Wednesday, May 16, 2007

No es tan fiero el escualo

Con una muestra de 580 especies entre peces y otras formas de vida marina, el acuario de Oarai, en la costa del Oceano Pacífico, se enorgullece de tener una de las exhibiciones más completas de Japón. Entre tanta variedad, la favorita de grandes y chicos es la colección de escuálidos, llamados también escualos o tiburones, la más grande de todo el país. La gran atracción es pasar por el medio de acuarios en forma de túnel en los que nadan más de cuarenta tipos de estos peces, fantasiando con que, en una de esas, un pequeño defecto estructural hará que una grieta corra a lo largo del grueso vidrio justo en el momento en el que el tiburón más grande de la partida nos está pasando por la cabeza. Arrímese para acá, cholita.

Habiendo contribuido a la formación de los sólidos lazos que se forman entre seres humanos que pasan juntos un mismo susto, el acuario asume su función didáctica y nos lleva a una exhibición de fósiles, modelos y cuerpos disecados de los escualos grandes y chiquitos, claros y oscuros, carnívoros y ¿vegetarianos? Aunque es inegable que una boca de tiburón no es comidita de viernes, no deja de sorprender el descubrir que los dientes de los escuálidos, fuertes y temibles como el que más, vienen en simpáticas hileras muy uniformemente formadas. La explicación, dada por un niño de quinto grado es que, ahí donde usted los ve, los escualos hacen gala de una gran ferocidad que al parecer no está acompañada de una dosis equivalente de tenacidad o aguante. Ellos muerden duro, indudablemente, pero si el objeto mordido es fuerte y muestra poca voluntad para colaborar, el escuálido no se amarga la vida, deja que la supuesta víctima le arranque los dientes y se va nadando a esperar que, en cuestión de pocas horas, el nuevo frente dental esté listo para la próxima sesión.

¡Claro glotón!, ¡así se explica todo! Basta esperar un tantico para ver como el escuálido deja ir a la presa que con tanto ahínco mordió, después de haberle hecho creer a los ingenuos que en ello se las jugaba todas, cuando en realidad lo único que tenía sobre el tapete era unos cuantos dientes, afilados pero totalmente prescindibles y desechables, útiles sólo para hacer llaveritos y amuletos completamente inefectivos. Sea dentro o fuera del agua, sean principios o lomito de ballena, sean importantísimas denuncias o humildes piernas de temporadistas, el escualo pone aquella carota mientras se va deslindando suavemente ¡Y cómo aplauden las focas!!!

M.C.

Publicado en el vespertino Tal Cual.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home