Friday, January 23, 2009

Chindogu a la carta

El clip para sujetar papeles sueltos y el timbrecito que nos anuncia que ya el micro-ondas calentó el café son fruto de la inventiva japonesa. El mismo platico que gira, gira y gira, mientras las ondas calientan y calientan, es una contribución japonesa a esta tecnología de calentamiento super-rápido que nos permite reducir considerablemente el tiempo que antes pasábamos ante las hornillas, para dedicarlo a ver televisión mientras comemos la comida velozmente cocinada. Pero, por supuesto, no todo invento útil es valioso, ni todo invento inútil es absolutamente fútil. El proceso de pensar en cómo plantear y solucionar un problema, constituye en sí un extraordinario ejercicio. La mente y el útero, una vez que se expanden para albergar una idea jamás vuelven a su estrechez original. Pilates contigo.

El vocablo chindogu ilustra este punto de vista. Compuesto por las palabras chin (raro o pipí, según el contexto) y dogu (herramienta o perro, según), chindogu es aquel invento aparentemente útil que causa más problemas que los que resuelve. Hay libros, páginas Web, programas y hasta competencias mundiales de chindogu en las que el único requisito para participar es la originalidad y la inutilidad de la obra. Con decir que el informe Haussman-Rigobón es fuerte candidato en la categoría “Reportes” de una de estas competencias. Es la primera vez que los cisnes que regresan a Siberia están siendo observados para identificar al de plumaje más negro. Para nada.

Mi caballo favorito en la categoría mecánica es el “Patadapor SQ”, un aparato de recreación compuesto por una serie de brazos alargados con extensiones flexibles que rotan gracias a un sistema de control regulado por el usuario y que está diseñado para inflingir repetitivos golpes que simulan unas patadas a las nalgas del que se recrea. Para operarlo, la persona se coloca en posición un poco inclinada hacia adelante (como a quien le van a inyectar Briomet estando de pie) y con las dos manos acciona los brazos rotatorios que hacen mover unas aspas localizadas en donde estaría la inyectadora, pateando al cliente en salva sea la parte a la velocidad e intensidad de golpe de su preferencia y mérito.

Aunque la originalidad del “Patadapor SQ” está avalada por la patente US 6.293.874 B1 del 25 de septiembre de 2001, su inutilidad es mucho más difícil de comprobar y hay una fuerte y creciente oposición a su clasificación como chindogu. Tal oposición se basa en la creciente producción para exportación, desde el 2002 para acá, hacia un país latinoamericano productor de petróleo y con cara al Mar Caribe. Se sospecha que cada vez que un dirigente político de esta nación hace una proposición de brillantez mate (paros absoluto pero flexibles, abstensión activa, participación pasiva, boicot total pero selectivo, luto guapachoso) ahí mismito se ve obligado, de motus propio (¿?), a hacer uso del auto-pateador portátil, evitándole esta engorrosa tarea al público afectado o a sus colaboradores más cercanos. Es precisamente este alivio laboro-emotivo lo que anula la naturaleza chindogual del equipo, haciendolo víctima de su propio éxito al convertirlo en un instrumento indispensable para el ejercicio político criollo.

Puede ser doblado y viene con su respectivo estuche de cuero o lona para fácil transporte y almacenamiento. Se aceptan pedidos.

Maquiavelando el Proyecto 15

Lo que usted no sabe ni quiere saber del Proyecto 15. Lo que no se atreve o le da mucha la-la averiguar acerca del artículo 3444. Aquí lo tiene desmenuzado y algo masticado para su inmediata digestión. Pase la buena nueva a 10 de sus más allegados amigos. Haga de esta una cadena ultra-pavosa que le garantiza el bloqueo automático por parte de por lo menos uno de sus contactos electrónicos.

¿A quién afecta el proyecto? ¿Hacia quién enfila baterías y pilas? Discúlpeme la dureza del término, pero el proyecto (THE project, pa’los panas) afecta a los hijos, a los hijos de los hijos y ¡prívese! al conflé de quelos. Sobre estos sujetos se contempla llevar a cabo doctrinamiento uniformado, de una sola forma y con uniforme, que abarque todos los niveles de educación. Por ello, los jóvenes universitarios, vestidos con la misma gorrita y chores que los chipilines de cinco años, serán adoctrinados con plastilina y juegos en el patio. “La señorita” se cantará así: la camarada Fulana va entrando en forma crítica y solidaria en el baile tradicional tipico venezolano, que lo baile si la patria lo exige, que lo baile, que lo baile. Y si no lo baila, en actitud egoísta y traidora, le da un castigo malo y varias semanas de re-adoctrinamiento en Santiago, que lo saque, que lo saque. ¡Sáaaacamelo!

El pre-escolar pasará a llamarse Educación Doctrinal Inicial. Usted le preguntará a su sobrinito ¿en que año estas? y el chamín dirá: en Educación botinal y sal. Usted que le da un coscorrón al chicuaco contestón y su hermana que lo bota de la casa. Otra familia destruida y/o dividida por el régimen.

En cada aula de los colegios privados se plantarán 5 alumnos que vendrán, no de las urbanizaciones, sino de los barrios aledaños (nótese la importante lección de geografía semántica) y que conforman la Misión Salazar en honor al conocido espía margariteño. Afortunadamente sera muy fácil identificarlos y la consigna es muchachito nuevo que venga al colegio a pie sera considerado y tratado como sapo hasta que repita el año.

La Universidad Metropolitana pasará a ser un colegio privado para así incluirla en la norma que dice que todos los colegios pasarán a tener la denominación oficial de Colegio Bolivariano. Doroteo se niega, alegando sus derechos de copyright, a que se funde un Colegio Bolivariano Tal o Cual.

La señora que limpia los baños tendra VOZ y VOTO en las decisiones del colegio privado. Esto significa que podra mandar a los niños a hacer planas que digan: “Debo bajar la bomba después de hacer pupú”. “No debo chisporretear los orines alrededor de la poceta” y otras frases de adoctrinamiento de similar calibre. Para evadir tal opresión, los niños harán sus necesidades en casa. Los baños de los colegios privados DESAPARECERAN.

El Estado se reserva la Patria Potestad de nuestros hijos pero nos dará permiso para visitarlos. Aprovecharemos estas visitas para colmarlos de regalos, hablarles mal de quien tiene la patria potestad y alcahuetearles cualquier cosa. Les prestaremos el carro a los quince años y les pediremos que nos prendan los cigarrillos y nos prueben la cerveza. Esperemos que el Estado no deje todo para última hora y ya tenga pensado a donde irán los muchachos y muchachas cuando cumplan los 18.

Como señalaba en estos días uno de los chicos de Prim Jazz (PJ), “muchos de los temas que hoy corren por la calle son falsos. Pero eso es hoy, mañana no lo sabemos” De allí que, en lugar de poner a rodar rumores cuando sea tarde, uno los pone a rodar temprano. Maquiavelo no lo diría mejor: “rumora, rumora, que algún pegoste queda”.

M.C.

Acabaron con la navidad



No queda nada, nadita de nada. Aquí se celebra cuanta fiesta recorre el mundo, con las fiestas propias en su santo lugar. Por eso todo tiene que estar muy organizado. A finales de octubre tuvimos Halloween, una fiesta para niñitos de kindergarten, gringos nostálgicos y japoneses tontos, de esos que fueron a hacer un curso de inglés por seis meses en Seattle y regresaron enamorados de las bichas esas tan gordas, tan pálidas, tan desabridas, y ya no quieren saber de la oscura, pequeña, compacta y llena de vitamina D variedad local. En todos lados se cuecen caraotas.

Pasó la fiesta de las brujas y llegó el 15 de noviembre, fecha vernácula en la que los padres y abuelos, todos muy emperifollados y, si es posible, de kimono, visitan los templos para dar gracias por la salud de los chiquillos de 3, 5 y 7 años, y a pedir entereza y paciencia para criarlos, porque hasta aquí no ha sido llaga, sino peladura. Cumplida esta formalidad, nos invade el Meri Kurismasu y Rodolfo el reno: las calles, avenidas y grandes tiendas están decoradas hasta el exceso con pinos, luces y arbolitos, y la pizza la reparten unos muchachos flacos y desgarbados vestidos de rojo con un gorrito roji-blanco. Abrimos un pequeño paréntesis para recordar que el día del solsticio de invierno la tradición llama a comer (nada de adornar, escarbar o alumbrar) auyamas y a bañarse en agua de lima, familia del limón, no de Chabuca, vallito.html medidas ambas que nos ayudarán a llegar al nuevo año sin pasar por un resfriado. Cerramos paréntesis y seguimos con la navidad. Las pastelerías ofrecen suculentas tortas navideñas que no son más que la misma torta de toda la vida con un poquito más de crema blanca y una figurita del amigo Santa, que es como se conoce aquí al gordito. Los chamos y los comerciantes se confabulan para sacarle a los adultos reales en forma de regalos de navidad; los restaurantes y los hoteles apelan a la vieja historia de la Noche de Amor para venderle a las parejas establecidas, en ciernes o ad hoc un ventajoso paquete de cena romántica, habitación cálida y con buena vista, nutritivo desayuno en la cama y, por un módico recargo, un bello ramo de rosas rojas como la pasión que nos envuelve y arrastra.

Llega el 26 y venía una brisa que me la apagaba. Como por arte de magia (la magia de contratar mano de obra extra) estrellas, luces y pinos se transforman en mandarinas, bambú y pino. Todo mundo se faja a escribir las tarjetas de ¡Feliz Año!, que deben ser entregadas al correo a más tardar el 28 de diciembre para que sean repartidas el primero de enero; los volantes que ayer anunciaban tortas hoy ofrecen "osechi" la comida típica para el nuevo año compuesta de pescado, legumbres, vegetales, huevo y otros ingredientes, aderezados según el gusto y costumbre de cada región y que vienen muy ordenaditos en cajas rectangulares laqueadas. Hágase la idea de que es una hallaca pero sin revolver, aunque con la misma fuerza para despertar pasiones y propiciar desacuerdos gastronómicos, del tipo "el mejor osechi es el de la región de Tohoku" o "no hay osechi como el de mi mamá".

Un lugar y un tiempo para cada cosa, cada cosa en su tiempo y lugar: ¡Adiós Navidad! ¡Hola, Año Nuevo!… rapidito, eso si, porque tenemos en fila la celebración del fin del invierno.

Tuesday, January 13, 2009

Consumismo

“¡Fantásticas piernas! torneadas y con una piel impecable”. “Ha ganado unos kilos justo en el lugar adecuado”. “Un nuevo amor… ¿florecerá?” Con ustedes, duelo de titanes: Takanoumi contra Uminotaka.

Venezuela tiene a Alicia Machado y Bob Abreu, bellos y plebeyos. Inglaterra tiene a Carlos y Camilla, nobles pero más feos que vomitar mamón. Los EEmásUU tienen a Michael Jackson y a Paris Hilton, a cual más de los dos… ¿Japón? En Japón el público respeta demasiado a la familia imperial, la farándula no ofrece sobresaltos, y las dignas representantes de la mujer criolla no desfilan en traje de baño. Pero Japón tiene el Sumo. Arte, cofradía, negocio, alma nacional encarnada en un luchador mongol o hawaiano; misógino sin ser de machos; mente sana en un cuerpo que va en contra de todas las recomendaciones de sanidad; tradición llena de efímeras dinastías.

El sumo, al que sólo se entra se tiene la estatura adecuada y el talento, el espíritu y la capacidad de engordar 50, 70, 100 kilos para mostrarlos sin tapujos en interminables sesiones de entrenamiento físico, comidas desbordantes y siestas a deshora.

Dicen que los japoneses nunca hablan de política, de religión o del servicio doméstico. La primera es aburrida, la segunda es demasiado privada, y el último no existe. Como tema de conversación, con el sumo basta y sobra. Ejemplo más reciente es la sentida desaparición, hace pocos días del gran Futagoyama, cabeza de la familia Hanada, de donde han salido cuatro de los grandes rikishi de la última mitad del siglo pasado. Un funeral solemne, lleno de crisantemos, kimonos, carrozas e incienso y transmitido en cadena en los shows matiné para señoras desocupadas. Las susodichas no habían terminadode guardar los pañuelos cuando oían asombradas que los hermanos Hanada no se pueden ver el uno al otro, que están peleando por las cenizas de su amado padre y que hay un misterio con unas acciones a nombre del difunto que no aparecen por ningún lado. Ya la cosa desbordó los shows de farándula y pasó al noticiero de las 5:00 p.m, el que se ve antes de cenar. Ya en los foros virtuales se han definido bandos que se odian a muerte. Ya las revistas tienen ediciones especiales en la calle. Ya los tribunales se aprestan a bloquear acceso a la prensa. Como ustedes pueden ver, hay tema de conversación y razón de vivir hasta el Gran Torneo de julio, cuando la preocupación nacional será la última malacrianza de Asashoryu.