Tuesday, January 23, 2007

Aflojando el nudo

El primero de junio y el primero de octubre son los días oficiales para el cambio de uniforme en las escuelas y liceos. En junio se cambian la camisa manga larga y la chaqueta de lana por camisas manga corta sin chaqueta. En octubre, cual película en reverso, se guarda en naftalina la versión venariega del uniforme y se saca la versión invernal. Es todo un espectáculo, pues el primero de junio el mundo amanece cual marinero, de blanco y azul, refrescando la vista y los corazones. Por otro lado, pero despacito, el primero de octubre baja una cortina de colores sobrios recordándole a grillos y hormigas que ahí viene el largo invierno.

A diferencia del neo-conservadurismo latente en unas botas de cuero en Maracaibo, esta costumbre del cambio de ropa es un claro ejemplo de comunismo estacional: cada quién según la temperatura ambiente y a cada cual según su temperatura corporal. Claro que, como todo comunismo, éste necesita una actualización siglo veintiuno que lo adapte a las necesidades del zanjón: calentamiento global y altos precios del petróleo. No puede un sistema viable y sustentable, conformarse con que los muchachos y los oficinistas pasen de la manga larga a la manga corta sin atacar, al mismo tiempo, al enemigo milenario de la frescura y el buen olor, ese terrible flagelo que acompaña al hombre desde que Moisés atravesó el desierto y al llegar sin corbata, sucio y negrísimo de tanto sol, le negaron entrada a la tierra prometida. Si, esa misma corbata se ha convertido en el enemigo a vencer en la cruzada contra el abuso del aire acondicionado. Gracias a los oficios de la Ministra para el Ambiente, el gobierno nacional decretó revolucionariamente que, a partir del 1 de junio hasta el 30 de septiembre, los empleados públicos pueden ir a trabajar sin corbata y sin paltó. Esta política permitirá que los aparatos de aire acondicionado en las dependencies públicas puedan ser ajustados a 28 grados en lugar de los populares 26 o los exagerados 22 que usa la burocracia local, con un gran ahorro de energía y una considerable disminución de la emisión de gases nocivos.

Pero, si hay algo más difícil de vencer que los hongos en los pies es la resistencia a la innovación. A pesar de la buena acogida que le dio la prensa, a pesar de los comentarios favorables de educadores y de ambientalistas, a pesar del gusto con que Koizumi se ha aflojado el nudo, no ha faltado quien le consiga peros a esta medida. No es una iglesia que teme que la muestra de codos y antebrazos incite al pecado. No es la asociación de dermatólogos que pronostica un aumento del cáncer de piel. No es la oposición que no ve sino una vil maniobra del gobierno para perpetuarse en el poder. No es el Koizumismo sin Koizumi. El rechazo viene, y no deja de producir cierta simpatía, de la asociación nacional de fabricantes y distribuidores de corbatas, que rechazan la intervención gubernamental en el equilibrio del mercado. Esta asociación piensa que ¡cómo va a venir el gobierno a decirle a la gente que no importa que ande sin corbata! Sinceramente. Ahora lo que falta, dicen los corbateros, es que la porción femenina de la administración pública haga a un lado todo pudor sentido común y se presente a trabajar en sandalia y sin medias. Por terrible y lejana que pueda parecer esta posibilidad no es el momento de bajar la guardia. ¡Que suban el aire acondicionado SIN aflojar la corbata!

.Parafraseando a Abraham, “no se puede complacer a todo el mundo todo el tiempo

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