Delantal de Anime
Una de las grandes contribuciones de Japón a la cultura mundial la constituye el “anime”, palabra que ayuda a definir, en un santiamén, las características etarias del señor que acaba de entrar al chat bajo el sugestivo nombre de “slipless in Valera” (sic). No pierda tiempo y después del “hola” péguele por el pecho la pregunta “¿tú sabes de anime?” Si el contrincante le dice que es una espuma termoplástica rígida, formada por la fusión de numerosas celdillas de poliestireno y que en Venezuela se le denomina “anime” por su similitud con la madera del arbusto del mismo nombre… si ya sé que usted en lo que vio termoplástica ya bloqueó a slipless y no lo vuelve a desbloquear ni a palos, pero por lo menos consuélese en saber que nuestro desvelado tiene por lo menos 40 años, es ingeniero USB, venezolano y no es que no logra conciliar el sueño sino que lo despierta su propio ronquido. Pura pérdida. Si, por el contrario, el sonámbulo le habla de manga, dragon ball, pokemon, otaku y hentai, ya sabemos que del otro lado de la pantalla hay una promesa y está en usted utilizar el chat para lo que se inventó.
Hablando de anime, es hora de comentar sobre las claves culturales niponas en este género artístico. El delantal de la mamá de Meteoro, (meteoro.mp3) por ejemplo. ¿Se ha puesto usted alguna vez a pensar por qué la señora Mifune siempre anda de delantal? Simple: el delantal es el símbolo por antonomasia de la buena ama de casa. No se concibe dentro de la cultura japonesa una mujer que cumpla a cabalidad sus funciones de atención al hogar y a la familia sin el uso de un delantal. El delantal es al ama de casa lo que la espada es al samurai, el micrófono al locutor, el hábito al monje, el escudo al príncipe Valiente, los zapatos Nike a Mikel de Viana. Tanto así que si, por una de esas vueltas que da la vida, al honorable señor de un no menos honorable hogar le toca realizar tareas domésticas, nunca lo veremos tomar el plumero o acercarse al lavaplatos sin antes pornerse su escudo de algodón con bolsillos profundos y longitud media pierna, atado o abotonado en la parte posterior.
Pero no es esta prenda exclusiva de la intimidad del hogar, dulce hogar. El delantal es lo que distingue a la señora casada de la amante casual que sirve un te, a la dama que atiende un pequeño restaurant de comida casera de la mujer del bar, y, más importante aún, también permite distinguir entre la mujer que viene de visita para pasar un rato de distracción y relax y la amiga solidaria que ayudará, por lo menos, a recoger los platos y vaciar los ceniceros. Esta joya traerá en una bolsa su propio delantal, recién lavado y planchadito, y se lo pondrá ahí mismito que se hayan intercambiado los saludos y reverencias de rigor, se lo quitará discretamente a la hora de sentarse a la mesa y lo guardará un poco manchado y algo ajado en la misma bolsa en la que lo trajo pocos segundos antes de despedirse diciendo que pasó una velada maravillosa.
Párrafo aparte merece el delantal convertido en fuerte símbolo erótico en el chat nipón. ¿qué llevas puesto? no se contesta con el usual “tanga negra”, sino, y es aquí cuando uno se da cuenta de la distancia cultural, con un “un delantal blanco con encaje en el borde”… “Dwkatelo puseto” pretende ordenar el otro, con los dedos temblando sobre el tablero y la adrenalina circulando a la velocidad del Mach 5, go-go-go.
M.C.Valecillos

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