Friday, September 24, 2004

Luna lunera

Creo que ya lo habia comentado antes pero si uno se asoma esta noche (la noche del 28 de septiembre que ya esta llegando) vera una lunota de este tamaño.

No se como se verá en la tierra de Los Naipes, pero aqui se ve inmensa. Es la luna Jugoya (no relacion con Nagoya), la primera luna llena despues del equinoccio de otoño. Llamada "luna de la cosecha" en el hemisferio norte en occidente, esta luna le regala al agricultor con unos minutos extras para las labores al aire libre. Teniendo en cuenta que esta es una época tan atareada en la agricultura, no es de extrañar que sea tan bienvenida y celebrada esta luna, lunera, cascabelera.

En Japón se acostumbra a que los niños traigan castañas y ramas y las niñas flores para ofrecer a la Luna. Tambien se le ofrecen a la señora papas y otros tubérculos, que se han recogido en esta época y que nos ayudaran a sobrevivir los pocos dias que faltan hasta que se complete la recolecta del arroz.

Como un halloween a'la nipona, antiguamente los chamines iban de casa en casa pidiendo dulcitos y mas dulcitos. Ya esto parece que no se usa, pero si se usa comer dulces de masa de arroz rellenos con caraotas (moros y cristianos) mientras se mira pa'rriba.

Como dato interesante pero trivial, se dice que la luna llena de septiembre es la última luna del año para los enamorados, ya que de aquí en adelante las noches se harán demasiado frías para andar inventando loqueras. Esa es una de las cosas por las que no hay que preocuparse en tierras tropicales, porque, como en Imgeve, TOOOOODO el año es Luna de Enamorados. De todas maneras, no está demás aprovechar la manipulación subliminal y decirle que este es el último chance del año, que si no es aqui y ahora entonces, quién sabe cuándo, dónde y con quién será. Agarrando aunque sea fallo de juez accidental.

Otro dato para la gente sería pero interesante es que durante la próxima luna llena (noche de Octubre 27) habrá un eclipse lunar que podrá verse en América.

La luna sestá peinando
en lojespejos del rio
y un toro lasta mirando
entre la jara escondio.... (...)

Jesse toro enamorao delaluna
quiabandona por la noche la maná
es pintao de amapola y aceituna
y le ha puesto Campanelo el mayoral...

mc

Eterno fracaso

El sospechoso caballo de Troya, el afortunado caballo de Lady Godiva, el glorioso Cañonero, el caballo viejo de Simón, la arisca yegua zaina de Juan Vicente, el descalzo caballo de Ricardo III, el fiel Rocinante. Para todos los gustos y ocasiones. Lejanos y cercanos. Míticos y reales. Antiguos y contemporáneos. Unos especializados en carreras cortas, otros en carreras largas, otros se les da mejor el salto y los llevan a las Olimpíadas, otros son de rodeo y llegan hasta el Hatillo, unos ayudan en las corridas de toros, otros sirven de monta a las reinas de las Ferias de Mérida, unos son funcionarios de la policía montada y otros apenas están ahí, con el corazón amarrao a la espera de su potra lazana que lo vuelva desbocao (yeguas jechas favor abstenerse).

Tiene el hipismo japonés su cuota de héroes cuadrúpedos, su público apostador con un lápiz rojo en la oreja, sus hipódromos para llevar a la novia, su clásicos Copa Emperador, sus magníficos ejemplares Sakura Laurel o Elcondorpasa. Y tiene a Haru-Urara.

Pronunciada como jaru-urara y traducida como “gloriosa primavera” Haru-Urara o Ulala, según le suene, es una yegua de 8 años que ha pasado a la historia de la Gaceta Hipica Japonesa por el número de carreras… perdidas. Desde su debut en el 98, hasta el sol de hoy toco madera, toc, toc, Haru-Urara ha participado en 111 carreras, ha sido montada por los jockeys más famosos, se ha medido con lo mejorcito y con lo peorcito del parque nipón y ¿saben qué? ¡ecolecuá! No ha ganado ni una vez. En otras circunstancias, un caballo tan burro ya hubiese sido sacado de circulación y puesto a pasear muchachitos en una feria o en el Junquito. Pero ya lo dijo Ortega y Gasset: dadme una circunstancia y os moveré el mundo y haré que nos obedezca. Haru-Urara tuvo la circunstancia de perder y seguir perdiendo en un hipódromo del interior y cuando acordaron ya había perdido tantas veces que en lugar de ser vilipendiada comenzó a ser admirada por el tesón con el que “parecía” correr cada carrera, la gallardía con la que “parecía” aceptar cada nueva derrota y el optimismo con el que “parecía” prepararse para cada nueva prueba. Ni Claudio Fermín, pues. Los medios de comunicación, con ese fino olfato que tienen para lo que despierte el interés sentimental, nos mantienen al tanto de los últimos fracasos de Haru-Urara, en tanto que un grupo cada vez más numeroso de seguidores la acompaña en cada aparición, apostando a que gana, con ganas de que gane, no por lo que pueda pagar sino para guardar el ticket de la única carrera ganada, y ganas de que pierda para que siga creciendo la leyenda. Dicen los sociólogos y demás analistas ad-hip-hop que después de tanta carrera y tanta competencia para alcanzar el éxito y la gloria, el ciudadano promedio japonés tiene ganas de identificarse con un personaje que no gana nunca, pero que tampoco se rinde. Aquí como que sería un éxito más de un dirigente de la oposición criolla. Sea cual sea la causa, la yegua se ha convertido en toda una celebridad: las agencias de viaje organizan tours para ir a “ver perder a Haru” y a la entrada del hipódromo y en la estación de tren más cercana tienen a su disposición una extensa línea de tazas de café y franelas todas las tallas con la cabeza de Haru cubierta con su máscara rosada de Hello Kitty (¿y si es la máscara lo que la tiene empavada?).

El non-plus-ultra del efecto Haru-Urara es que como lo que la caracteriza no es precisamente la velocidad, los tickecitos de las apuestas son conservados y/o regalados como talismanes contra los accidentes de tráfico. Hay una canción compuesta en su honor y ya se ha comenzado a filmar la película que nos contará su vida. Película que culminará con su última carrera, anunciada para marzo del 2005. La gran interrogante es: ¿Ganará en lo que se espera sea su última competencia regional?

Tuesday, September 14, 2004

Revocatorio semestral

Todos los catorce de septiembre se cumplen exactamente seis meses desde el Día Blanco (White Day), día que a su vez llega un mes después del de los Enamorados (desengáñese comadre que no es día de la amistad: es el día de los enamorados. Punto. Y si a usted no le toca, siga leyendo que verá que el desamparado no ha nacido aún). Recordarán que en el archipiélago, el día de los enamorados le otorga carta blanca a todas las chicas para que le declaren su amor al Takeshi de sus sueños, amor condensado en un chocolate primorosamente envuelto en papel de regalo con remate de lacito y tarjetica. ¡Que cuchi! Como en este país funciona la ley de acción y reacción, el mismo decreto del 14 de febrero dice que un mes más tarde todo varón justo y razonable que haya recibido manquesea una ñinguita así de chocolate está obligado por código bushido a retratarse con presente de similar cuantía pero de otro color y textura: el retributorio puede ser desde un fino chocolate blanco ¡sublime! hasta una primorosa pantaletita toda cubierta de encajes de esos que pican envuelta en papel seda ¡audacia!, pasando por los tradicionales caramelos y los sobrios pañuelos ¡ortodoxia! Cualquiera piensa que la historia acaba ahí, unos ganan, otros pierden, sigue el tren de la vida, ya vendrá una nueva oportunidad para expresar nuestra opinión. Es el juego de la democracia alternativa. ¡Ja! La cosa nunca se acaba mientras haya gente educada bajo las ideas de Confucio. Con decir que en la vecina Republica, la de Corea, hay gente que si fue dejada de lado el 14 de febrero o el idem de marzo, espera hasta el 14 de abril para vestirse de negro y salir a la calle a comer una cosa horrible de la que usted no quiere leer una descripción que yo no me atrevo a hacer. Está demostrado que los Coreanos son más dramáticos. Un día de estos les cuento de sus telenovelas.

Pasan seis meses desde aquella elección ratificatoria y, vamos a sincerarnos, ya pasó la emoción, se diluyó la pasión y es hora de hacer una tablita Excel y ponernos a sacar cuentas y cotejar informes de auditoría que confirmen o den los santos óleos a las hipótesis monocromáticas. Con ustedes: Valentín Septembrino. El 14 de septiembre es el día del año en el que las mujeres SINQUELES quede nada por dentro, pueden dejar a su pareja mirando para San Felipe y/o silbando iguanas. Un CVP sin explicación, sin revire y sin devuélveme aquella foto en la que salimos los dos. Es el terrible día en el que Takeshi no atiende el teléfono celular (mañana dirá que se le fue con el pantalón a la tintorería), día en el que más de un señor todo serio y enfluxado prolonga hasta el máximo su jornada laboral a ver si cuando llega la señora de la casa se cansó de esperarlo y se fue a la cama sola y con la cara empatucada de Noxema. Si hasta los que tienen un segundo frente inventan una reunion de trabajo urgentísima e impostergable para no tener que ir a marcar tarjeta....

Hasta donde tengo entendido, con este ajuste de cuenta consolidado con pase de página si como que se termina la cosa. Bueno de tanta guachafita. El revocado, revocado queda; el ratificado, ratificado está. El que perdió la oportunidad de ejercer su derecho tendrá que esperar hasta la proxima oportunidad. El que se equivocó en tres oportunidades se repliega y se pregunta si el que está pelando no será él mismo. El que se salvó de la debacle que de gracias al cielo. Total, hasta febrero no hay sino cinco meses y ya ¡Casi es Navidad!!!!

Fumando espero...

Saldo final

Cincuenta millones de yenes costó el entrenamiento de la maratonista que ganó la medalla de oro en Atenas. Multiplíquelo por 20 y tendrá, más o menos, la cantidad en bolívares. ¿Mucho dinero? No tanto, dicen los analistas económicos: no tanto. Lo que se haya invertido en el entrenamiento de Noguchi (maratón), Tani (judo), Tanimoto (judo), Kitajima (natación), Shibata (natación), y los otros diez y seis atletas que ganaron oro, los diez y nueve que ganaron medallas de plata y el colectivo que trajo las de bronce es poco al lado del efecto económico que tienen las olimpíadas y las medallas sobre la economía japonesa como un todo. Este efecto se calcula en un “cho” de yenes. Que es un uno con doce ceros. Un trillón de yenes, pues. ¿Pa’qué multiplicar por 20? Un trillón es un trillón, es un trillón. ¿Cómo se produce este efecto? La respuesta: comercialización. Dice la gente de Asics (www.asics.co.jp), fabricante de los zapatos con los que corrieron las tres maratonistas, que no habían terminado de entregar las medallas cuando ya la gente estaba llamando a la empresa para preguntar por el modelo que la campeona besaba en la foto. Ya sacarán un modelo menos sofisticado para la joven que corre en el parque en las mañanas. Igual conducta reporta el fabricante de los anteojos de sol que usó la deportista: perfectas características ópticas, ajustados a la cara, mínimo movimiento oscilante, estabilidad a prueba de julepe. Habrá un modelo, parecido, para el camionero elegante atascado en una cola en Tokio. Los clubes de natación verán un incremento explosivo en inscripciones de damas desocupadas deseosas de quemar grasa; los gimnasios se desbordarán de niños algo pasados de peso como consecuencia de largas sesiones de juegos de video. Ad infinitum.

Interesante, la empresa privada va al Estado rogando pero con el mazo dando. El inversionista ve en cada esquina una oportunidad para incrementar su capital a través del desarrollo de nuevos productos. No pela una para ver su marca unida al éxito. Al Estado le toca dar educación en escuelas con canchas deportivas decentes y piscinas adecuadas, con alimentación balanceada y libros gratis, a casi el 100% de la población. Seamos o no japoneses. Entre los cien y tantos chiquillos que corren en la carrera de los cien metros planos de la fiesta deportiva anual de la escuela de mi barrio, a la que van mis hijos, incluídos en el sistema de educación pública, gratuita y obligatoria, más la ñapa del almuerzo, habrá uno que ¡quién quita! irá a las Olimpíadas del 2020. O una chiquilla, de las que están en el sexto grado, irá con el equipo de balón mano a las del 2016. Los papás y las mamás le dirán a estos niños que es difícil, que deportistas categoría medalla de oro hay uno en cien mil. Que mejor estudien y completen su educación. Que Murofushi (www.hairsalon-yagi.jp/indexkm.htm), con ser el más buenmozo en todita la delegación y con seguidoras hasta en Caracas (me consta), estudia en la universidad. Los papás tratarán de que los chamos sepan que la gloria deportiva no es un camino para salir de la pobreza, sino un camino entre otros muchos que ofrece la sociedad y que siempre es bueno tener un seguro contra inesperados debajo del brazo. Que la gloria pasa y las inversiones quedan. Que diseñadores, ingenieros, maestros y deportistas, entre todos, hacen que los zapatos sean cada vez más livianos, los anteojos cada vez se ajusten mejor, los traje de baño cada vez deslicen más suavemente.

Tuesday, September 07, 2004

Inoue

Inoue, es el campeón mas campeón entre los campeones de judo japoneses. Sopotocientos y un encuentros invicto. Medalla de oro en Sidney. Arrase en las eliminatorias japonesas para seleccionar la delegación a Grecia. Indiscutible. Imbatible. Impelable. Inoue.

Cualquiera diria que Inoue no necesitaba ir a Atenas para demostrar que él es el mejor de los mejores. Aténgase a huevos y no compre carne. Si Inoue quiere decir que el es toro que más mea tiene que demostrar que lo es. En Atenas, enfrentándose a otros judokas que claman lo mismo: ser los mejores y no tener rival. Una mera formalidad, esto de los enfrentamientos, pues todos sabíamos que Inoue traería la medalla de oro en la categoría de los 100 y más kilos. O sea que sería ratificado como rey entre los reyes. Los encuentros de Inoue no serían más que trámites (un poco más tangibles que los usuales trámites burocráticos, pero trámites al fin) para cumplir con los requisitos mínimos ya que, preguntásele a quien se le preguntase todos los expertos (los expertos japoneses, ¡faltaba más!) aseguraban a los aficcionados que el triunfo de Inoue era un hecho. Estaba dado por descontado. Que Inoue podía ganar con los ojos vendados, una mano amarrada atrás y sin haber desayunado.

En Atenas Inoue perdió en las eliminatorias, pérdida muy sospechosa pues ¿cómo va a perder un hombre que se sabía que iba a ganar? Para añadir leña al fuego de la sospecha, quien terminó ganando la medalla de los 100 y dele kilos fue el amigo (amigo de Inoue) Suzuki, quien había perdido con Inoue el puesto para ir a Atenas y que fue incluido después por el comité olímpico japones quién sabe con que intenciones de triunfo. ¿Cómo le va a ganar a Inoue uno que esta más abajo en el ranking? ¿Cómo va a perder Inoue que se fue tan contento de Japón, que se vio tan alegre en la ceremonia de inauguración de los juegos? Que tenía aquella cara de satisfacción en los entrenamientos. Que hizo estoicamente cola en el comedor de la villa olímpica, la misma cola que hicieran sus rivales. Que aguantó sin chistar la incomodidad del calor griego, que campeó valerosa y dignamente los incómodos cacheos del personal de seguirdad, que ignoró elegantemente los gritos y vivas con que las barras recibían a otros judokas mientras agradecía con humildad y serenidad el apoyo de sus innumerables partidarios. ¿Cómo iba a perder? No podía.

Inoue, que no sabe que él tenía que ganar por la sencilla razón de que iba a ganar y que no se había enterado de que la pelea era sólo la confirmación de un triunfo anunciado y esperado por millones, solo atinó a decir tres cosas cuando los periodistas lo interrogaron acerca de su derrota:

- Que, honestamente, en ese momento tenía la mente en blanco.

- Que lamentaba mucho haber defraudado a su fanaticada, a su entrenador y a su papá.

- Que, de vuelta a Japón, comenzaría desde cero para prepararse para Beijing 2008, porque ni la vida ni el judo se habían acabado con este encuentro.

Oseaves, que Inoue como que de verdad, verdad es un judoka de primera. Un campeón honesto, pues.