Thursday, March 01, 2007

El dragón (Akutagawa R.)

Vivía en Nara un monje de nombre Kurodo Tokuko al que, por su roja narizota le habían puesto de apodo Hanakura.
Una noche, harto de que los otros monjes se burlasen de él, Hanakura caminó solo hasta el estanque de Saruzawa y frente a un sauce llorón que allí había, clavó un letrero que decía, en trazos de pincel, “El tres de marzo un dragón ascenderá al cielo desde el estanque”.
Hanakura, por supuesto, no sabía si en el estanque habitaba o no un dragón, lo que buscaba era sólo vengarse de sus colegas. Al día siguiente, temprano, una viejita encorvada pasaba por un lado del sauce llorón, camino al templo. Le pareció extraño ver ese letrero y como sus ojos no le permitían leer lo allí escrito le pidió a un monje que casualmente estaba cerca que se lo leyera. “El tres de marzo un dragón ascenderá al cielo desde el estanque”.
- ¿Hay un dragón en este estanque?
- Hace mucho tiempo a un sabio chino le salió una protuberancia en un párpado que le causaba un terrible escozor. Un día, el cielo se obscureció repentinamente y comenzó a llover torrencialmente. Al sabio se le reventó el bulto y de él salió un dragón negro que ascendió como una flecha hasta el cielo, dispersando las nubes. Si de un lugar así puede salir un dragón, qué no podrá salir del fondo de este estanque.
La anciana, sabiendo que un monje nunca miente, quedó impresionada.
- Claro, ahora que lo dice, me parece que el agua tiene un color extraño por este lado.
Y se alejó apresuradamente, murmurando jaculatorias.
El monje, que no era otro que Hanakura, regresó al templo. Delante de la puerta sur se encontró con Emon, su compañero de celda.
- Hanakura, qué raro verte levantado tan temprano ¿será que va a llover?
- Quién sabe. El tiempo está raro – respondió con aire misterioso- he sabido que el tres de marzo un dragón ascenderá al cielo desde el estanque de Saruzawa.
Emon le respondió con sorna:
- ¿Estabas soñando? Dicen que soñar con dragones trae buena suerte. Y se alejó sonriendo.
Hanakura susurró como para sí:”no puede hacerse nada por un alma perdida”
Emon se volvió furioso y le dijo:
- ¿Tienes alguna prueba de que un dragón ascenderá al cielo?
Hanakura, con calma, apuntó hacia el estante y dijo:
- Si no me creees, ve a leer el letrero que está junto al estanque.
Esta observación desarmó a Emon.
- Ah! ¿Hay un letrero? -dijo como alumbrado, y se alejó pensativo.
En dos o tres días ya en Nara no se hablaba de otra cosa. Muchos opinaban que era una broma, una tontería, pero casualmente en esos días se difundió el rumor de que desde los jardines de Shinsen, en Tokio, había ascendido un dragón al cielo. Hasta los más escépticos comenzaron a medio creer la historia.
A los diez días de haber aparecido el letrero, la hija de nueve años de un monje del santuario de Kasuga, soñó con un dragón que bajó del cielo y le dijo “el tres de marzo ascenderé al cielo, pero no deben preocuparse, no haré ningún daño”.
En seguida el relato del sueño del dragón del estanque de Saruzawa consiguió gran remombre en toda la ciudad y comenzó a ser adornado de todo tipo de detalles. Un niño compuso un poema inspirado por el dragón. Un dragón se le apareció a una monja. Un anciano que iba cada mañana a vender peces al mercado, estaba leyendo el cartel cuando vió que el agua brillaba con cierto resplandor. Temblando de miedo dejó la carga y se acercó al sauce para observar el estanque a través de sus ramas. Entonces vió en el fondo del agua un objeto extraño parecido a una gran cadena negra de hierro. De repente, como si se hubiera asustado por un ruido, la figura se deslizó hasta desenroscarse y desapareció dejando una estela en el agua. Cuando el hombre regresó al lugar donde había dejado su carga, le faltaban unos veinte peces.
“Te los habrá robado algún espíritu”, decían algunos. Pero otros, muchos mas, decían: “el dragón se compadeció de los peces y los ha llamado de vuelta a su morada.”
A medida que crecía la fama del letrero, aumentaba el orgullo de Hanakura. Cuando faltaban cuatro o cinco días para el tres de marzo, hasta su tía llegó para visitarlo después de un largo viaje pues quería ver la ascensión del dragón. El monje buscó todo tipo de excusas y pretextos para disuadirla, pero ella no quiso prestar oídos. Finalmente, Hanakura tuvo que ceder y prometer acompañarle el tres de marzo a ver la ascensión del dragón al cielo.
Había logrado engañar no sólo a la gente de Nara, sino a decenas de personas en muchas regiones cercanas. Esto, en lugar de agradarle, le produjo pánico. Se sentía corroído por el remordimiento y como un delincuente.
Pasaron los días y llegó el tres de marzo. Como lo había prometido a su tía, fue con ella hasta el peldaño más alto de la escalera de piedra de la gran puerta sur del templo de Kofuku. Había llegado gente de todas partes. Al mirar desde lo alto de la escalera sólo se veía un mar de gente que aparecía envuelta en neblina. Había carretas, gente con sombrillas e incluso habián montado tiendas en el camino. Parecía que fuese a celebrarse la Fiesta de Kamo.
A medida que pasaba el día, iba llegando más y más gente, al punto tal que el estanque se veía tan pequeño que hasta podría dudarse que ahí viviese un dragón.
Entonces le sucedió algo extraño a Hanakura. En lo más profundo de su corazón comenzó a creeer que realmente el dragón iba a ascender, después de haber pensado que era imposible. Pese a haber sido él quien colocó el letrero, al mirar el ondear de los sombreros empezó a sentir que iba a suceder algo extraordinario. Pensó con remordimiento que por haber colocado el letrero se había armado tal alboroto y comenzó a desear que el dragón ascendiera al cielo.
Cuando ya había transcurrido medio día desde la llegada de Hanakura, surgió en el cielo una nube tenue como humo de incienso. En seguida comenzó a crecer y pronto se oscureció el cielo. Sopló el viento y el estanque, hasta ahora plano como un espejo, se llenó de olas. Los visitantes apenas alcanzaron a protegerse del gran aguacero que cayó acompañado de rayos y truenos.
De repente, un dragón negro de unos treinta metros ascendió al cielo, desgarrando las nubes y arrastrando una columna de agua tras él. Hanakura vio borrosamente la figura y las garras doradas entre las nubes y el vapor de agua.
La visión duró un instante. Después solo se pudo ver, entre la lluvia y el viento, volar en el cielo oscuro las flores de los cerezos que crecían alrededor del estanque. La gente parecía formar olas al huir en desbandada bajo el fragor de la tormenta.
Por fin cesó la lluvia y el sol apareció de nuevo entre los claros de las nubes. A Hanakura le parecía imposible que hubiese ocurrido una cosa así. Trató de levantar a su tía que permanecía sentada como si estuviese muerta
- ¿Has visto al dragón? Le preguntó con apremio.
Su tía dió un profundo suspiro, sin poder hablar por unos momentos.
- Lo he visto, lo he visto –respondió con voz temblorosa – Tenía las garras doradas y era completamente negro.
Entonces corrió la voz de que toda la gente, viejos, jóvenes, hombres, mujeres, que aquel día estaban allí reunidos habían visto al dragón negro ascender al cielo entre las nubes.
Al pasar un tiempo, Hanakura confesó que él había hecho la travesura de escribir el letrero, pero ni Emon ni sus otros colegas le creyeron.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home