Wednesday, May 16, 2007

Trío de ases

Haciendo un recuento del año, me sorprende saber que entre los personajes que más publicidad y más cariño recibieron en el 2005 están un científico, un cantante y un revolucionario... fallecidos hace rato.

Fue este el año centenario de la publicación de la que es quizás la más famosa ecuación alguna vez escrita, e=mc2, con la cual Albert Einsten presenta su Teoría de la Relatividad y Japón lo estuvo celebrando con cientos de charlas, exposiones y programas. Einstein y su esposa estaban en ruta hacia Japón cuando se recibió el anuncio de que le había sido otorgado el Premio Nobel en Física 1921, y los japoneses, orgullosísimos, le dieron apoteósico recibimiento. De ello da fe una abundante documentación en la forma de artículos, fotografías, transcripciones, películas y relatos de cuantos testigos presenciales o de oídas que hace y hará las delicias de cualquier historiador.

El cantante es, por supuesto, el inolvidable John Lennon, de cuya muerte se cumplieron veinticinco años el pasado 8 de diciembre. La visita de los Beatles a Japón por allá por 1966 también fue de tomar palco. De la misma manera como cada maracucho y su primo estaba cruzando, acababa de cruzar o estaban pensado cruzar el lago cuando el carguero aquel partió el puente en dos, todo japonés mayor de 50 años dice haber presenciado personalmente y en primera fila la llegada, el desfile, el concierto y/o la despedida en el aeropuerto de los chicos de Liverpool, uno de ellos casado precisamente con una de las hijas de la casa, la controversial Yoko Ono. Hoy en día, la honorable viuda Ono, cuida con celo y afán la memoria de John, cuya imagen ha crecido en Japón hasta alcanzar niveles a los que nunca llegará el resto de los Beatles, por muy caballeros de su majestad que sean. Con decir que el Museo de John Lennon en Saitama recibió más de 50.000 visitantes en apenas dos meses, aproximadamente 1000 visitantes por día, si descontamos los lunes, día que permanece cerrado, vuelva otro día.

El revolucionario, sin razón numérica aparente, es nuestro coterráneo Ernesto Guevara. Desde aún antes de que la película sobre la vida de el Che llegase a las salas nacionales, los chicos y chicas tokiotas, a la vanguardia de lo que está de moda, habían redescubierto la figura del argentino, no solo en las típicas franelas con la foto de la boína, sino en la boína y en una serie de artículos relacionados con este hombre. Los puristas y los escépticos dirán que la figura edulcorada de Guevara ha sido convertida en un producto más en esta acelerada sociedad de rápido consumo, y que como tal, pronto será sustituida por una nueva figura o por un nuevo símbolo. Otros, más optimistas, piensan que el joven japonés, como otros jóvenes en el mundo sigue buscando símbolos que les den respuesta a sus múltiples interrogantes.

Una franela con la cara de Einstein sacando la lengua, o con la figura de Lennon desnudo abrazando a Yoko, o con la silueta de Ernesto fumando tabaco pueden ser objetos de consumo rápidamente desechables, pero cuando vemos que un joven o una joven deciden identificar su apariencia con la inteligencia, el humanismo, la poesía, la valentía, la solidaridad y el espíritu revolucionario, no nos queda más que soñar y dejarnos llevar por el optimismo. Y si en la tierra donde murió el Che, donde se estudia a Einsten y se escucha a Lennon, Bolivia, renace la esperanza, a lo mejor el optimismo está bien fundado

M.C.

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