Motivos de la Ciencia
Comentaba hace pocas noches un locutor de Radio Nacional de Venezuela que la fantasía es la base de todo adelanto científico. La fantasía y el romanticismo, me atrevería yo a completar. Que no ha de ser lo mismo inventar una leyenda acerca de las estrellas Altair y Vega , tomando la Vía Láctea como el río que separa a dos amantes condenados a vivir separados, que fantasear acerca de la eficiente combinación de virus a ser utilizados en la exterminación del supuesto enemigo. Si la fantasía le permite al ser humano pensar más allá de lo que tiene en frente, el romanticismo sería el elemento que orienta ese sueño.
Suntory, corporación japonesa dedicada a la producción y distribución de bebidas alcohólicas y no-alcohólicas, acaba hacer público el último fruto del trabajo de investigación de sus laboratorios. Lo que los científicos habían dado por imposible, esa locura inventada por Italo Pizzolante, cantada por la Rondalla Venezolana e impunemente perpetrada por miles de serenateros y trasnochadores criollos ha visto por fin la luz del día: la rosa azul es un motivo…de investigación científica.
Hasta ahora, las rosas pintadas de azul que andaban por allí eran una mera combinación de colores lograda a través de manipulación de tallitos y semillas pues estas flores no tienen el gene que les permitiría producir la enzima del color azul, de la misma manera que muchas que yo conozco no tienen el de la enzima del pelo amarillo. Pero nadie se resigna a lo que dispone la naturaleza. Los de Suntory, le robaron este gene a las humildes petunias y los desposeídos pensamientos, lo implantaron en las aristocráticas rosas y ¡voila! produjeron la primera rosa de comprobada sangre azul, oseaves, pura nobleza deigna del prado más alto. Se espera que en tres años este producto llegue al mercado con ventas en el orden de los 30 mil millones de yenes (1 yen equivale a 18 Bs). Por supuesto que el precio de la rosa no estará dado sólo por su nombre, que una rosa con otro color siempre es más cara. Con decirles que ya esta misma compañía vende un clavel azul, el “Moondust” al módico precio de 7.200 bolívares la unidad, con ventas de unos 10 millones de claveles en 2003. Todo lleno de rocío, como te cogiera yo.
La verdad es que a estas alturas, uno no sabe si alegrarse o entristecerse. Si, aparte de las reservas que pueda tener uno hacia la manipulación genética y tal, es de verdad la rosa azul un logro de la ciencia o si, por el contrario nos va a complicar más la vida. Dígame usted, por ejemplo, ¿cómo se interpretará según el libro del lenguaje de las flores, el envío de una rosa azul? La rosas, ya sabemos, están muy bien definidas: rojas representan la pasión; blancas, la inociencia; amarillas son símbolo de la inseguridad y los celos, que son dos formas de llamar a lo mismo. ¿Qué significado se le asignará a la rosa azul? ¿Frialdad por el color? ¿Exclusividad por la escasez? ¿Inaccesibilidad por lo cara? Otro dolor de cabeza. Pero más importante aún, y muestra palpable de que en este mundo globalizado nada nos puede ser indiferente, es la pregunta que ya debe haber nacido en el corazón de todo venezolano mayor de edad e inscrito en el REP. ¿Qué va a pasar con la canción? Si los serenateros ya no tienen que pintar la rosa de azul porque esta ya viene así de la mata, ¿que vendrá después? Estrellitas de mar con con lucecitas en las puntas? O quízas, simplemente, nos regale el maestro Pizzolante una nueva versión que comienza: una rosa pintada de azul… cuesta muy caro

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