Wednesday, May 16, 2007

Asesinos parlamentarios

Este año, por fin, promete traer un poco de acción al proceso electoral japonés. Va de cuento.

La niña bonita del Primer Ministro Koizumi, según él mismo ha declarado, es la privatización del sistema de correos. El Ipostel japonés, guardando las distancias, pues no sólo es el correo japonés casi 100% eficiente yconfiable, sino que además es un banco de ahorros y una agencia de seguro de vida, accidentes y de educación. Dada la naturaleza conservadora del consumidor nipón, en términos de dinero acumulado el correo japonés bien podría ser uno de los mayores bancos del mundo. Por eso no es de extrañar que la privatización cuente, por un lado, con grandes defensores que aplauden la reducción en el gasto público por la desaparición de cuarenta mil empleados públicos, y la indudable ventaja de dejar que las leyes del libre mercado administren esos reales para generar mayor riqueza, y por otro lado, con grandes detractores en los sindicatos de trabajadores y entre los ahorristas maduros que temen ver el fruto del trabajo de toda una vida salir cual pelusa de ceiba a la menor crisis de la bolsa de Tokio.

Pero el Primer Ministro se ha propuesto deshacerse de las cartas y telegramas. Para ello presentó su propuesta de Ley de Privatización del Correo Nacional a la Cámara de Representantes del Parlamento, la cual no aceptó. Koizumi, sumamente enfurecido con el parlamento y con sus co-partidarios que, sin saltar talanquera alguna, se atrevieron a decir NO, decretó disolución de la cámara y adelantó las elecciones que estaban pautadas para dentro de año y medio. Vamos a contarnos, dice el Primer Ministro, vamos a ver si el pueblo quiere que yo baile ¡Mambo!

¡Vamos! dijeron los parlamentarios del SI y del NO. ¿Quién dijo miedo? Ahhhhh! Pero no contaban con la astucia del Koizumi cabeza de León. Vamos a contarnos pero con un pequeño detalle añadido a la ecuación, y decretó, en su carácter de presidente del partido, que éste no respaldará la candidatura de ningún parlamentario o parlamentaria que haya votado contra la santa voluntad y espítiru del Supremo. Yo no quiero gobernar con un parlamento en el que los diputados de mi partido estén en contra de mis ideas. Yo quiero que la democracia funcione perfectamente, esto es que el pueblo sólo pueda elegir entre candidatos que estén de acuerdo conmigo. Más democracia ni en Atenas.

Los diputados disidentes se quedaron mirando para San Felipe; sin la maquinaria del partido y sin los votos duros de éste cualquier elección se hace cuesta arriba. Para añadir sal a la herida, el partido de gobierno, el Partido Democrático Liberal, ha postulado para las ahora vacantes curules a personalidades no políticas pero de gran popularidad, que ya han recibido el cariñoso sobrenombre de “asesinos parlamentarios”. Los disidentes no se han dejado amilanar y en lo que va de semana ya se ha anunciado la fundación de dos partidos políticos que están dispuestos a demostrarle a Koizumi que “ni el Congreso ni el Partido son de su propiedad personal”. A todas estas el que está muy preocupado es el presidente del Partido Democrático de Japón, hasta ayer segunda fuerza política. Con tanto zaperoco ya los medios no le paran al PDJ y su presidente se vió en la amarga obligación de enviar una carta de reclamo a los principales periódicos pidiéndoles justa cobertura. Las elecciones son para todos.

M.C.

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