Tuesday, April 05, 2005

Etiqueta de a pie

Mi amiga Noriko-san me recomendó un odontólogo: Inoue-sensei. ¿Es bueno? pregunté. “Es un consultorio con vista, como la película”. Cierto, al paciente lo sientan frente a un ventanal que da a unos campos de arroz y, tras los campos está una vieja casa japonesa de techos de teja color gris plomo, paredes blancas y vigas de madera. Toda una postal. No se olvide de las medias, agregó, siempre desconfiando de mi tropicalidad. La visita al odontólogo ocupa todo un capítulo en el extenso manual de Etiqueta de la Visita en Japón. Tome nota. Antes de ir odontólogo, pida cita por teléfono. Habiendo asegurado su cita, llegue con diez o quince minutos de anticipación, tiempo suficiente para escribir sus datos en una planilla y para que la recepcionista le chequee su tarjeta de seguro médico nacional. Todos estamos abonados al sistema nacional de atención médica y el que no tiene esta tarjeta tiene que pagar el 100% de los gastos incurridos. Pero póngale que, por la premura, usted dejó la tarjeta en casa. Solución: pague ahora, pida reembolso después. Funciona.

Olvídese de la tarjeta pero jamás de los jamases se olvide de las medias. Pocos fó pá son tan bochornosos como el de entrar a un consultorio y, al quitarse los zapatos para ponerse las pantuflas, darse cuenta de que ¡horror de horrores, andamos sin medias! Pasa en muchísimos otros sitios, ya sé: vacilantes nos ponemos unas pantuflas que quién sabe cuántos otros habrán usado y que de arranque sentimos pegajosas del sudor propio y ajeno. Hacemos de tripas corazón y rogamos que nadie se haya percatado de que estamos mezclando el sudor propio con el ajeno en la promiscuidad de una pantufla pública y, peor aún, talla única. Sucede y pasa en otros espacios, pero en el odontólogo no hay remisión, ni forma de disimular o esconder el pecado, no hay pantalón largo bota ancha que esconda la desnudez porque para subirse a la silla reclinable hay que quitarse las pantuflas. Entonces ya no es cuestión de higiene o sabañones. No. Ahora el asunto es pura y simple falta de respeto hacia el Sensei. El tiene su máscara para protegerse del mal aliento, tiene su protector de ojos para resguardarlo de cualquier cosa que salte al taladrar, pero ¿Cómo hace él para huir del desagradable espectáculo de unos pies desnudos a tan corta distancia, en afrenta y ofensa? Tiene razón Noriko-san, aunque la paciente sea la de los ojazos negros, la de boca tan bonita, la de tan chiquito pie… sin medias, sólo si es por tratamiento podológico.

M.C.Valecillos

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