Wednesday, January 23, 2008

Escarmiento periodístico

Fueron muchas las bajas de las pasadas elecciones parlamentarias: las más notorias son los diputados y diputadas que perdieron su curul por oponerse a la privatización del correo japonés y el mismo Sistema de Correo que ahora dejará de ser una corporación pública para pasar a ser un ente privado, en búsqueda de la eficiencia y la maximización de ganancias. No hay que preocuparse mucho, pues los parlamentarios conseguirán trabajo como profesores a medio tiempo en alguna universidad, y el futuro del correo lo veremos en las cartas. Pero, como en toda contienda que se respete y a pesar de lo que digan los invasores de Iraq, los "daños colaterales" son siempre más importantes que las pérdidas entre los contrincantes y es por ello que la prensa nacional y el público le dieron tanta relevancia a la caída de un periodista del prestigioso diario Asahi (tiraje diario de 12 millones de periódicos).

Este periodista, en el mero calor de la batalla electoral, reportó la celebración de una entrevista, en un restaurant, de dos personajes. No era una entrevista entre un político y un jefe de la mafia local. Tampoco era el encuentro playero entre un político y uno de los rectores del organismo encargado de las elecciones. Ni siquiera era el misterioso rendevú de un político y la esposa de otro. Este encuentro, tan inofensivo como verosímil, a plena luz del día, habría tenido lugar entre dos altos dirigentes políticos que estaban precisamente en conversaciones para formar un frente de oposición, legal y esperado, al Partido Democrático Liberal de Koizumi.

Cuando salió la noticia, uno de los supuestos protagonistas dijo que lo de la cita en el restaurant era mentira y el periodista, emplazado, aceptó que, preñado de buenas intenciones, había hecho trampa para ponerle un poquitín de pimienta a las elecciones.

Decir que esto causó una terrible indignación entre todos los afectados, especialmente entre los lectores del Asahi, sus directores y empleados, sería demasiado suave. Más rápido que inmediatamente el periodista fue deshonrosamente despedido, el periódico publicó una historia con todos los hechos reales y la junta directiva del diario sacó un comunicado pidiendo disculpas al público y a los protagonistas por haber traicionado la confianza depositada. El caramelo sobre el quesillo lo constituyó la renuncia de uno de los altos ejecutivos del Asahi, tanto a su posición en el diario como a la presidencia de la Asociación Japonesa de Editores y Publicistas de Periódicos, algo así como la SIP nipona.

No se toma a la ligera esto del reporte exacto y veraz en los medios japoneses, y, aunque parezca mentira, la honestidad paga. Una encuesta reciente revela que 90% de los japoneses mayores de 18 años leen diariamente el periódico, con un 88% por ciento suscrito a algún periódico. El japonés medio emplea 27 minutos diarios a la lectura de su diario favorito, aunque en los mayores de 60 años el tiempo que se le dedica a la prensa sube a 35 minutos, no se sabe si por que están más desocupados o por vencimiento de los anteojos. Así que como que mejor hacer las cosas medianamente bien.

Cerrando el caso, un editorial del Asahi dice:

"Un periódico no es más que una cosa liviana y débil que se lleva cualquier viento (...) sólo en la medida de que lo que está escrito refleja exactamente lo que sucede en el mundo es que el periódico adquiere peso: el peso que le otorga la confianza del lector".

Muy buena lección, diría yo

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