Saturday, August 23, 2008

Cortadores sin café

Cuando la escuela de nuestro barrio, nuestra por zonificación escolar y porque ahí nos tocaría refugiarnos en caso, sús no zampare, de un tifón o de un terremoto, re-abrió sus puertas el primero de septiembre, la terrible realidad golpeó a los alumnos: polvo acumulado en los salones, monte invadiendo los patios y jardines y exámenes de aritmética y lenguaje para refrescar conocimientos. Los exámenes se apuran cual trago amargo, el polvo se ataca con escobas, plumeros y trapos, pero el monte en las áreas exteriores es un trabajo para Supermán, o, en su defecto, para sus representantes en la tierra. El mismísimo primero de septiembre, el representante de la gallardía venezolana en el cuarto grado regresó a casa con una invitación a que nos acompañe, si tiene tiempo y disposición, a hacer aquello que ningún gobierno o junta de educación regional hará por nosotros: limpiar de maleza los patios y jardines. Escuela de todos, por todos y para todos.

La cita era para los tres primeros sábados de este mes, de 7 y media a 9 de la mañana. Se recomienda traer protección contra el sol y los mosquitos, guantes de jardinería y mucho líquido para que no se deshidraten. Por razones de eficiencia y justicia, el primer sábado le toca a los padres de los niños de segundo y cuarto grado; el siguiente a los de primero y tercero ,y el de más arriba a los de quinto y sexto. Después de una estricta aplicación del pacto putofijista "uno tú y uno yo" e implementando la llamada democracia protagónico representativa, a las siete y quince de la mañana salimos sigilosamente a cumplir con el deber familiar mientras la ambición, el músculo y los desagradecidos duermen plácidamente,.

En el patio de la escuela nos recibe su director con ancho sombrero de paja, pantalones para recoger pepinos, y una toalla al cuello. Lo acompañan los maestros de las cuatro secciones del segundo y las tres del tercer grado, la profesora de música y el sub-director. Saludo mañanero y una advertencia: "se ha determinado que hay gusanos peludos entre los matorrales. Cero heroísmo: si toca un gusano, avíse inmediatamente para llevarlo al hospital." Suena la ¡Partida! y los usualmente serios y serenos papás, salen esmollejaos a ponerle la mano a una de las cinco cortadoras eléctricas. Los más lentos se conforman con las tijeras de cortar ramas y los verdaderamente rezagados toman la escoba y una carretilla. Las madres, calladas e inteligentes, se arman con una guadaña de mango corto y se dedican a cortar maleza en lugares sombreados, que hoy en día nadie celebra las arrugas ni las manchas. A golpe de 8 y media, el sistema de altavoces nos agradece el esfuerzo, nos felicita por la eficiencia y nos recuerda gentilmente que queda media hora de labores o sea que es mejor ir recogiendo y limpiando. Recuerden que la idea no es terminar todo hoy, quedan dos sábados más y estamos seguros que los padres de los alumnos de los grados restantes completarán la obra hoy brillantemente comenzada. A partir de ese momento comienza el horario supervisado y los maestros dirigen la retirada, cuidando que no quede guadaña o tijera mal puesta, que las ramas cortadas sean recogidas y que en el apuro no haya enredo de cables o accidentes que lamentar.

A las nueve en punto, el director, sudoroso y algo enrojecido bajo el sol ardiente, nos da las gracias y que nos recomienda irnos por la sombrita. Llego a casa y el estruendoso silencio aromático me dice que en este mundo no hay justicia… ni café colado.

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