Llame al programa y pídale que ahí, en directo, en vivo y sin chuleta le conjuge un verbo… irregular.


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