Festival de es(cobas)
Mentiras dicen tus ojos cuando me miran... Mentiras dicen tus labios cuando me besan...
Mentira, como recordarán de una de sus vidas anteriores, se dice "uso" en japonés. También en japonés estas dos sílabas forman la palabra que nombra unos artísticos toquitos de madera labrada. Haciendo uso de esa afortunada coincidencia, un templo en el archipiélago celebra a principios de año, cuando las resoluciones están frescas y la agenda todavía no tiene tachaduras y/o borrones, el festival del Intercambio de Mentiras.
En los alrededores del templo se pueden adquirir unos bonitos toquitos de madera labrada que vienen, como sus tocayas, en diferentes tamaños y precios pero, a diferencia de èstas, en un solo modelo y color. Entre las muchas mentiras que salieron por esa boquita durante el año próximo pasado, uno escoge la más grande, la más fea, la más gorda, la más peligrosa, la más dañina, la más trascendente, la que más le preocupe, la más lo que sea. En su corazoncito usted la resume en una críptica palabra, escribe esta palabra sobre el toco y ¡voila! listo para incorporarse al festival.
A la señal de "vamos a cambiar mentiras, tralalá", y con el grito de guerra de "cámbieme usted esta mentira" uno intercambia sus mentiras con el primer portador de toco/mentira que se le cruce en el camino. Y sigue cambiando y cambiando... y aquella mentira, al pasar de mano en mano, se va haciendo cada vez más y más lejana hasta que, cual candidato electo, ya no la reconocemos entre la multitud. Al final de la jornada nos queda en la mano una mentira ajena y, libres, libres al fin, como una paloma, estamos listos para comenzar, ahora si, el nuevo año con una carga menos sobre nuestros frágiles hombros.
¿No sería éste un festival muy bonito, refrescante, fácil de imitar y muy apropiado para abrir el año en la patria de Guzmán Blanco?. La tropicalización sería muy sencilla: bienvenidos al Primer Festival Nacional de Intercambio de Cobas, a celebrarse en la plaza Bolívar de cada pueblo y ciudad. La junta pro-festejos pondría miles de escobas de producción local (no hay que olvidar el estímulo a la industria nacional) a la disposición del público asistente para que cada quien escriba sobre ellas, la correspondiente clave secreta. Al primer ¡gueeepa!, todo mundo se fajará a bailar con su respectiva (es)coba. Se detiene la música y, a la contraseña de ¡es-coba!, ¡es-coba!, uno intercambia el artefacto de barrer con el del vecino mas próximo, y con el de al lado, y con el de mas allá, hasta que vuelve a sonar la música.
Al finalizar el Alma Llanera los bailarines estarán agotados, la plaza limpiecita y nadie sabrá a dónde fue a parar aquella mentira. Todo estará olvidado y/o perdonado y muy felices comenzaremos de verdad un nuevo año...a menos, claro está, que por una de esas cosas del destino y de las probabilidades termine uno llevándose a casa la mismita mera (es)coba con la que empezó.
M.C. Valecillos

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