Tela digo en Atenas
La delegación japonesa a los Juegos Olímpicos Atenas 2004 está en el centro de un proceso de renovación. ¿La causa?: el fantástico diseñador Kenzo Takada, (Hyogo 1940), a quien el comité olímpico ha encomendado el diseño de los uniformes que lucirá la delegación el próximo agosto. No es la primera vez que tan delicado trabajo es encargado a una gloria del corte y costura nacional. En otras épocas fue Madama Hanae (Butterfly) Mori, la portadora de tal antorcha, aunque parece que ni el público ni los deportistas estuvieron nunca muy contentos con esta señora. No señor.
Nadie dice o ha dicho que esta señora sea mala. Por el contrario, Hanae Mori, con sus exclusivas boutiques en Omotesando, Nueva York y Paris, es una de las tijeras más brillantes de la alta costura mundial. Es una lástima que no haya podido interpretar el sentir de los atletas y haya desperdiciado los recursos del blanco y rojo, patrimonio cromático nipón, sin lograr alegrar la vista a los espectadores y el corazón a los competidores. Esta señora, muy capaz y eficiente, desperdició no una, sino varias oportunidades y no logró levantarle el ánimo a los deportistas, ni motivar a los camarógrafos internacionales. No volverá.
Por otra parte, hace pocos días fue presentado a la prensa nacional el resultado del ingenio y trabajo de Kenzo, como le dicen sus fieles seguidoras en Tokio y París. Los nuevos modelos vienen en varias versiones: el modelo sobrio pero fresco para el desfile de apertura, modelos más casuales e igualmente cómodos para otros desfiles y modelos más aguantadores e inarrugables para usar durante los traslados. El detalle que terminó de ganar a las chicas es que ahora no tendrán que usar falda ni medias de nylon y zapato de tacón bajo. Todos recordamos con gran dolor aquellas olimpíadas en las que a Hashimoto, una querida ciclista/patinadora, los zapatos de tacón que se puso para el desfile le hicieron tremenda ampolla en el pie. Nunca más.
Claro, es difícil complacer a sirios y trujillanos y este cambio de guardia no carece de detractores. Están los eternos pesimistas, deportistas de sofá y críticos de la cerveza bien fría, que dicen que los atletas se ven poco serios y pierden glamour desfilando en trajes con los estampados de flores que le gustan tanto a Kenzo. Dicen además que si bien el traje anterior no ayudaba, no hay garantía alguna de que el nuevo si va a ayudar y prefieren malo conocido que bueno por conocer. Otra sección de los opositores es más simple y reconoce que su única crítica se basa en preferencias muy personales y en un deseo muy egoísta de admirar las piernas torneadas y tonificadas de las atletas. No falta el avispado que, aprovechando la sampablera, pida no una vuelta a la falda, sino, reaccionario al fin, la implementacion de la ultra-mini-falda con apertura lateral profunda. A defender las conquistas.
Afortunadamente, el grueso del público y, más importante aún, la propia delegación, parecen estar muy contentos con los nuevos uniformes, factor al que ha contribuido grandemente dos medidas populistas pero simpáticas de la casa que hará los uniformes: los va a hacer de gratis y va a lanzar al mercado una línea de ropa basada en estos modelos olímpicos. Dicen los analistas de mercado que esa será la propia consulta popular. Si el pueblo compra y usa es porque aprueba el diseño. Si no, esperarán otros cuatro años, hasta Beijing 2008 y buscarán otro diseñador entre esos nuevos talentos que se están formando hoy en las academias de corte y confección. Uno de puntada bonita.

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