Alma Insondable
El prestigioso portal Anal(ym)ítico, acaba de publicar los resultados de una encuesta dirigida a 150 personas (75 de cada género identificable) con una tasa de respuesta del 85%. La pregunta, única y simple: ¿qué haría usted si se convirtiese en el hombre/mujer invisible?
El 91 por ciento de los hombres adultos dijo: me metería en el baño de mujeres. Las respuestas dadas por el universo femenino fueron más diversas: le haría travesuras a mi jefe, espiaría a mi novio (marido), me metería en una joyería y me llevaría un diamante, una esmeralda, un rubí; le haría la vida imposible a fulanita, dejaría la dieta, robaría un banco, robaría las preguntas de un exámen, me le metería en la cama a Bruce Wills, le halaría el pelo a Yoko Ono. En fin, que casi que tantas respuestas como féminas. Lo cual demuestra que la pregunta de Freud: ¿qué quiere una mujer? sigue sin respuesta y, al mismo tiempo, arroja cierta luz sobre la causa de las dificultades con las que se ha topado un grupo de científicos en busca de voluntarias para probar el “orgasmatron”, pequeño aparato que, mediante applicación de pequeños impulsos eléctricos a la médula espinal, supuestamente produciría éxtasis inmediato en la paciente.
El padre del “orgasmatron”, doctor Stuart Meloy, tiene permiso de la Food and Drug Administration (FDA) de los EEmasUU para llevar a cabo pruebas en pacientes voluntarias. En una primera etapa del experimento, unos cables son conectados a una batería e introducidos, a través de la piel, en la médula espinal. En la segunda etapa, el orgasmatron (costo estimado $US13,000) sería implantado sub-cutáneamente para ser accionado (ON/OFF) por control remoto. Hasta el sol de hoy, sólo una mujer ha completado la primera etapa de prueba y otra acaba de inscribirse en el programa aunque se asegura que lo hizo bajo cédula falsa, lo cual, y no es para menos, tiene a Meloy y a su combo a punta de infarto: “Yo juraba que la gente (léase, las mujeres) iba a tumbarme la puerta para pedirme que las incluyera en el experimento”. No es para tanto, midoctol, y es aquí donde la susodicha encuesta nos ilumina: las mujeres, aparentemente, no están tan interesadas en el orgasmo eléctronico como lo estaría un hombre. La donna e mobile, qual piuma al vento, tiene otras mil y una cosas que quiere resolver antes de meterse un aparatico, por chiquitico que sea, en la médula espinal. Aunque, quizás, otro gallo cantaría si el fulano orgasmatron, también, quitara la celulitis.
M.C.Valecillos

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