Pantalones amigo
Un joven que piensa venir a estudiar a Japón me ha pedido que lo oriente en el cómo conquistar a las chicas japonesas. Brillante como siempre se me ocurrió preguntarle a ellas mismitas y, aprovechando que estaban varias universitarias reunidas, les pregunté a quemarropa: ¿qué es que no perdonas en un hombre? El mal aliento, eco. El pie de atleta, fo. Los pelos en el pecho, siento como si en cualquier momento va a saltar un bicho. Una cadena o un brazalete de oro (accesorios siempre asociados con los miembros de la mafia local). Que no sostenga la puerta mientras yo paso… que no sepa escoger un vino… que no lea el periódico… que no lea. Cuando la cosa ya iba por la pendiente del “que sea gordito” o “que se jurungue la nariz”, una chica de ojos húmedos y labios temblorosos dijo con voz que era más bien un susurro: “pantalones de pana… en mayo”. Un viento helado se coló por entre las sillas y un escalofrío estremeció a cada una de las chicas. Las más sensibles palidecieron, mientras las más fuertes solo atinaban a apretar los labios, quizás para evitar que saliera el grito de terror que subía por la garganta. Lo que comenzó como una trivial encuesta, terminó en una sesión cruenta y traumática. Por un fugaz y doloroso instante, la misma imagen se formó en la mente de todas y cada una de ellas: el hombre de sus sueños presentándose a una cita en pleno mayo vistiendo portentoso par de pantalones de pana, acanalada o lisa. Es igual.
Miento, después ya nada será igual. Ponerse pantalones de pana después de finalizado el invierno y a más de un mes desde el equinoccio de primavera es una metida de pata que acaba con el noviazgo más solido y borra de un vistazo las posibilidades románticas hasta de un Tom Cruise o un Ken Watanabe. Lanas, panas, terciopelos, pieles y cueros son solo para los meses comprendidos entre noviembre y marzo. Fuera de este período se convierten en una sinestesia. Uno ve estas texturas y siente calor. A 25 grados ambientales hasta sudor y piquiña pueden ocasionar en el observador. ¿Quién va a querer acercarse, contrimenos abrazar, a alguien asi? Por eso aprovecho para informarle a usted, compatriota amigo, que aspira cursar estudios en Japón y viene dispuesto a cortar rabo y oreja. No se arriesgue. Deje los pantalones de pana en casa. O, mejor, regáleselos a un amigo maracucho de esos que cuando pasan por Valera, camino a Jajó, ya van de pantalón de pana, sweater de lana, gorrito tejido y botas de cuero altas… en agosto.

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