Algebra electoral
Si usted es de los que siguió con creciente asombro la explicación que dieron brillantes estadísticos sobre la cuasi-imposibilidad numérica de que dos mesas electorales contiguas dieran el mismo resultado durante el referéndum, aún cuando los votantes venían del mismo grupo socio-económico-geográfico y estaban enfrentados a sólo dos respuestas posibles. Si usted asintió compungido y alterado cuando aquel abogado le pre-aseguró que el REP no podía crecer más allá de la tendencia histórica, obviando con elegancia, eso si tiene él, programas, jornadas y brigadas de cedulación, nacionalización y registro. Si usted se enamoró de la leyenda de un cisne negro que se casará con la palomita blanca y la llevará en sus alas a ver a Jesús. Si, callada, mira al cielo y sin que la vean llorar pregunta ¿qué sera de la vida del hacker cubano en el satélite ruso? Si, después de haber paseado por todas estas novelas inconclusas, cuando de verdad, verdad se sintió realizada fue cuando se fajó a meter el asterisco con su cédula en la base del CNE y sintió esa descarga de adrenalina del que está haciendo historia, pensando que había dejado de ser un elemento pasivo para tomar la batura y dirigir el concierto de la democracia sin moverse de su casa. Si del protagonismo colectivo pasó a ¡otla vez aloz! en un abrir y cerrar de correo electrónico, y está a punto de tirar la toalla porque así no se puede… ¡achante un pelo! Para usted traigo en exclusiva, sin adornos y en la rayita, el penúltimo elemento de desinformación electoral.
Veamos ¿Hasta que cifra puede usted recitar el valor de la relación área/longitud del círculo: Pi (π)? A efectos de rapidez basta con tomar el valor 3. Para calculos más precisos habrá que usar el 3.14 y de ahí en adelante sólo es cuestión de lucirse. Aquí donde usted me ve, le puedo recitar de memoria hasta la cifra número 16. Un simple truco nemotécnico de chamo de bachillerato en ciencias. Nada especial si me compara con el señor Haraguchi, un japonés que acaba de romper el récord Guiness de recitación de Pi. El señor Haraguchi le recita de memoria, si usted no anda apurado, hasta la cifra decimal número ochenta y tres mil cuatrocientos treinta y uno. Sólo se tarda trece horas, con pausa para tomar un poco de agua, pues tampoco es cuestión de forzar la garganta.
¿Qué tiene que ver esto con lo de más arriba? Facilito. Usted abre la página del CNE y ahí donde se identifican los votantes mete el valor de pi sin el punto decimal ¡Ahistá! Votante identificado. Ahora elimine el tres e introduzca el resto de los números. ¡Otro! Nada más que eliminando el número a la cabeza ya usted tiene un número nuevo que a lo mejor está o a lo mejor no está en la base de datos consultada. ¿Vió? Son más de ochenta y dos mil posibles cédulas. Ya identificó cuál es la trampa del Consejo Nacional Electoral para pisotear sus derechos ciudadanos: El CNE contrató a Haraguchi para que cantara.
Echele el cuento a cinco personas y asuma su minuto de fama en cualquier programa de la radio o de la TV. Su consagración en las listas de correos. Su estrellato en los foros de discusión virtual. Si con ello convence a por lo menos una persona para que no vaya a votar, siembre un árbol y escriba un libro.
Eso si, no es por criticar, pero ¿no le parece raro que quien hable de trampa, se horrorice de los trucos, se asombre de las manipulaciones sea precisamente el primer chicharrón en la invención y propagación de teorías cada una ridícula que la inmediata anterior?

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