PUJO y elecciones
El 11 de julio se realizaron en Japón elecciones para elegir a los miembros de la cámara de Consejeros (Senado), comicios que se realizan cada tres años para elegir por un período de seis años a la mitad de la cámara alta: 121 legisladores. Para estas elecciones había 103 millones de electores, de los cuales 7 millones votan “en ausencia”, son los votantes hospitalizados, que estarán fuera de su distrito electoral durante la fecha de la elecció . El sistema electoral japonés es extremadamente amable para con el elector: al cumplir 20 años el ciudadano queda automáticamente inscrito en el registro electoral de la zona donde vive y la oficina pertinente le envía a la dirección que tenga registrada en la alcaldía la información referente a las elecciones que se realicen. Este domingo, el liceo que queda a seis cuadras de mi casa era mesa electoral. Siguiendo al pie de la letra el manual del PUJO (Procesos Universales Justos y Organizados) decidí dedicarme a la miraduría voluntaria y espontánea, llevando a cabo funciones de monitoreo como contribución generosa y noble, como el pueblo venezolana, que servirán para avalar ante el mundo la transparencia del proceso electoral japonés.
La primera crítica destructiva al sistema japonés es la ausencia de un plan de defensa armada de los votos. Nada de soldados en traje y con cara de fatiga, ni siquiera unos guardias nacionales como los que tanto se usaban para cuidar quintas de los amigos del Comandante del destacamento aquel, mucho menos unos policías con pistola al cinto. Nada. Las fuerzas del órden brillaban por su ausencia. Aprovechando esta situación, me posicioné cerca del portón del liceo, seleccioné entre los votantes a los que por su vestimenta más vistosa sobresalían del montón y les tomé el tiempo transcurrido entre que atravesaban el portón de ida pa’llá y lo volvían a atravesar de vuelta pa’cá. Cuatro minutos, segundos más, segundos menos.Se me disculpará el escepticismo pero ¿cuatro minutos no es como muy poquito? No había por ningún sitio un letrero que dijera “sólo para votantes¨, así que aunque técnicamente no tenía derecho a estar ahí, decidí llevar mi miraduría hasta sus últimas consecuencias y, aprovechando que entraba un grupo de votantes al liceo me les uní, a pesar de que como ciudadano extranjero no tengo derecho al sufragio en este país.
Un poco antes de la entrada estaban dos señoras con sospechosa cara de ser funcionarias de la alcaldía. Cargaban una carpeta y un perolito de esos que hacen chaqui-chaqui para contar gente, o carros, o caballos que van pasando. Tales señoras no decían ni pio. Sólo contaban. Y he aquí otra gran crítica. Nada como un “cédula, ciudadano” seguido por un cacheo bien aplicado para ponerlo a uno en la onda del cumplimiento del deber y el derecho al sufragio. Totalmente anticlimático eso de andar rueda libre.
La mesa electoral estaba constituida en el gimnasio cubierto del liceo. Allí uno entra, se quita los zapatos y se pone unas pantuflas, talla única, de plástico verde. Los votantes traían en la mano una tarjetica, me imagino que es la que les llega por correo desde la oficina regional del CNE y viene a ser como su tickecito para votar. Cada votante llega a la mesa, entrega su tarjetica y a cambio le dan una papeleta. Papeleta en mano se dirige a uno de los cubículos (había unos 12) para escribir el nombre del candidato o candidatos de su preferencia. Dobla la tarjetica y la mete en la urna electoral y no le ensucian el dedito para que no venga a votar dos veces. Oseaves que uno va y vota y después no tiene ni el dedito sucio como prueba de ciudadanía. Pura pérdida con estos japoneses. Con razón uno está afuera en menos de cinco minutos. Así no da tiempo para entrar en calor electoral.

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